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Alexstrasza
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MensajeTema: Re: Dimensions   Sáb Dic 15 2018, 05:09

Ya habia pasado bastante tiempo desde que volví de mi aventura espacial. ¿Sabeis esa sensación horrible cuando uno vuelve a la rutina despues de unas vacaciones? Pues así me sentía yo cuando retomé mi dia a dia normal. Por un lado me gustaba estar de nuevo en casa, pero ahora todo me parecía aburrido. Las experiencias en Gehena habían sido alucinantes y no había nada en la Tierra que se pudiera comparar con el espectáculo que presenciamos.

Aunque los primeros dias fueron un poco mas amenos. Todo el mundo me preguntaba cosas acerca del viaje y yo me montaba mis historias, como si fuera un abuelete contando sus batallitas. Vale, es cierto que yo fui un mero espectador, pero los combates de heroes que vi fueron impresionantes, y a la gente le encantaba que se los describiera.

Evidentemente, esto no duró mucho. Con el tiempo los demás tambien pudieron permitirse viajar fuera de la Tierra, y los extraterrestres eran cada vez mas comunes de ver por las calles de nuestro planeta. Así que mi historia dejo de ser novedad. Era cuestión de tiempo.

Pero era lo que tocaba, tenia que volver a la rutina. Los dias pasaban sin demasiada novedad. Aunque claro, no podia evitar pensar de vez en cuando en todo lo que vi durante el viaje. Y aun le daba vueltas a las cosas raras que pasaron. Para empezar, me seguía rallando el tema del zorro amarillo. Tenía un aura muy extraña que me inquietaba. Y por supuesto, tambien estaba el lagarto que decia ser Xalcer. No parecia que mintiera, pero me sorprendía que la vida te pudiera dar un giro tan bestia.

El problema es que a veces me evadía pensando en estas cosas en un mal momento.

-¡Alejandro!

-¿Eh?

- Joder, centrate tio. Que te empanas y así no vamos a acabar esto en la vida.

- Vale, vale... perdona.

Malditos trabajitos de la facultad. No eran muy dificiles, pero me ocupaban la mayor parte del tiempo. Bueno, a mi y al resto de mi grupo. Ese día llevabamos ya 3 horas trabajando despues de clase. Historia de la Música no era una asignatura especialmente divertida y el cansancio no ayudaba. Aunque por lo menos, no era "macarronia".

No pasó mucho rato hasta que uno de mis compañeros, visiblemente agotado, se levantó.

- Mirad, yo creo que ya está bien por hoy. Propongo que cada uno siga con lo que pueda en su casa, porque ya estoy que no puedo mas y además tengo cosas mejores que hacer.

Por supuesto, todos asentimos. En realidad dijo lo que estabamos pensando todos. Así que nos pusimos a recoger nuestras cosas y a marcharnos. Pero justo cuando me disponía a salir por la puerta del aula, Jose, otro integrante del grupo, me paró para decirme algo.

-Oye, recuerda que tienes que buscar info del clasicismo para el trabajo. Y ya sabes que al profesor le gusta que saquemos las cosas de los libros de la biblioteca.

Yo ya estaba bastante cansado, así que le di una respuesta para quitarmelo de encima.

- Si, ya lo se. No hace falta que me digas como hacer las cosas.

- Bien, pues a ver que es lo que encuentras.

Dicho esto, el se fue por su lado y yo por el mio. Me molestaba un poco que estuviera todo el rato diciendo a los demas que hacer, pero bueno. De todas formas, tenía razón. Sería buena idea pasarme por la biblioteca de la facultad antes de salir y sacar algun libro del que extraer la información. Sin perder tiempo, me dirigí allí.

Era tarde y estaba a punto de cerrar, asi que no había mucha gente. De vez en cuando se podía ver a alguien leyendo algun libro en una mesa, pero aparte de eso todo estaba casi vacío. Fui directamente a la sección de música y me puse a buscar algo que me sirviera. Durante unos diez minutos, mi busqueda no dio mucho resultado. Los libros que había no se adaptaban a lo que necesitaba, ya fuera porque no hablaban del tema del trabajo o bien porque eran tan densos y tecnicos que no valia la pena intentar siquiera leerlos.

Casi me iba a dar por vencido cuando algo me llamó la atención. En una esquina (en la que juraría que ya había mirado) vislumbré el lomo de un libro que destacaba. Mientras los demas eran de colores grises y marrones apagados, este era de un color azul pastel. Era raro que algo tan llamativo se me hubiera pasado por alto. Fue por ello por lo que decidir cogerlo de la estantería para echarle un ojo. En la portada se podian ver diseños de nubes bastante infantiles, que junto al color azul del fondo parecía como si fuera un dibujo del cielo de un niño. Esto no cuadraba. ¿Que es lo que pintaba un libro que parecía salido de un guardería en una biblioteca universitaría? ¿Quíen lo había dejado ahí?

Pero mi desconcierto solo fue a mas cuando lei el nombre del libro. En letras mayusculas de diferentes colores, escritas imitando el estilo infantil, podía leerse un titulo que me provocó alarma y confusión:

"La gran enciclopedia del Dr. Wondertainment"
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Maximirusu Pauaa
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Gallo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Mar Dic 18 2018, 01:21

Pues una semanita en el hospital. Ya estuve el año pasado, y es un coñazo. Además de que aquí no tengo realmente amigos, dado que Trecim lleva escondiéndose desde la última vez que hablamos. Pero esas tres costillas rotas hay que vigilarlas. Así que aquí estoy, empijamado, mirando un poco la tele mientras espero a que pasen las horas. Me acompaña mi padre ahora.

-Papá:...Maximirusu, tenemos que hablar de lo que ha pasado.

Apago la tele y le miro.

-Yo:Ya sé lo que me vas a decir. "No puedes seguir haciendo esto.""Van a matarte.""En casa estarás seguro."

-Papá:No. Sé que en casa no estarás seguro, pero tampoco ahí fuera. Y sé que no podremos contenerte eternamente, pero no esto no puede volver a pasar. Ya van dos veces desde que volviste a casa en las que...-Guarda silencio durante unos instantes.-Tienes que prepararte.

-Yo:Ya lo intento.

-Papá:Blake dijo que te había encontrado a un maestro, ¿no? Que te enseñe.

-Yo:Pero lo que dijo antes mamá...

-Papá:Sé que no estará de acuerdo. A mi mismo no me hace gracia la idea. No quiero dejarte ir, hijo, pero tampoco quiero que te vayas definitivamente. Tienes que prepararte. Tienes que estar listo para lo que pueda pasar. Si te atacan más como esos, tienes que saber defendenter.

-Yo:Si de ahora en adelante me atacan miembros de la Hermandad como esos tres estaré agradecido. Blake me ha contado cosas que pueden hacer. Hasta donde alcanza su poder, y el peligro que suponen. Si son tres locos como los de antes, podré apañármelas.

Bostezo. Los analgésicos empiezan a hacer efecto, por lo que no tardo en quedar dormido.

________________________________________________

La voz de Blake es la que me despierta, acompañada por la azorada voz de mi madre. Están fuera, discutiendo. Ella intenta convencerle de que debo quedarme en casa, seguro, sin ningún peligro a la vista. Blake no cesa en su intento de exponer la situación y la realidad a la que me va a tocar enfrentarme. Más gritos. No paran, pero tampoco el hecho de que no voy a quedarme encerrado en mi cuarto, donde lo máximo que puedo hacer es ser un señuelo para la Hermandad. Hago que la puerta se abra, haciendo que los demás me vean. Es entonces cuando la discusión se traslada a mi cuarto, seguida de lágrimas, reproches por parte de los progenitores y más gritos.

