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Xalcer
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Cerdo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Miér Sep 19 2018, 02:55

Revisé por quinta vez que no me dejaba nada, a pesar de que Airo me lo confirmara cada una de las veces. Manía mía. El autobús al puerto espacial hacía horas que había salido y la ausencia de turistas era bastante notable en el hotel hasta que volviera cargado de nuevo. Me encontraba en medio de una partida al solitario con Airo, esperando a que me recogieran, cuando la misma aeronave que me trajo aparcó frente a la entrada. Las puertas se abrieron, pero no fue Seerel el que apareció por ellas.

- Ero: Buenas. - me saludó al tomar asiento en la fila opuesta, dejando la maleta a mi lado.

Tras una confirmación del piloto, las puertas se cerraron y comenzamos a tomar altura.

- Ero: Y... ¿qué tal la visita? ¿Te ha gustado Gehena? - preguntó tratando de romper el incómodo silencio de la cabina. Siempre nos cruzábamos cada mañana durante el entrenamiento con Griffith, pero no llegábamos a hablar mucho más aparte de un casual saludo.

- Yo: No ha estado mal, supongo. Se parece bastante a la Tierra, aunque tampoco es que viéramos mucho.

- Ero: Es una pena. La Torre Espejo es una maravilla para la vista en primavera. Y no hablemos del monumento a Ghamllit, el mayor héroe de todos los tiempos. No sabes la suerte que tuviste de presenciar su gran regreso en vivo.

- Yo: ¿Cómo sabes tu eso? - dije apartando la vista de la ventanilla para mirarle con el ceño fruncido.

- Ero: Todos los canales de televisión estaban allí para cubrir la noticia en directo. Se te podía ver un par de veces al fondo mientras entrevistaban a Ghamllit. Era difícil no hacerlo con lo que desentonabas entre tanto humano.

- Yo: Genial... - Volví de nuevo la mirada a la ventanilla. Dar la nota en la televisión de un planeta entero, justo lo que necesitaba.

- Ero: Y... ¿cómo era?

- Yo: ¿Hm?

- Ero: Ghamllit.

- Yo: No sé, se parecía bastante a todas sus estatuas. La verdad es que me preocupaba que no me mataran que otra cosa. - Me giré otra vez hacia él. - Pensaba que eras de aquí. ¿No le habías visto antes?

- Ero: No realmente, solo lo mismo que habrás visto tu. Estatuas, vídeos... Ghamllit se retiró hace ya mucho tiempo, cuando solo era un crío. - Se puso a juguetear con las manos, llenando sus palabras con una ligera melancolía. - En el colegio todos queríamos ser héroes como él, un símbolo de paz y esperanza. Nos pasábamos las mañanas dibujando nuestros supertrajes y pensando nombres molones y técnicas que usar cuando creciéramos.

- Yo: Todos lo hemoa hecho de pequeños.

Ambos nos reímos.

- Ero: Es el sueño de todos los críos de Gehena. Muchos incluso llegamos a hacer las pruebas de ingreso en la academia. Para aquel entonces ya empezaba a usar mi pseudónimo de superhéroe.

- Yo: ¿Que era...?

- Ero: Ero. Bueno, Erosión, pero todo el mundo acabó por acortarlo. - Extendió un poco los brazos, haciendo más notable los cristales que emergían de ellos. - Mi poder era convertir el carbono de mi cuerpo en diamantes abrasivos. Con ellos podía incluso arracar el asalfato de una carretera o atravesae una pared de acero sin esfuerzo.

- Yo: Wow. - exclamé viendo cómo los cristales aumentaban de tamaño a su voluntad. - ¿
- Si tanto te gustaba, ¿cómo es que has acabado trabajando en la EXI y no de superhéroe?

- Ero: Bueno, no sé muy bien cómo ocurrió. Fueron ellos los que me encontraron, por así decirlo. - dijo volviéndose a sentar en una posición más cómoda. - Aún estaba en la academia cuando me ofrecieron el contrato. Buscaban alguien para el personal de seguridad y la academia me recomendó. Antes de darme cuenta, ya me encontraba trabajando en la estación, y de eso ya hace siete años.