-Blake: Podemos seguir así todo lo que quieras, Viann, pero los hechos son los hechos. Maximirusu es un caomante y, como tal, desprende un aura que, hasta que no aprenda a controlar, atraerá a gente que no querrá mimarle precisamente. Tiene que entrenarse. Tiene que aprender a controlar sus habilidades, para que pueda vivir todo lo tranquilo que pueda. -Toma asiento.- Llegará a ser poderoso. Un maestro del caos. Un señor del mismo. Lo suficientemente poderoso como para poder proteger Deia de un asalto. Tan grande que ningún nieto que tengáis tendrá que preocuparse por su seguridad. Y vivirá feliz, pero esto no pasará a menos que me dejéis...No. Que le dejéis recibir la educación que merece. Vivirá aquí por temporadas hasta que esté listo. Tendrá una gran tutora. Alguien que le guiará en la duda. Verá decenas de planetas, y lo que vea le hará tener una visión de la vida que le convertirá en mejor persona. Será benévolo, piadoso y justo. Pero solo llegará a eso si le dejáis vivir su vida.

Ríos de lágrimas ruedan por las mejillas de mis padres.

-Mamá:Pe...Pero mi Max...Mi pequeño acaba de volver y...No puede ser verdad.

Se pone a mi lado y me coge las manos.

-Mamá:No me dejes. Maximirusu, no me dejes. Me he perdido tu niñez. Tu adolescencia. P-Por favor, hijo. No quiero perderme el resto de tu vida.

Noto como lágrimas calientes me resbalan sobre las marcas del caos.

-Yo:Me gusta Bimbpep. El olor de sus calles. Ver a daime'é por las calles, haciendo sus vidas. La música de los pájaros. La comida. Adoro ver que tengo una familia que me quiere, a pesar de la lejanía y el tiempo. -Separo mis manos de las de mi madre.- Es por eso que sé que me dejarás ir. Tu amor ya me protegió una vez. Ahora dejará que aprenda a protegerme solo.

Agacha la cabeza. Lágrimas caen al suelo. Se lanza a mis brazos y me abraza, lo que hace que mis costillas crujan.

-Mamá:No te olvides de nosotros, Maximirusu.

Apoyo mi cabeza en su hombro.

-Yo:Vamos, podré volver aquí de vez en cuando. Y todavía nos quedan unos días en el hospital.

Sigue así hasta que, pasado un minuto, mi padre la separa de mi.

-Papá:Blake...ejem...Blake quería hablar contigo. Estaremos esperando fuera.

Salen de la habitación, tras lo cual Blake coge una silla y la pone junto a mi cama.

-Blake: La Hermandad, ¿eh?

-Yo:Tres locos. Y menos mal. -Me pongo la mano en el costado.- La culpa es mía. Tendría que haber esperado más.

-Blake: No tienes la culpa de que quieran privarte de libertad, Maximirusu. Ni la Hermandad suele usar métodos así.

-Yo:Las consecuencias de darle carta blanca a humanos, imagino. Oah, que misántropo me ha sonado.

Ninguno de los dos dice nada durante unos segundos.

-Blake: Mi maestro quiere hablar contigo en cuanto estés recuperado, Maximirusu. Quiere ponerte en contacto con quien va a enseñarte.

-Yo:¿La conoces?

-Blake: No. Pero, según mi maestro, parece que mostró interés tras enterarse de tu existencia. Supongo que averiguaremos más una vez te recuperes. -Se pone en pie y me da un par de toques en la mano.- Tómatelo con calma, que cuando estés listo vas a tener que entrenar duro. Me gustaría que empezases a aprender alguna Yga y a alterar algo más que piedras y hojas, pero eso ya dependerá de ella.

Abre el aire, pero le detengo antes de que te vayas.

-Yo:Ha pasado algo, ¿verdad?

-Blake: ...Sí.

Sin más palabras, cruza el portal de vuelta a casa.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Lun Dic 24 2018, 21:43

Lo veo todo borroso, dando vueltas, como si estuviera mareado. Me hallo inerte en el suelo encharcado, expectante. Aterrado. Con esfuerzo, logro vislumbrar una figura retorciéndose en el rojo, alejada a varios metros de mí. Es pequeña y parece tener varias patas. Cinco consigo contar. A medida que paso el tiempo enfocándome únicamente en esa silueta inquieta, más recupero la vista. Finalmente, llega el punto en el que consigo verla bien. Es una mano. Manchada de rojo, sin dueño, pero viva y haciendo movimientos erráticos. De pronto, una fuerza ajena a mí me pone boca arriba, haciéndome mirar hacia el techo. Tengo contacto visual con ese monstruo que emergió del lago rojo. Un enorme y escalofriante… ¿chiguagua?

Despierto de un sobresalto, con la respiración agitada y lágrimas recorriéndome las mejillas. Tardo varios minutos en calmarme y desperezarme para poder comprobar que me hallo en una cama, dentro de un cuarto vacío en el que predomina un color verde metálico. Voy a levantarme de la cama, pero me llevó un gran susto al momento de intentar apoyar mi mano derecha. Es una sensación muy extraña. Cuando me decido a levantar el brazo para examinarlo mejor, me da un vuelco en el corazón. No hay mano. Sólo un muñón cubierto por una especie de plástico. Mi respiración vuelve a agitarse. Mi corazón vuelve a latir muy deprisa. Mi cabeza se llena de “No está”. Siento que me ahogo. Caigo desmayado.

Vuelvo a abrir los ojos una vez más. ¿Por cuántas veces más debo pasar por lo mismo? Pero esta vez hay algo diferente.

-Saludos, joven- me dice una voz en mi cabeza antes de que termine de ser consciente de mi situación. Miro hacia la derecha, encontrándome a una criatura que apenas alcanza el metro de altura, con grandes semejanzas a un perezoso terrícola, el cual se sostiene sobre dos patas traseras y tiene la espalda encorvada. Viste una túnica verde que llega hasta el suelo y porta un bastón que tiene incrustado una gema brillante y verde-. No te alarmes, no te haré ningún daño.

-Yo: ¿Quié…?- apenas me salen las palabras-.

-Perezoso: Permíteme presentarme. Soy Lariard, el último Maestro de Luz. Me encantaría decir que esperaba que descansaras bien, pero sé que tus sueños han sido… inquietos- le echo una pequeña mirada a mi brazo derecho, pero sin llegar a verlo por completo-. Siento mucho lo que te ha pasado, muchacho. De verdad te lo digo. Pero tienes que saber que, en momentos como estos, es cuando más puede brillar una vida. Has sufrido una pérdida importante, pero te puedo asegurar que has ganado una gran oportunidad al haber llegado hasta aquí.

-Yo: … ¿Dónde es “aquí”?

-Lariard: Estás en el planeta Greon. Siendo más concretos, en la Central de los Guardas de Luz.

La “Central”. Sí, he oído varias veces esa palabra de Michelangelo, a lo que me lleva a la siguiente pregunta.

-Yo: ¿Dónde está Michelangelo?

-Lariard: ¿La “tortuga” de la Tierra? No ha venido en mucho tiempo. Llegaste solo- eso último me sorprende-.

-Yo: ¿Cómo?

-Lariard: Todo aquel que porte un Anillo de Luz por primera vez, es llevado hasta aquí. No importa la distancia ni en la situación en la que se encontrara el portador- “estoy solo”, pienso pesimista, ¿y en qué momento me puse uno de esos anillos?-. No te desanimes. Desconozco las circunstancias que te llevaron a usar un Anillo, pero, como te he dicho, estás a las puertas de la mayor oportunidad de tu vida.

-Yo: ¿Oportunidad?

-Lariard: No estés ansioso. Céntrate primero en recuperarte. En cuanto encuentres fuerzas, ven a verme a la Sala de Conferencias.

Con esto dicho, se desvanece delante de mis ojos, lo que me deja estos abiertos como platos. Me dejo caer en la almohada de la cama y miro el techo.

Tras unas pocas horas de sueño, finalmente decido levantarme. Me aventuro y salgo del cuarto, encontrándome con un frío pasillo. Otro detalle que advierto es que todo parece estar cubierto por una fina capa de polvo, como si ya hubiera pasado su tiempo desde que alguien se encargara de limpiar el lugar. Giro hacia la derecha y empiezo a caminar.

-Lariard: Ah, veo que estás mejor- oigo en mi cabeza-. Sigue adelante, estás en el buen camino-.

Aún con dudas, sigo las indicaciones de la voz anciana y amable que proyecta el Maestro en mi mente. Así llego a una enorme sala, decorada con estatuas en las paredes, un tanto sucias, de probablemente héroes que una vez estuvieron en aquel mismo sitio. En el centro se halla una gran mesa, donde hay depositada lo que parece ser comida. Me rugen las tripas, pero lo que capta mi atención es Lariard. Más bien, el tamaño que tiene. Sentado en uno de los tronos que se encuentran en el fondo de la sala, el “hombre-perezoso” mide alrededor de 6 metros, lo que me convence que el Lariard que había visto con anterioridad no era más que un holograma muy bien hecho.

-Yo: Ah…

-Lariard: Entiendo bien que te intimide, pero confía en mí, estás a salvo. Come un poco y hablaremos. Debes de estar famélico.

Me acerco a la mesa y observo los platos. Estos consisten en una sopa y lonchas cortadas de carne. Una comida sencilla para lo que sugiere un mueble tan grande. Me siento en la silla que está enfrente. La verdad es que huele bien. No puedo evitar la tentación de coger una cuchara que tenía al lado y metérmela en la boca tras recoger un poco de sopa con ella.

-Lariard: Puedes estar tranquilo, he hecho mi propia investigación para averiguar qué podías comer de lo que queda en la despensa- voy comiendo con más confianza-. Te pido disculpas por el desorden y la presentación. Antes éramos muchos más, ¿sabes?

-Yo: ¿Qué pasó?- pregunto tras tragar el trozo de carne que estaba masticando-.

-Lariard: Verás, los Guardas de Luz somos protectores jurados y ofrecemos nuestra ayuda a muchos mundos. Siempre poníamos la seguridad de los demás por encima de la nuestra y llevábamos con nosotros un mensaje de paz y justicia. Pero un día, un gran número de estos planetas, liderados por una organización llamada “Órbita”, se opusieron a que siguiéramos protegiéndoles, alegando que nosotros les habíamos “impuesto” nuestra protección, que no la necesitaban, que no teníamos derecho a intervenir en sus días. No todos los mundos que protegíamos estaban bajo la bandera de Órbita, por supuesto, y podríamos haber continuado nuestra labor, pero, por desgracia, aquella primera negativa nos llevó a cuestionarnos entre nosotros. Esta tormenta de dudas terminó con la disolución de los Guardas de Luz. Y todos se marcharon. Todos menos yo.

-Yo: … ¿Somos los únicos que estamos aquí?

-Lariard: Me temo que así es, por eso habrás encontrado el lugar tan descuidado. Tengo poderes que me facilitan el día a día, pero no daría a basto para transformar esta reliquia de lo que fue una vez. Pero tú, jovencito, puedes cambiar esta terrible situación.

-Yo: … ¿Cómo?- me da miedo a preguntar-.

-Lariard: Eres el primero en mucho tiempo que llega a la Central tras ponerse un Anillo de Luz. Si me ayudas, pronto serán más. Y así, de nuevo, los Guardas de Luz recuperaremos la gloria. Y reinará la... paz.

-Yo: ¿Qué? ¡No! Yo tengo que volver a casa. No debería estar aquí.

-Lariard: Tonterías, chico. Puedo verlo en esos ojos soñadores tuyos. Eres alguien que espera una vida mucho mejor, una vida que le sepa llenar. Y esa vida es la que te ofrezco- se acerca flotando hacia mí un anillo muy parecido al que lleva Michelangelo, si no es el mismo-. Éste es el mismo anillo que te trajo. Adelante, reclama lo que es tuyo- un pitido retumba en mi cabeza. Hay algo que no está bien y a lo mejor mi subconsciente trata de advertirme-. Entiendo. No es algo que decidas inmediatamente- deja de insistir tras unos largos segundos de indecisión por mi parte-. Puedes pensarlo- el anillo se retira-. Después de todo, la libertad es uno los derechos que siempre tratamos de proteger. Lo guardaré junto a tus pertenencias.

-Yo: ¿Pertenencias?

-Lariard: Oh, sí, viniste cargado, no solamente con el anillo. Déjame guiarte.

Una bola de luz verde se forma encima de mi cabeza y empieza a revolotear por la sala. Yo ya había terminado de comer, así que me levanto y empiezo a seguir el orbe luminoso. Éste me lleva a través de los pasillos hasta llegar delante de una puerta. La luz se queda flotando quieta en la misma posición, como si esperara a que abriera yo. Es lo que termino haciendo, pero con lentitud y estando en alerta. Lo que me encuentro es un pequeño cuarto, básicamente un trastero, en el que me llevo la sorpresa de ver el exo-traje de la utrom llamada Ma’Riagg.

-Yo: ¿Ma’Riagg?- no responde, lo que confirma mis sospechas de que no hay piloto-.

Me acerco al cuerpo y, una vez más, me quedo maravillado de lo que se parece a un cuerpo humano real. Si no fuera porque le falta la cara, si no supiera que sirve para acosar a gente como yo sin delatar su verdadera naturaleza, ahora mismo estaría muy inquieto, creyendo que veo un cadáver. Y a pesar de todo eso, me incomoda el pensamiento de examinarla en busca de pistas. Lo primero que hago es sentarme al lado. Sujeto la cabeza y miro los ojos en un rostro robótico, como si esperara ver un atisbo de vida. Sin embargo, lo que logro ver es un destello. Me aparto rápidamente, dejando paso a un holograma que se forma encima del exo-traje. En él, puedo verme a mí mismo, derribado en un suelo encharcado.
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Maximirusu Pauaa
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Gallo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Vie Dic 28 2018, 00:19

Estamos en el cuarto día de ingreso. Me paso casi todo el día medio aletargado por culpa de los calmantes, por lo que tardo un poco en reaccionar cuando Deveios, Dareka y Zekkan están en el dormitorio, abrigados hasta los ojos. El segundo lleva un dispositivo en la mano que, posiblemente, le ayudará a que nos entendamos.

-Yo:Ah. Hey, chicos.

-Deveios:Nos han contado lo que te pasó al volver a la Tierra. ¿Cómo estás?

-Yo:Bueno, tu sabes. Tres costillas rotas, un traumatismo leve en la cabeza y calmantes hasta los ojos, así que nada mal. Ayer vino a visitarme un conocido y su novia. Estaban metidos en un embrollo, pero parece que gracias a la base van a poder solucionarlo. Mañana parte allí, de hecho. ¿Sabéis que hay gente que trabaja allí y no usa caos? Y hablando de Caos...

-Dareka: Ya sé, ya sé. Dehena le manda saludos. No pudo venir por...-Hace un gesto, señalando el cuarto-razones obvias. De los demás no sé, aunque ese maloso de Gyu no creo que viniese.

Me incorporo pesadamente.

-Yo:¿Quién os ha traído?

-Zekkan:Ese tal Kyuremu. Parecía bastante consternado por lo de los asesinatos.

El corazón me da un vuelco. Eso es lo que ha pasado.

-Yo:¿Qué asesinatos?

-Zekkan:Se han encontrado e identificado cuatro cadáveres de caomantes. Por las señales, parece que a mano de la Hermandad.

-Deveios:¿Y de quién si no?Se encontraron fragmentos de ese mineral que evita que usemos nuestros poderes.

-Zekkan:Ha causado un gran revuelo, ciertamente. Parece ser que hacía bastante que la Hermandad no atacaba a caomantes ya desarrollados de manera tan evidente. Posiblemente se deba al avance de Órbita, pero es algo pronto para sacar conclusiones.

Nos quedamos en silencio.

-Deveios:Así que...Deia.

-Yo:Sssssep. Imagino que no habéis podido ver nada.

-Zekkan:Nos dejaron directamente aquí. Nos preocupamos un poco al ver que no reaccionabas.

-Yo:Sí, bueno, ya sabéis. Calmantes, el día se hace eterno y uno se pierde en sus pensamientos...Pero bueno. Quizás ahora no sea conveniente que no os vea nadie. Órbita ha llegado aquí hace unos días, y ya sabéis como se pone la gente con la llegada de aliens. Sería raro que vieran a un pobre daime'é, al cual han dado una paliza, rodeado de tres ellos.