Los motores de la nave se silenciaron, indicando que habíamos llegado a nuestro destino mientras charlábamos. Ero se escusó tras despedirse, reportando su vuelta ante Seerel, quien nos esperaba a las puertas del hangar. Cogí mi maleta y salí del vehículo, ya medio acostumbrado a los cambios de gravedad al entrar y salir de la estación. Las escamas se me erizaron durante todo el trayecto hacia mi habitación. Había algo extraño en el ambiente, como si algo no fuera como debería.
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En verdad me llamo Franky
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Perro
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MensajeTema: Re: Dimensions   Vie Sep 21 2018, 02:00

¿Has visto a mi amigo? ¿Sabes dónde está mi amigo? ¿Has encontrado a mi amigo? ¿Dónde está mi amigo?

Una semana llevo viendo estos mensajes a cada rato. Pero no sólo en la pantalla del Tamagotchi. Va a más. Ahora también los veo en la pantalla de mi ordenador, en la tele, en el móvil… Consulté con Ma’Riagg y con Michelangelo al respecto, pero ninguno pudo darme una respuesta satisfactoria. Es un martirio cuando intento hacer vida normal con ello, en mi casa, en la facultad, saliendo con mis amigos… Pero si es tan fastidioso para mí, ¿por qué no me libro de ese maldito cacharro? Algo me impulsa a tenerlo conmigo. Algo me dice que debo tenerlo para tiempos venideros. Pues si es cierto eso, que llegue ya lo que sea. He logrado ocultarlo hasta cierto punto a quienes me rodean, pero sé que terminaré por desmoronarme delante de alguno de ellos. No estoy seguro de por cuánto tiempo más podré aguantar.

Estoy limpiándome la cara en el lavabo del cuarto de baño. Miro al espejo que tengo en frente. Parpadeo y vuelvo a visualizar una variación más de esa pregunta que me persigue. La siguiente vez que parpadeo ya no está. Voy derecho a mi cuarto. Sostengo entre mis manos el aparato proveniente de Gehena y lo miro.

-Yo: ¿Qué quieres de mí?- pregunto ya un tanto desesperado-.

La respuesta es otra pregunta. “¿Me ayudas a buscar a mi amigo?” Pero un momento, hay algo diferente. O al menos eso pienso. El mensaje es sustituido por un “Sí” y un “No”. Cada cual parece tener un botón correspondiente en el mismo aparato. ¿Cuál pulsar? ¿Un “No” implicaría continuar con esta locura? ¿Qué me ocurrirá si pulso el “Sí”? Sea como sea, hay algo de lo que sí estoy completamente seguro; estoy muy harto de esto. Tras dar una respuesta afirmativa a la pregunta, unos números aparecen a continuación. Desde luego, a mí no me dicen nada. Se me ocurre que ha llegado la hora de volver a preguntar a mis “amigos alienígenas”. Bueno, a la tortuga que sí tiene algo alienígena.

Espero a la noche, cuando todos en la casa están dormidos. Bajo al patio, habiendo encendido antes una luz colocada en una pared para ayudarme a ver. La tortuga no está en el recipiente con agua hecho para ella. Sin embargo, le veo durmiendo en la tierra que hay al pie de uno de los dos naranjos que tenemos allí. Me agacho y doy un par de golpes a su caparazón.

-Yo: Despierta, tenemos que hablar.

-Michelangelo: Vuelve a usar mi caparazón como un tambor y te juro que desearás tener una protegiéndote- amenaza al mismo tiempo que se despereza-.

-Yo: Perdón. Es que… creo que esto podría ser importante- le muestro los números que aún permanecen en la pantallita del Tamagotchi-.

-Michelangelo: … Parecen coordenadas.

-Yo: Joeh, y sólo le has echado un ojo.

-Michelangelo: Puedo decirte más si hago esto- hace visible en su pata derecha el anillo que le da poderes y proyecta a través de él una luz que recorre el aparato-… Oidion. ¡”Oidion”, conozco ese planeta!

-Yo: ¿Un planeta? ¿Por qué me quiere hacer ir tan lejos el Tamagotchi este?

-Michelangelo: Ni idea, pero conozco Oidion por ser el planeta natal de uno de mis compañeros más cercanos entre los Guardas de Luz; Beggar- se queda sumido en sus pensamientos por unos segundos, durante los cuales no quiero interrumpirle-. Tengo que ir allí. Si le encuentro, quizá pueda averiguar qué le pasó a la Central.

-Yo: Viajar a otro planeta…

-Michelangelo: ¿Qué pasa? ¿No fuiste ya a Gehena?

-Yo: Sí, pero era un viaje en grupo. Y tan pronto… ¿Pero cómo vamos?

-Michelangelo: No es seguro llevarnos a ambos por el espacio utilizando sólo mi anillo. Necesitaremos hacerlo a la vieja usanza.

-Yo: ¿Hablas de una nave espacial? No tengo ni carné de conducir, así que ya me dirás…

-Michelangelo: Nos queda preguntarle a la utrom. Puede que viniera a este mundo en una que ella tiene.

-Yo: Ya que hablamos de ella- digo intentando centrarme-, ¿pudiste averiguar algo?

-Michelangelo: ¿Sobre lo que me pediste? Sí. Y la respuesta es “no”. Estuve observándola durante esta última semana y no parece tener ninguna clase de tecnología que le permita modificar recuerdos.

-Yo: Ah, entiendo.

-Michelangelo: No confías en ella por completo.

-Yo: ¿Acaso debería?

-Michelangelo: No, haces muy bien en mantener la guardia alta con ella.

-Yo: Pero no es quien borró mis recuerdos sobre mis días de “posteo”.

-Michelangelo: Yo no he dicho eso. O es realmente inocente de esto o es muy buena escondiéndose. Aunque necesitemos su ayuda, tenemos que cuidarnos de ella por ahora.
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Maximirusu Pauaa
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Gallo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Dom Sep 23 2018, 19:20

[Por comodidad, no pondré el amarillo de las letras. Os digo con esto que todos los diálogos están en pollux]
-Blake: Espera aquí. Iré a hablar con ellos.

Blake se acerca a la puerta de la entrada. Cuando abren la puerta, escucho un par de voces, una femenina y la otra masculina, soltar una exclamación de sorpresa.

-Voz masculina:¡Nos has dado un susto de muerte, Blake!...¿Blake?

-Voz femenina:Nuestro Maximirusu...¿Le ha pasado algo a nuestro hijo?

-Blake: Teeruoh. Viann. Veo que os va muy bien. El salón os ha qued-

-Teeruoh(voz masculina):¡¿Qué le ha pasado a Maximirusu, Blake?!

-Blake: ...Venid conmigo.

El corazón me va a mil por hora. Por el umbral del salón entra el maestro del caos acompañado de dos daime'é. El hombre es algo más alto que yo, y tiene una panza bastante notable. Su pelaje es de un tono similar al mío también, aunque de un tono más pálido. En su cara, marcada por ciertas arrugas y algunas canas sueltas, brillan dos ojos azules. La mujer, de aproximadamente su altura y amplias caderas, está cubierta por pelaje negro, a excepción de las manos y el morro. Sus ojos rojos me miran con incredulidad. Se lleva las manos a la boca.

-Teeruoh:¿M-Maximirusu?

Antes de que pueda responder, la mujer se me acerca corriendo y, entre lágrimas, me abraza. El que parece ser mi padre se acerca y hace lo propio. Incómodo, me quedo sin saber que hacer. Pasados unos segundos se separan de mi. Ambos lloran a lágrima viva. Viann me aparta el flequillo de la cara.

-Viann: Mi Max...Mi pequeño...Es ahora todo un ishev.

Por el contexto deduzco que tiene que ser algo como "hombretón". Teeruoh le pone las manos encima.

-Teeruoh:Dejémosle espacio, aagyavh. Todo esto debe ser mucho para él ahora mismo.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos.

-Yo:Sois...mis padres, ¿no?

Con ojos brillantes, asienten. Miro de nuevo la foto mía de cuando era pequeño. Noto como empiezo a acalorarme. La respiración se me acelera.

-Teeruoh:¿Estás bien, hijo?

-Yo:Necesito sentarme.

Mis palabras suenan extrañas al salir de mi boca, como si fuera otra persona la que las pronunciara. Una sensación horrible me atenaza el pecho, como si estuviera muriendo. Miro a los demás, preso del pánico, pero me resulta extraño, como si fueran solo formas.

-Yo:N-neces-itotumbarme.

Ayudado por Blake, voy poco a poco yendo al sofá, estando casi todo blanco a mis ojos, apenas llegándome sonido.

____________________________________

Una vez pasado el ataque de ansiedad, me encuentro rodeado de Blake y...

-Yo:Mis padres...

Me incorporo y siento.

-Teeruoh:Entiendo que es un cambio brusco, hijo. Blake nos ha contado lo ocurrido.

Viann se sienta a mi lado.

-Viann:Vamos a estar aquí para todo lo que necesites.

Suspiro pesadamente.

-Yo:No puedo llamaros "papá" y "mamá" todavía. Entendedme, por favor. Y esta casa...Me va a costar asumir que es MI casa.

Viann me pone una mano en el brazo.

-Teeruoh:Lo entendemos. Vayamos a tu ritmo.