-Dareka:No se preocupe. Ya me acostumbré a que me miren con temor.

-Yo:Lo siento.

-Dareka:Es normal.

Otro silencio. Los médicos están pasando por las habitaciones, haciendo su ronda habitual.

-Deveios:Oye, nos hemos enterado de que ya tienes maestra.

-Yo:Eso parece, pero no la conozco.

-Zekkan:Es una experta en Xilliox y Vizr al parecer.

Resoplo airado.

-Yo:No puedo con este hombre. Otra cosa más que a Blake se le ha olvidado explicarme. No sé ni cómo se acuerda muchas veces de venir a verme.

-Zekkan:No me extraña. Según me contó Bi-ank'a, quien me llevó a la Tierra en su momento, ha estado tratando con Órbita para tratar de eliminar un cierto problema que tenéis aquí en tu ciudad.

Doy gracias a que no se me vean los colores, pues me he sonrojado de la vergüenza.

-Yo:...¿Qué es eso de Xilliox y Vizr?

Los médicos cada vez se acercan más.

-Zekkan:Ramas de conocimiento creadas por los caomantes. Son esotéricas esas dos al parecer. No estoy muy enterado al respecto, dado que mi maestro no me ha contado nada. Es normal, dado que ayer fue nuestro primer encuentro.

-Yo:¿Todos tenéis ya uno?

-Zekkan:Ies, Aajax y Gyu no.

-Yo:La...¿diablesa y la rarita?

Deveios sonríe.

-Deveios:A ti también te lo pareció, ¿eh?

Están a solo dos habitaciones.

-Yo:Os agradezco la visita, chicos. De verdad. Pero tenéis que iros. No los habréis olido, pero los médicos están ya están al lado. Si os ven...

-Dareka:No se alarme.

Pulsan un botón del dispositivo. A los pocos segundos, Kyuremu se presenta en la sala.

-Kyuremu:Te veo bien, Max.

-Yo:Ja, ja. -Me lo quedo mirando un momento, mientras abre el portal.- Dale las gracias a Blake de mi parte, por favor.

Asiente con solemnidad. Tras despedirse, los cuatro abandonan la sala. Me da tiempo a tumbarme antes de que entre el médico a pasar revista. Tres días más y la libertad estará al alcance de mi mano.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Jue Ene 03 2019, 23:30

Me veo a mí mismo, retorciéndome de dolor en un charco de esa salsa roja, con mi brazo recientemente cercenado. La vista de esta “grabación” se alza y se encuentra con la mirada perdida de una bestia con forma de perro, empapado en esa sustancia maldita.

-¡MICHELANGELO!- grita una voz desde el fondo de la sala-.

Se ve a lo lejos a dos individuos en una de las entradas a la sala. Uno es un hombre sin piernas y un brazo, quien va en una silla de ruedas llevada por otro, un joven de aspecto poco destacable más allá de la piel gris que comparte con los habitantes de esa ciudad.

-Dra. Apothek: ¿Qué?- pregunta sorprendida- ¡¿Qué haces aquí?!

-¡Michelangelo, dame el artefacto, deprisa!

La tortuga cruza la pantalla holográfica con un vuelo veloz. La grabación le sigue y ve cómo el Guarda toma la salsera con el poder de su anillo.

-Dra. Apothek: ¿Qué piensas hacer?- pregunta la doctora con una mirada desquiciada- ¡Es muy tarde! ¡Es demasiado tarde! ¡Los Primogenitos vendrán y nos bañarán a todos en la gloriosa Salsa! ¡Seremos uno con ellos!

-No, tengo otros planes en mente- responde seguro el hombre en silla de ruedas, al momento de recibir la salsera por parte de su ex-compañero de trabajo-. Heffler- mira al joven que tiene detrás y éste le entrega la hoja arrancada de algún libro. A continuación, vierte en ella una gota de salsa que había manchado el “artefacto”-.

-Dra. Apothek: Espera… ¿de dónde…?

A continuación, el inválido comienza a recitar unas palabras, pero entre que lo hace estando lejos y no alza la voz para hacerse escuchar más, no logro oír lo que dice de la grabación. Entonces algo más pasa, consecuencia del hechizo que acaba de conjurar sin lugar a dudas. La atención vuelve a dirigirse hacia la criatura que había surgido de la sustancia roja. Éste tiembla, se deshace y sus restos viajan hacia la pareja de intrusos.

-Sí. ¡Sí, sí, SÍ!- dice entusiasmado el inválido mientras, lo que fue una vez el llamado “Primogénito”, es engullido por la salsera cual genio por una lámpara mágica, volviendo a ésta completamente roja-. Aaah… Puedo sentirlo-.

-Dra. Apothek: ¡NO!- se levanta y corre desesperada hacia los recién llegados-.

Es entonces cuando la “cámara” que está grabando todo aquello se alza, pero no se aparta del camino de la alocada médica.

-Ma’Riagg: De licenciada a licenciada, doctora- arremete una patada que manda a volar unos pocos metros a la mujer-. Cállese. Uh, espero que esa frase haya quedado grabada- dice con esperanzas en un susurro-.

A continuación, el foco de atención vuelve a estar en la tortuga brillante y voladora.

-Beggar: Heffler me ayudó a investigar y a aprender lo que necesitaba para usar el plan de Apothek en su contra. Ahora tenemos este poder, un poder terrible, de acuerdo, pero que podemos darle un buen propósito si me ayudas, viejo amigo- hay una pausa, como si esperara a que alguien contestara-. En el ataque de ese… ese monstruo, me di cuenta de una verdad “incómoda”; los Guardas de Luz no son suficientes. Esto sí podría serlo- señala a la salsera que tiene entre manos-. O al menos nos ayudará a mejorar- otra pausa-. No, no espero que lo hagan y no necesito su aprobación. NADIE necesita su aprobación. Perdieron toda autoridad sobre nosotros en el momento en el que nos abandonaron a nuestra suerte.

En este punto entiendo que está teniendo una conversación. Luego caigo en que Michelangelo se comunica con telepatía, de ahí que su voz de Bruce Willis no fuera recogida en la grabación.

-Beggar: Nos han fallado igualmente, tanto si era su intención como si no- una pausa silenciosa más-. ¡Ellos ya nos han dejado a nosotros! Michelangelo, sé muy bien lo que te esfuerzas, más que cualquiera de nosotros, me atrevería a decir, pero desperdicias tu empeño en quienes no les importas. Quieres demostrar algo, eso puedo verlo, pero así, como eres ahora, no llegarás a ninguna parte. Por favor, déjame mostrarte hasta dónde podemos llegar juntos. Lucha con una fuerza que hemos ganado con nuestro propio esfuerzo y no con otra que nos han impuesto.

Hay un silencio. Los presentes esperan una respuesta por parte del reptil, pero éste se piensa bien lo siguiente que va a decir. Se gira y me mira. Bueno, más bien al “yo” que se halla todavía en el suelo. Mi mano parece haber sido tratada para entonces, con el mismo plástico que ahora envuelve el muñón que me habían dejado. Sospecho que fue cosa de Ma’Riagg, mientras grababa todo lo que pasada. Michelangelo desciende hasta colocarse en el suelo. Entonces, su anillo verde se resbala de su pata, provocando que la capa de luz que siempre cubre a la tortuga se desvanezca, junto a su traje de Guarda.

-Beggar: Te prometo que pronto verás que has escogido la mejor opción.

El estudiante en prácticas, Heffler, recoge a la mascota familiar. A su vez, Ma’Riagg coge el anillo y lo lleva hasta mí.

-Dra. Apothek: ¡No vais a saliros con la vuestra!- proclama la doctora una vez ha recobrado el sentido y puesto en pie-. ¡Los herejes serán castigados!

Más que una amenaza, es una orden, pues un montón de personas, quienes llevan uniformes de Happy Smile, aparecen por las entradas a la sala y se disponen a capturar a los enemigos de su culto. En ese momento, la utrom coloca el anillo en uno de los dedos de mi mano izquierda. En seguida éste empieza a brillar con intensidad, lo que hace que los siguientes minutos de grabación sean de un completo verde pálido. Y hasta ahí llegaría, pues el holograma se deshace.