Miro a Blake.

-Blake: Acompáñame un momento, Maximirusu.

Se despide de los allí presentes y lo acompaño hasta la salida.

-Blake: Voy a dejar que estés con tus padres una semana. Aquí será donde mejor podrás asimilar que eres un daime'é. Tienes además a gente que te quiere. Aprovéchalo.-Mira a las personas que pasan.-Nadie te mirará raro aquí.

Abre una brecha en el aire, por la cual puedo ver su casa.

-Blake: No descuides tu entrenamiento tampoco. No me gustaría que quedases mal frente a los otros Estelas.

Tras atravesar el portal y que este se cierre, vuelvo a dentro. Vuelvo a casa.

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Perro
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MensajeTema: Re: Dimensions   Miér Sep 26 2018, 10:26

Le dije a mi familia que iría a casa de un amigo durante el siguiente fin de semana, yéndome la noche del Viernes anterior. Encontraba difícil mentirles a mis padres, pero más complicado me parece contarles que debo ir a otro planeta antes de volverme completamente loco debido a una puñetera mascota virtual. Seguramente el apuntarme a este viaje forme parte de esa locura de la que intento huir.

Me encuentro en el interior de un aparcamiento improvisado de naves pequeñas, como si de coches se trataran. Lo construyeron para facilitar la llegada a los visitantes espaciales. Veo a Ma’Riagg preparar el transporte; una sencilla nave de dos plazas. “Qué conveniente”, pienso para mí mismo.

-Michelangelo: Te veo entusiasmada- señala la tortuga flotante y brillante en verde-.

-Ma’Riagg: Me disculpo si eso te ofende de alguna manera, pero el hecho de que pueda acompañar a Franky a surcar las estrellas puede significar un gran avance en mi investigación. Siendo sincera, era un acontecimiento que esperaba con ansias.

-Michelangelo: Por supuesto, “tu investigación”.

-Ma’Riagg: Todo listo- declara ignorando la actitud del reptil-. Adelante, subid.

Aún con dudas y vacilación, termino por sentarme en el asiento junto al del alienígena que utiliza un cuerpo artificial para moverse. El Guarda de Luz elige posarse en mi regazo, todavía atento a lo que acontece a su alrededor. La cabina es cerrada, no dejándome forma de escapar ni aunque quisiera. El motor es encendido, haciendo vibrar la nave. Ya está, aquí estoy. Es aquí donde empieza mi viaje. Está pasando.

Estoy paseando por la calle con total normalidad. Bueno, casi, pues a mi lado camina una especie de parodia del personaje Tails de los juegos de Sonic. Este extraño ser lleva una bufanda oscura y unas marcas negras se extienden por debajo de sus ojos.

-Definitivamente no es Tails: Hoy hemos hecho un gran trabajo.

-Yo: Así es.

-Definitivamente no es Tails: Pero aún no entiendo que, después de todas estas fantásticas aventuras, sigas siendo soltero.  

-Yo: La verdad es que me molesta también, ¡pero no me rendiré! Ya verás, encontraré a alguien de mi edad y…- paro de hablar y me detengo en seco, como si al fin me hubiera dado cuenta de que algo marcha mal-.

-Definitivamente no es Tails: ¿Franky?- me mira preocupado- ¿Qué pasa?

-Yo: No…- le miro asustado-. Esto no me puede estar pasando… Aléjate de mí. ¡Aléjate de mí!

Empiezo a gritar como un histérico. Y me despierto. Me despierto en el interior de la nave de la utrom. Un escalofrío me recorre el cuerpo.

-Ma’Riagg: Veo que te has despertado. Y en el mejor momento, pues acabamos de llegar.

-Yo: No jodas- bostezo-. Incluso me duermo cuando viajo por el espacio.

La cabina se abre y nos bajamos del vehículo. Habíamos aterrizado en una zona seca y rocosa, desde donde se puede ver una ciudad de aspecto contemporáneo a lo lejos.

-Ma’Riagg: Camina tranquilo- me dice-, el ambiente en esta zona es compatible con tu fisiología.

-Yo: Ah, vale- ni se me había pasado por la cabeza de que el aire pudiera estar contaminado, que el sol de ese planeta pudiera freirme la piel u otras maneras horribles de morir con tan sólo estar de pie en ese lugar-. ¿Por qué aquí?- pregunto mientras veo la ciudad de lejos-.

-Michelangelo: Las coordenadas no sólo indicaban el planeta, también señalaban esta ciudad.