Me quedo sumido en mis pensamientos, sin pronunciar palabra, atando los cabos sueltos en mi cabeza. Michelangelo me había abandonado y Ma’Riagg se había quedado a mi lado. Me cago en la ironía hasta que recuerdo que no tengo ni idea de dónde está la utrom ahora. Algo le habrá pasado, pues siempre va montada en ese cuerpo falso e inerte que ahora tengo delante. Aunque más o menos pensaba lo mismo sobre Michelangelo y el anillo. Y ahí está, siendo ofrecido por ese perezoso gigante para que me convierta en uno de sus Guardas de Luz. Quiero irme a casa. ¿Es tanto pedir?

De repente, el vientre del cuerpo artificial se abre, saliendo disparado de él varios objetos que ya he visto anteriormente; mi bandolera, la pistola con aspecto de juguete de Tinky Winky y el libro que la Dra. Apothek utilizaba para conjurar sus hechizos. Estos objetos caen al suelo y yo me cubro con mis brazos para protegerme, o al menos amortiguar, del impacto de cualquier cosa que me caiga encima. Una vez compruebo que nada me ha golpeado, observo lo que acaba de ser expulsado del exo-traje. Me acerco primero al mismo libro que me sometió una vez, lo cojo entre mis manos y lo abro. Todo en blanco. Luego me dirijo a mi bandolera azul y compruebo mis pertenencias. Aquí sigo teniendo mi teléfono móvil, mi cartera, el llavero, la toalla que extrañamente cabe sin reventar el bolso y… un colgante. No tardo en recordar quién me lo había entregado. “Si alguna vez necesitáis decirme algo, sólo tenéis que pulsar el botón de la parte de atrás”. Compruebo que es cierto al darle la vuelta el medallón. Veo en este extraño objeto, aunque sumamente conveniente, una salida. O una nueva forma de meterme en más problemas.
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Dom Ene 06 2019, 00:46

Sexto día. Y es de noche, así que no puedo estar más nervioso. ¡Mañana por fin salgo de aquí! Como es normal, el entusiasmo me está haciendo un poco imposible conciliar el sueño. Mi madre se ha quedado esta noche a hacerme compañía, pero no ha podido resistirse a las garras de Morfeo o, como se llama el Kehafka del sueño, Iluruk. Doy gracias a que los daime'é no hacemos ruido, pues me tropiezo al bajar de la cama por primera vez desde que ingresé. No han querido arriesgarse. Haciendo uso del caos, salgo de la habitación, evitando así hacer más ruido del necesario. El pasillo está tenuamente iluminado con luces cada pocos metros, las cuales solo ayudan a proyectar siniestras sombras que se sumergen en la lejana oscuridad casi infinita, aunque también es verdad que no necesitamos mucho más. No se escuchan voces en la planta, y es solo el leve chirrido de las ruedas del portagoteros que llevo en la mano lo que perturba la quietud nocturna. Una tos seca ocasional se une a mi paso lento tras tantos días sin apenas usar las piernas. Tomo el ascensor y, tras llegar a la planta baja, hago un alto en el camino, ahora con una botella de agua como única compañía. A diferencia de lo que ocurre en la Tierra, la vigilancia nocturna no prohibe a los enfermos danzar por el hospital a estas horas, posiblemente por el paso sigiloso.

-Yo:La última noche antes de volver a clase. Y con "Erasmus" en la base además. -Me froto las costillas, ahora en mucho mejor estado que hace unos días. Miro a la mascota de la marca de agua: un opit(lo que vendrían a ser los gatos de Deia) animado.- Estoy empezando a cansarme de tanta mudanza, ¿sabes? Cuando empiezo a acostumbrarme a un sitio, ¡tracatá! Nuevo cambio. Nueva casa.
"Pero Maximirusu, podrás venir a Deia cuando quieras. Y fuiste tu el que accedió a venir a la base a que te entrenaran."
Sí, Blake. Pero porque no me queda otra. Ya te lo dije en su momento antes de...Antes de dejar de ser humano. Solo quería seguir con mi vida. Una vida tranquila.


Me quedo mirando a la mascota hasta que decido arrancar la etiqueta y tirarla a la basura. Sigo allí un rato, disfrutando de la quietud nocturna. Al poco entra personal de Órbita en el edificio. Aún reticentes con ellos, los recepcionistas les señalan mi zona, donde podrán esperar hasta que el directivo a cargo a estas horas pueda atenderles. Una de las voces de los recién llegados me suena. Es la de una mujer que empieza a estar entrada en años, aunque todavía conserva su vigor. Alzo la vista. Pelo corto que comienza a ser cano. Ojos avellanados y acunados por incipientes arrugas. Lleva una camiseta naranja fosforescente, con una banda media gris y otra negra. Sus pantalones siguen el mismo patrón. Como sus compañeros, lleva un petate a la espalda. Se sorprende al verme. Cuando hago el amago por levantarme, me indica que me quede sentado. Pide un momento a sus compañeros y viene a verme.

-Yo:Buenas noches.

-Mujer:Eres el de aquella vez, ¿no?

Asiento.

-Mujer:Sí, te he reconocido por...-Hace un gesto, imitando con él las marcas de mi cara.

-Yo:Ah, sí. Claro. Disculpe lo de aquella vez. He de admitir que lo recuerdo regular, y que estaba pasando por un momento bastante malo, pero hice bastante el ridículo. Siento haberla hecho pasar por ese apuro.

-Marta:No te preocupes, hijo. Pero intenta no pasarte bebiendo. Y menos delante de una médica -Suelta una risita.- Soy la doctora Salas, pero puedes llamarme Marta si quieres.

-Yo:Maximirusu Pauaa. Encantado.

Me ofrece la mano. Sonrío a la vez que se la estrecho.

-Yo:Le recomiendo no hacer eso cuando conozca al encargado. En Pallex(este país), dar la mano es un símbolo de pésame. Cuidado con el choque cultural.

-Marta:Lo tendré en cuenta. ¿Qué te ha pasado?

-Yo:Oh, bueno. Un pequeño accidente en las escaleras, ya sabe. Tres costillas rotas, pero ya estoy bastante mejor. Mañana me dan el alta, de hecho. ¿Y usted, Marta? Sus compañeros con olor a pólvora puedo llegar a entenderlo, pero dudo que usted y la que huele a etanol puedan ayudarnos a los daime'é más allá de un rasguño.

-Marta:Somos parte del rotatorio con tu planeta. La acogida a Órbita parece haber sido bastante buena por parte de tu planeta, por lo que no van a tardar mucho en venir humanos de visita a Deia. Somos los terceros en llegar. Por lo que pueda surgir, claro. ¿No has visto a los otros?

-Yo:No me dejaban salir de la habitación por precaución, no fuera a pasarme algo...¿Y cómo vais a comunicaros con los daime'é?

Llama a sus compañeros.

-Marta:Jonah -Uno de sus compañeros, de piel morena, asiente.- es miembro de Órbita desde hace tiempo. Va a ser nuestro intérprete, dado que lleva estudiando tu idioma desde hace bastante tiempo.

Uno de los recepcionistas se nos acerca para informarnos de que el encargado está listo para recibirles, y que la directora no tardará en llegar. En esto, mi madre se acerca, algo azorada.

-Mamá:¡Maximirusu!¡¿Qué haces bajando solo?!

-Yo:Me apetecía dar una vuelta y, como te vi tan profundamente dormida, no quise despertarte. Y antes de que digas nada, recuerda lo que dijo el doctor.

-Mamá(sentándose a mi lado tras besarme la cabeza):...No me pegues esos sustos, hijo

Le presento a la recién llegada a la doctora, actuando nuevamente como intérprete.

-Marta:Bueno, pues...Misheg...M-sae...

-Yo:Max.

-Marta:Max. Nos vemos por aquí. O no.

Me da una palmada en el hombro. Cuando se están alejando, noto como me llega un olor conocido a la nariz. Cierro los ojos e intento poner en práctica algo que llevo ensayando desde que me ingresaron:detectar a personas no solo por eso, sino por su esencia. En algo tenía que entretenerme. Y no me gusta lo que detecto. Olor a sudor seco, con matices a sangre y colonia con aroma a hieru. Huele también a metal. El alma que la acompaña es inequívocamente de alguien que conozco. Y no va sola. Un latigazo de dolor de las costillas recorre mi cuerpo cuando me pongo en tensión.

-Mamá:¿Maximirusu?

-Yo:Mamá, ayúdame a levantarme.

La doctora está lo suficientemente cerca todavía, y nada me asegura que no vaya a verme, pero otra no queda. Me concentro en las puertas del centro. Poco a poco, estas van cobrando una apariencia más consistente y metálica.

-Yo:¡MARTA! -La doctora y sus acompañantes se acercan a toda prisa. Pongo una mano en el hombro de uno de los policías.- No sé si les han dicho el problema que tenemos en Bimbpep, pero Órbita se está encargando de eliminarlo. Drogas. Y eso no está haciendo gracia a ciertas personas. Ciertas personas que están fuera. Creo que he conseguido ganar algunos minutos, pero no sé si valdrá para retener a los 7 que hay fuera. Sé que acaban de llegar, pero...

Escuchamos gritos fuera. "¿Dónde están esos humanos?""¡PUTOS CABRONES ROSA!". Un par de disparos suena, y el olor a sangre llega a los daime'é que estamos allí. Los humanos no entienden lo que dicen, pero el tono, los disparos y golpes hacen que saquen las armas de las fundas.

-Recepcionista 1:¡No tenemos línea!

La luz del edificio se va.

-Mamá:Necesitamos a Blake, hijo.

-Yo::Yo no...no puedo avisarle, mamá. Mis cosas están arriba.

Se me enciende la bombilla.

-Yo:Marta, acérquese. Usted también. Mamá, voy a crear un portal a mi cuarto. Mi móvil está en el cajón junto a la cama. La contraseña es 252252. Avisa a Blake. No voy a poder volver a hacer esto hasta que descanse, así que necesito que esté atenta. -Hago una señal a los recepcionistas para que se acerquen. La puerta está empezando a mostrar serias abolladuras.- Y no le digan a nadie esto.

Miro a la enfermera.

-Yo:¿Puede quitarme la vía?

-Enfermera:E...Es peligroso. No conozco vu-

-Yo:No somos tan diferentes de los humanos. ¿Puede?

-Enfermera:S-sí...

Genero un portal a mi cuarto, el cual provoca una exclamación ahogada en los humanos y los recepcionistas. La enfermera desenrrolla su petate y coge unas gasas. Mi brazo no tarda en estar libre.

-Mamá:¡Maximirusu, vamos!

Las piernas me tiemblan. Mi esfínter vacila durante un momento, y noto como los pantalones de mi pijama se mojan.

-Yo:Es...Es mi primera prueba, mamá. Posiblemente yo haya sido quien haya hecho que Órbita de el paso para que Deia entre en su círculo. Quizás no haya sido yo...Pero... -Trago saliva.- Los refuerzos no van a llegar. Y si Blake no llega, esos de ahí fuera van a entrar.

Una bala atraviesa la chapa. Hago que se cierre, a lo que escucho una exclamación quejosa en el exterior.

-Yo:T-Tengo miedo. Pero tengo que ayudarles. Ellos...Ellos también son mi gente, mamá. Y el resto de pacientes también. -Otro disparo. Este ha pasado muy cerca.- D-Date prisa...

Me abraza con fuerza y, tras un beso, arrastra a la doctora y a la enfermera a través del portal, el cual cierro. Escucho como una ventana se rompe bastante cerca. Se escucha movimiento arriba, posiblemente de esos que, como la doctora dijo, llegaron hace unos días, pero también de los que acaban de irrumpir en el edificio. Otro golpe. Mucho más contundente esta vez.

-Militar 1:¡Están usando un ariete!

El olor a sudor está dentro del edificio y se acerca. Está a pocos metros. La puerta cada vez está más abollada.

-?????:Te huelo, chico. Vas a pagar por lo que me has hecho en la cara...

Un golpe metálico a mi izquierda. Otro disparo, ahora en la planta superior. Más olor a sangre, acompañado ahora por gritos. El golpe se convierte en repiqueteo, y cada vez está más cerca. Los militares toman posiciones, preparándose para la irrupción. Por mi parte, me alejo de la entrada. No me va a servir de nada ocultarme, pero al menos no estaré entre dos conflictos.

-?????:¡SAL DE UNA PUTA VEZ!

Algo sale volando y se estrella contra una puerta. Está muy cerca ya. Miro a mi alrededor. Sólo tengo el portagoteros a mano, así que me agarro a él como un clavo ardiendo. Mi última línea de defensa si llegamos al cuerpo a cuerpo. La puerta se abre y Gasha, con una barra de metal en una mano y un cuchillo al cinto, aparece por ella. Una sonrisa siniestra cruza su cara a la vez que un gran chirrido metálico cruza la habitación, lo que hace que cerremos los ojos de dolor durante unos instantes.

-Gasha:Hola, saco de mierda. ¿Unas últimas palabras?

-Yo:Gasha, no tienes p-

-Gasha:¡CÁLLATE LA PUTA BOCA, ENANO MARICÓN!¡VAS A PAGAR CON CADA GOTA DE SANGRE DE TU CUERPO LO QUE ME HICISTE EN LA CARA!

Me tira uno de los cuchillos, el cual me roza el costado, desgarrando la parte superior del pijama y haciéndome un corte. Intento hacer algo, pero estoy demasiado nervioso como para centrarme en como atraparlo. Antes de darme cuenta, lo tengo encima. Le lanzo un golpe con el portagotero, pero ahora mismo estoy demasiado débil como para que presente una amenaza real. Me obliga a retroceder mientras esquivo los golpes de su garrote.

-Gasha:Aquí no tienes sombras con las que atarme.

Me pone la barra al cuello y, con la otra mano, me propina un puñetazo en la cara. Otro más. Antes del tercero, le lanzo un puñetazo al bíceps del brazo que sujeta la barra. Aparta su brazo, dolorido. Antes de que pueda hacer nada, me da un rodillazo en el estómago, con el que me doblo por la mitad. Estoy a punto de vomitar cuando me lanza al suelo y se pone sobre mi.

-Gasha:No es suficiente. Tienes que aprender tu lección, media mierda.

Me cubro la cara. Noto como me hace un corte en uno de los antebrazos con sus garras. Desesperado, miro a mi alrededor. Los pelos de la nuca se me ponen de punta. Hago que la barra se acerque. Mis brazos no van a aguantar muchos más golpes, y las gotas de sangre que caen sobre mi cara son testigo de ello. Algo hace click en mi. Gasha para al escuchar un siseo a su espalda.

-Gasha:¿Q-qué es eso?

Donde antes estaba la barra, ahora hay una serpiente, reptando con rapidez hacia mi agresor. El reptil se lanza a por el traficante, mordiendo así su brazo y quedándose aferrado al mismo. Gasha se aparta y chilla de dolor, dejándome vía libre para alejarme. Cojo nuevamente el portagoteros y le doy un golpe en la cabeza, dejándolo así inconsciente. Es ahora cuando me doy cuenta de que el edificio está ahora silencioso.

-Yo:A...A ver si te mueres, cabrón.

Me siento algo alejado de Gasha. Estoy exhausto tras tanta agitación y caos. El reptil repta hacia mi, lo cual hace que me recorra un escalofrío. Sus colmillos refulgen con un brillo carmesí pero, a diferencia de con el traficante, la sierpe sube por mis piernas hasta mis hombros y allí se queda, medio aletargada. Los brazos me duelen horrores, y un hilo de sangre baja de uno de ellos. El cuchillo que antes me hizo un corte en el costado está a mi alcance. El mismo cuchillo que podría haberme matado. Noto como se forman lágrimas en mis ojos y se me cierra la garganta. Casi vuelve a pasar, y esta vez han faltado solo unos centímetros. Gimoteando, consigo ponerme en pie y salir de la sala para llegar a paso lento hasta la recepción. Lo que antes era la puerta es ahora un gran boquete, cerca del cual busca mi madre como loca. Cuando me huele y ve mi estado, me abraza entre lágrimas.