-Ma’Riagg: Es adonde iremos en cuanto me prepare- coge de la nave una camiseta nueva. La que lleva puesta ahora le deja al descubierto el vientre, estando también a la vista la piloto de ese cuerpo, cosa que supuestamente corregirá la otra camiseta. Ahí mismo se cambia de ropa. Yo miro a otro lado por respeto a su privacidad, aunque puede que a ella no le importe-. Despliego el sistema PO sobre la nave y estamos listos- se pone una máscara sonriente sobre el rostro robótico del exo-traje-. En este planeta, todavía no están acostumbrados a ver volar naves sobre sus cabezas.

-Yo: ¿”PO”?

-Ma’Riagg: “Problema de Otro”- pulsa un botón entre los controles de la nave y cierra la cabina-.

-Yo: No parece que la vuelva invisible ni nada.

-Ma’Riagg: Por supuesto, sabes que está ahí, pero para cualquier otro ajeno a nosotros que la vea, su cerebro le dirá que no es asunto suyo y se marchará sin provocar incidentes. Al menos esa es la explicación corta.

-Michelangelo: ¿Podemos empezar a movernos de una vez?- nos dice impaciente-.

Nos adentramos a la ciudad.

-Yo: Bueno- cojo el Tamagotchi entre mis manos y miro a la mascota digital inusualmente agitada-. ¿Dónde está tu “amiguito”?

No tardo en apartar la mirada a otra cosa.

-Michelangelo: ¿Qué demonios...?

-Ma’Riagg: ¿Qué ha podido pasar?

Lo que los tres vemos es un rastro de destrucción que se extiende hasta donde alcanza la vista. Algo enorme debe de haber arrasado los edificios y las calles a su paso. También observo a seres similares a humanos que tratan de arreglar con buena cara el destrozo. La diferencia más notoria entre estos aparentes habitantes de la ciudad y los humanos a los que acostumbro a ver es su tono de piel. Ésta varía entre el color gris y el blanco nieve dependiendo de a quién se mire.

-Ma’Riagg: Probemos a preguntar qué ha ocurrido.

-Michelangelo: Por algo se empieza.

Nos acercamos a uno de esos curiosos habitantes. De pronto, el aparato que llevo encima empieza a vibrar como loco. Una vez más, quiero cogerlo para examinarlo, pero en el momento en el que mi mano derecha lo agarra, noto un doloroso pinchazo, una mordedura o quizás otra cosa, no estoy seguro. Mi reacción es tirar la mascota virtual, con una expresión de dolor en el rostro. Lo extraño está por venir cuando dejo de sentir mi propio brazo derecho. Luego es la pierna de ese mismo lado. A continuación, la cara. Es como si todo mi lado derecho del cuerpo hubiera quedado paralizado. Las personas que tengo delante de mí me miran con horror. No es de extrañar, pues mi aspecto es similar a esto:

Minuto 0:51:
 

-Yo: Me… ¡Me ha mordido el Tamagotchi!- o al menos eso intento decir. A saber lo que habrá sonado en mi estado actual-.

Me desmayo.
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Maximirusu Pauaa
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Gallo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Vie Sep 28 2018, 01:34

Vuelvo a entrar en casa. Mis padres están allí, con ojos rebosantes de emoción.

-Viann:No sabes lo emocionante que es para nosotros tenerte aquí, hijo.

Me siento frente a ellos. Tras unos segundos mirándoles, miro alrededor con vergüenza.

-Teeruoh:Blake nos dijo que te llamabas Entomio Jusé en la Tierra, ¿no?

-Yo:Antonio José, sí.

-Teeruoh:¿Prefieres que te llamemos así por ahora?

El corazón me da un vuelco. Es la primera vez desde que descubrí la verdad que me preguntan eso. Les sonrío, agradecido por la propiesta.

-Yo:No es necesario. Ya estoy empezando a aceptar que soy Maximirusu Pauaa. De todos modos, parece que conservaba algunos recuerdos en mi subconsciente, y "Maximirusu Pauaa" ha sido un nombre que he acabado usando en Internet, así que es algo que no me suena raro.

Intercambian una mirada.

-Yo:Internet es una red de comunicación global.

-Teeruoh:¿Desde cuando recuerdas tu nombre, Maximirusu?

-Yo:Pues como tal...¿Dos años?¿Tres quizás?Aunque similares sí que hace muchísimo más. No sé como funciona el calendario aquí, pero imagino que similar a la Tierra.

Me quedo mirando la foto de antes.