-Yo:He...He ganado, mamá. He...

Hundo la cara en su hombro y rompo a llorar. Los militares y guardias de seguridad no tardan en ir a por Gasha y reunirlo junto a los demás en una sala, todos bien atados y asegurados. Mi madre no me suelta mientras todo esto ocurre.

______________________________________________

-Blake: Estoy orgulloso de ti, Maximirusu. No sólo has podido detener a Gasha, sino que has conseguido retenerlos hasta que he llegado.

Estamos de vuelta en mi cuarto, donde me están cosiendo el corte del costado y tratando los golpes de los brazos, no sin antes darme una ducha. Bajo supervisión médica, claro. Mi madre no deja de acariciarme la cabeza, incapaz de apartar la vista de mi.

-Yo:Tu nos has salvado, Blake. Si no hubieras llegado...

El maestro del caos se sienta frente a mi.

-Blake: Pensé que Órbita los había capturado. Yo mismo me encargué de capturar a algunos, pero...Ha sido culpa mía, Maximirusu.

-Yo:Has sido tu el que ha conseguido desmantelar esa banda, Blake. Nadie...Nadie podía esperar que se escaparan algunos.

Esta vez, Viann Pauaa no abre la boca para reprochar nada a Blake, pero sí que le mira.

-Mamá:¿Podrá estar a salvo de este tipo de cosas, Blake?Si se entrena, ¿estará a salvo?

El caomante asiente. Todos nos quedamos en silencio hasta que el enfermero, no sin antes agradecer a Blake por haberle salvado y por su labor con el tema de las drogas, abandona la sala. Marta, la médico recién llegada, dejó antes también medicina que Órbita importa a su base, con la cual podré curarme con mayor celeridad y ayudará a evitar que quede cualquier cicatriz en mi cuerpo. Abrazo de nuevo a mi madre cuando, de repente, algo suena en el cuarto. Es un tono que no me suena, pero que sé perfectamente de donde sale: mi bandolera. Al abrirla, el corazón me da un vuelco, pues lo que suena no es otra cosa que el pequeño dispositivo que hace las veces de intercomunicador con una los medallones que repartí a mis amigos y a mis padres. Siento como mi boca se seca.

-Mamá::Vamos, hijo. Responde.

Con manos temblorosas, oprimo el botón que abre la línea. Escucho una respiración entrecortada al otro lado del dispositivo.

-Yo:...¿Hola?

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MensajeTema: Re: Dimensions   Vie Ene 11 2019, 02:38

El irritante sonido del despertador me arrancó abruptamente de mis sueños. Sin siquiera volverme le solté un guantazo de entre las sábanas al botón de silenciar como de costumbre. El golpe de mi mano contra la dura superficie de la mesita me sacó de mi sopor lo suficiente como para recordar que no tenía despertador, Irala ya se encargaba de ello con su música todas las mañana. Cuando conseguí reunir unas pocas neuronas me percaté de que el pitido no era otro que el timbre de la puerta. Saliendo a regañadientes del cálido confort de mi cama, me arrastré hasta la entrada para detener ese incesante sonido que me penetraba la cabeza.

- Griffith: Hey, buenos días. - susurró desde el pasillo al abrir.

- Yo: ¿Griffith? - Me apoyé contra el canto de la puerta restregándome los ojos. Aquella mañana me encontraba especialmente cansado. - ¿Ocurre algo? Creía que hoy teníamos el día libre.

- Griffith: Así es, pero Rollon ha creído oportuno adelantar el día de checkeo estando tu aquí. - Viendo mi cara de sueño y de no entender ni papa, continuó. - Cada cierto tiempo, una vez al mes o así, Rollon nos llama para hacernos un par de pruebas y análisis para comprobar nuestro estado. No es más que rutina, ya te acostumbrarás. Había pensado que como era tu primera vez te gustaría que te acompañara.

- Yo: ¿Ahora mismo? ¿No podemos desayunar algo antes al menos?

- Griffith: Tenemos que estar en ayunas para los análisis. Venga, solo son un par de pruebas de nada, ya comerás algo cuando termines.

- Yo: Uuugh... vale. Dame un minuto que me cambie al menos.

La invité a entrar para no dejarla esperando allí sola. Aún debía de ser muy temprano, ya que no había ni un alma en el pasillo, ni el más mínimo ruido. No me extrañaba que tuviera tanto sueño. Griffith se puso a deambular por la habitación mientras yo buscaba algo de ropa.

- Griffith: Sabes que la expresión de "quedarse pegadas las sábanas" no es más que una forma de hablar, ¿verdad? - puntualizó señalando mi espalda.

Las sábanas habían vuelto a quedarse enganchadas en las numerosas espinas que recorrían mi cuerpo, otra vez. Tenía ya tantos agujeros y cortes que más bien podía servirme como disfraz de fantasma en ese estado. Entre ellas y las alas, dormir bien una sola noche se había vuelto un lujo para mí. Con cuidado de no destrozarla más, desenganché la sábana y terminé de cambiarme en el baño. La estación parecía otra a aquella hora de la mañana. Solos aquellas luces imprescindibles se mantenían encendidas con un tenue brillo, alargando nuestras sombras al pasar y sumiendo el resto de zonas en la completa penumbra. Podía ver todo lo que ocurría en la oscuridad gracias a la "visión térmica" de mi hocico, pero aún así aquel silencio sepulcral me ponía las escamas de punta. El crujir de la estación, el sonido de la maquinaria funcionando tras las paredes, los lejanos pasos de los del turno de noche... Un oído tan fino podía llegar a ser muy útil, pero en aquellos momentos echaba de menos el bullicio del día a día.

- Griffith: No pongas esa cara, ya verás como no es nada. - dijo entrando y pulsando el botón de bajada del ascensor.

- Yo: Me has sacado de la cama a las seis y cuarto de la mañana, ¿qué cara quieres que tenga? - respondí desencajándome la mandíbula de un bostezo.  - Nadie en su sano juicio se levantaría a estas horas voluntariamente...

- Griffith: A Rollon le gusta trabajar de noche, sobre todo después de descubrir esa cosa que llamáis café. "Si te estás muriendo, hazlo en silencio y lejos de mi", como suele decir.

- Yo: Encantador...

- Griffith: Se le acaba cogiendo cariño con el tiempo.

El ascensor se detuvo, dejándonos junto a la plaza central, la misma que visité en mi primer día en la estación. Si mis recuerdos de aquel día no estaban equivocados, el laboratorio de Rollon se encontraba yendo a través de uno de los pasillos circundantes. ¿Pero cuál? Aquel día tenía muchas otras cosas de las que preocuparme como para fijarme por dónde íbamos. Eché un vistazo rápido al lugar tratando de recordar el camino, pero en vez de eso me topé con una cara familiar en uno de los bancos.

- Ciare: Buenos días. - saludó con su usual jovialidad al acercarnos donde estaba sentada.

De pie frente a ella se encontraba una pequeña, de no más de nueve o diez años, que, como cabría esperar, no era humana. Su piel era grisácea y correosa, como la de un anfibio. A ambos lados de su cabeza crecían dos apéndices prolongados con forma de rayo, que al fijarme más detenidamente me percaté de que eran cartilaginosos, y parecía ser capaz de moverlos a voluntad. Coronando la parte posterior de su cabeza se perfilaba el contorno de un suave cuerno con cierta semejanza a la aleta dorsal de un delfín. Su cara, joven e infantil, se contorsionaba en un hocico, de no más de uno o dos dedos de largo, del cuál se podía entrever la punta de un diminuto colmillo asomando. Corrió junto a mi y comenzó a dar vueltas a mi alrededor, observándome con curiosidad agitando alegre su delgada cola.

- Ciare: Invime, no seas maleducada. - le llamó al atención. - Perdónala, se emocionó mucho cuando le dijimos que ibas a venir.

- Yo: Eeeh... ¿Y eso por qué?

- Ciare: Oh, desde que supo que había otro híbrido más abordo lleva días preguntando por ti a todas horas. Estaba tan ilusionada de poder conocerte anoche... Hasta me la he encontrado ya levantada y todo cuando he ido a recogerla.

- Yo: Espera, ¿ella...?

- Invime: ¡Griff, Griff! ¿La mía llegará a ser igual de grande y fuerte como la suya? - le preguntó agarrando mi cola con ambas manos intentando levantarla por encima de su cabeza.

- Griffith: Mucho mejor, incluso. - le dijo acariciándole la cabeza, antes de volverse hacia mi. - No somos los únicos híbridos, ¿recuerdas?. Invime aquí es la cuarta y última en unirse al grupo, al menos por ahora.

Miré a la pequeña, tocando inocentemente las púas que recorrían mi cola con el dedo. Para ser sinceros, siempre pensé que el resto de híbridos serían como Griffith. En ningún momento se me llegó a pasar por la cabeza que pudieran ser mucho más jóvenes que yo.

- Invime: Yo me llamo Invime. Abu dice que significa "brisa de la mañana" en la lengua de mi madre. ¿Cómo es el tuyo?

- Yo: Xalcer.

- Invime: ¿Xalcer? Es un nombre muy rarito.

- Ciare: Invime... - la reprimió con la risa de Griffith de fondo.

- Yo: T-tranquila, no pasa nada. No es la primera vez. - Ni la última, os lo puedo asegurar.

Un leve sonido nos informó de que uno de los ascensores a nuestras espaldas estaba llegando hasta nuestra planta, abriendo sus puertas tras unos segundos.

- Invime: ¡Fer, mira quién ha venido! - exclamó corriendo hacia el recién llegado y señalándome.

Un gruñido seco fue toda respuesta que recibió. Cola moteada escondida entre las piernas, ligeramente encorbado, manos metidas en los bolsillos de la chaqueta y un hocico fruncido bajo la sombra de la capucha. No había vuelto a ver a la joven hiena desde nuestro incómodo encuentro, y por su mirada, su opinión sobre mi persona no parecía haber cambiado en absoluto durante todo ese tiempo. Resopló mezcla del cansancio de la mañana y del malhumor, y pasando de largo a Invime, se marchó sin mediar palabra a través de uno de los pasillos colindantes, dejando la plaza y a todos nosotros detrás.

- Griffith: Alguien se ha levantado más gruñón de lo habitual esta mañana. - susurró para ella misma. Se acercó a la pequeña, abrazada a su propia cola con las orejas caídas.

- Invime: ¿Se ha enfadado Feren conmigo? - preguntó con débil voz temblorosa.

- Griffith: No, cariño, no. - trató de calmarla agachándose junto a ella y acariciándole la mejilla. - Solo está nervioso por las pruebas. ¿Recuerdas lo que pasó la última vez cuando Rollon le puso la inyección?

- Invime: No sabía que Feren pudiera saltar tanto.

Suspiré al oír su inocente risa de nuevo, aliviando un poco el nudo que tenía en el pecho. En cierto modo me sentía culpable indirecto de aquella situación. Puede que les conociera desde hacía poco, pero lo que menos quería era causarles problemas innecesarios a los demás.

- Ciare: No le des vueltas, hijo. - me susurró dándome un suave toque en el ala, como si leyera lo que pasaba por mi mente. Antes de que pudiera preguntar a qué se refería, Griffith se nos acercó con una Invime bastante más animada cogida de la mano.

- Griffith: Vamos a ir tirando, no vayamos a hacer esperar a Rollon. - Asentí con la cabeza. - Gracias por encargarte de Invy, Abu. Ya me ocupo yo a partir de aquí.

- Ciare: ¡Tonterías! - exclamó empujando a Griffith por la espalda para que comenzara a andar. - Es vuestro día libre. Invime y yo iremos a buscar a Feren para desayunar algo cuando terminen, mientras vosotros disfrutáis de una mañana tranquila por una vez.

Cualquier intento de disuadirla de ello fue en vano, por lo que comenzamos la marcha. Griffith y la pequeña Invime iban delante, jugueteando entre ellas, mientras Ciare y yo les seguíamos.

- Yo: Entonces... - comencé a decir sin pensar, tratando de romper el silencio - ¿Feren también es...?

- Ciare: Así es. El tercero, estando tú aquí. Siento mucho su comportamiento, está en una edad difícil de tratar.

- Yo: N-no pasa nada. Abu... ¿Todo el mundo te llama de la misma manera?

- Ciare: Oh, no, no. Es como me llamaba Griffith de pequeña, cuando aún le costaba pronunciar todas las letras. Era casi lo único que podía balbucear con el pequeño pico que tenía. Cuando Feren e Invime llegaron no tardaron en imitarla. Supongo que Feren ya es lo demasiado mayor como para seguir llamándome así.

Al hablar, su voz tenía un tinte de orgullo y melancolía a la vez, como el de un padre que ve marchar a su hijo de casa, y por la forma en que miraba y sonreía al ver a Griffith y a Invime jugar mientras caminábamos, estaba claro les profesaba un gran afecto.

- Yo: Se nota que les tienes mucho cariño.

- Ciare: No te haces idea. He cuidado de ellos ya tantos años... Les he visto crecer desde que no eran más que unas simples crías incapaces de abrir los ojos. Les he contado cuentos antes de arroparlos en las frías noches, cantadoles una nana cuando despertaban temblorosos y con miedo por culpa de una pesadilla, regañado cuando tiraban la comida o se colaban donde no debían. Son mis pequeños. No es mucho, pero son lo más preciado que estos viejos huesos podrían desear.

Aquellas palabras hicieron que algo dentro de mi se revolviera. ¿Cómo habría cambiado mi vida si no hubiera salido "defectuoso", si hubiera regresado a la estación cuando sólo tenía un par de años? Junto a aquellos que compartían mi condición y quienes podía conectar de una forma más profunda, bajo la tutela de alguien que siempre velaría por mi bienestar. ¿Habría sido... mejor que mi vida en la Tierra?

- Ciare: ¿Cómo llevas tu brazo, por cierto?

- Yo: Ah, b-bastante bien. -espeté saliendo abruptamente de mis pensamientos. Alcé y apreté el puño, dando fe de ello. - La herida ya casi está curada del todo, pero el médico dice que espere a que crezcan las escamas del todo antes de quitar el vendaje.

- Ciare: Eso es bueno. - murmuró cogiéndose de sus cuatro manos con su usual sonrisa. - Y... ¿cómo lo llevas tú?

Frené ligeramente el paso, sintiendo cómo una punzada me atravesaba el pecho. Temía que fuera a hacer esa pregunta después de mi patético espectáculo en los comedores la última vez. Tomé aire y suspiré, reanudando el ritmo.

Yo: Bien, supongo... Mejor que antes, al menos. G-gracias por preguntar.

- Ciare: No tienes que darlas.

Lo que siguieron fueron unos silenciosos segundos, en los que Ciare me miraba de reojo sin perder su sonrisa, como si estuviera esperando a que yo siguiera. En serio, ¿es que su especie era capaz de leer la mente o algo? Suspiré de nuevo, haciendo de tripas corazón y reuniendo el coraje necesario para continuar.

- Yo: Creo que... debería darte las gracias también por lo del... viaje y todo eso. No tenía ni idea de cuánto lo necesitaba. Me ayudó a abrir los ojos. Ale, Migue, Max... Ni siquiera Franky llegó a creerme cuando les dije quién era en realidad. - Tomé una pausa para tomar aire y calmar mis nervios del sudor frío que me recorría la espalda. - Supongo que... necesitaba aceptar que mi anterior vida había acabado del todo antes de poder comenzar esta. Aún hay muchas cosas que cuesta asimilar, pero todo es bastante más llevadero. Griffith es de gran ayuda, pero... no estoy seguro si solo lo hace porque se lo hayan ordenado.

- Ciare: Dale tiempo. Los tres te necesitan, más de lo que se pueden llegar a imaginar.

Alcé una ceja, intentando comprender lo que acababa de decir, pero la puerta al laboratorio de Rollon no tardó en aparecer frente a nosotros, marcando la llegada a nuestro destino.
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