-Yo:¿Es importante?

-Teeruoh:No...Creo que no.

Nos quedamos en silencio.

-Viann:¡Trecim va a alegrarse mucho de verte!

-Yo:¿Quién es Trecim?

-Viann:Era tu mejor amigo antes de... -Veo como se forman lágrimas en sus ojos. Tras secárselas, me mira y sonríe.- De vez en cuando sigue preguntándonos si tenemos novedades tuyas.

-Yo:¿Blake no hizo nada para alterar mi existencia?

-Teeruoh:Sí, pero no a tu familia y allegados. Tienes a mucha gente que ver, Maximirusu. Muchas personas ansiaban tu regreso.

-Viann:¡Cuando la abuela Pauaa te vea se va a hartar de llorar!

Me quedo en silencio.

-Yo:...¿Podríamos dejar esto entre nosotros un poco?Esto es un poco...

-Viann:Ah...C-claro, hijo.

-Yo:Gracias. Siento aguaros la fiesta, pero quisiera...-Si no tuviera la cara llena de pelo, verían que ahora estoy rojo como un tomate.-Creo que mi primer contacto será mejor si es poco a poco. Quisiera estar a solas con vosotros un poco más.

Les sonrío tímidamente. Sus ojos brillan.

-Teeruoh:Todo lo que necesites, hijo.

____________________________________________________________

Tienes familia

Es el pensamiento recurrente que conquista mi mente desde hace siete, cuando llegué a Deia. Primos y primas. Tíos y tías...Abuelos. Todavía no he ido a conocerlos. Resulta un poco sobrecogedor, pero me hace sentir bien pensar que hay tanta gente que me quiere. Pero no lo suficiente como para hacerme olvidar ni un día a los que he dejado en la Tierra. No tengo noticias de mi familia de allí, y ninguno de los que me acompañaron al viaje ha intentado contactar conmigo todavía. Todo llegará en su debido momento. Por ahora, me conformo con creer que están a salvo. Gehena les tuvo que meter el suficiente miedo en el cuerpo como para no meterse en una nave durante un tiempo.

Hablando de naves: en Deia todavía desconocen a Órbita. Parece que Blake se encargó de borrar su presencia a aquellos que le vieron, pero no es de extrañar que hiciera girar todas las cabezas que posaban sus ojos en él. Si tengo que depender de los portales de Blake para viajar hasta que llegue Órbita, vamos a tener un problema. Es por ello que me he puesto las pilas con el caos, para aprender a generarlos yo mismo cuanto antes. Me sigo cansando, pero oye, ya puedo cambiar de color toda la ropa que llevo encima y un set más antes de empezar a cansarme. Algo es algo.

Y la comida. La mare de Déu. Es como si la comida asiática hubiera tenido un hijo bastardo con la gastronomía española y su aventura danzara en tu paladar cada vez que comes. Y PUEDO COMER DE TODO. Me estaba empezando a amargar con eso de la intolerancia a alimentos de la Tierra, pero aquí no tengo ese problema. Cuando me toque viajar me volverá a pasar, pero mientras me voy a poner como un cerdo. O no, porque sé la que me espera si no estoy lo suficientemente preparado y entrenado. Y como que me gusta tener mi cabeza en su sitio.

Por cierto. Mis padres(a los que todavía no me atrevo a llamar como tal) han decidido apuntarme a clases particulares, con el fin de aprender a escribir como una persona adulta. Me ayuda a distraerme, la verdad. Todavía me da apuro hablar con ellos, por lo que las cenas resultan algo embarazosas. También me sirven para pasar como lo que soy: un daime'é más. Las marcas del caos pueden medio pasar, pero aunado con alguien de mi edad que todavía no sabe escribir pollux siendo de donde es puede llegar a levantar las sospechas de gente que es mejor dejar tranquila. Y es por ello que me encuentro ahora volviendo a casa tras una de las lecciones.


_________________________________________________________

Calle Hieru. Hieru es una fruta deliciosa, de piel rojo, con forma parecida al caqui, pero con un interior bulboso de color aguamarina y blanco. Es de las frutas que más me han gustado de entre las que he podido probar hasta ahora. Lo que no me gusta es el sonido que oigo a mi espalda. Cuando me giro, veo a un daime'é de pelaje anaranjado, bastante más alto y corpulento que yo, cerrándome el paso.

-???:No intentes nada, chaval.

Al girarme, donde antes estaba mi posible salida, hay otros dos, de pelaje grisáceo uno y la otra atigrado. Una de las cosas que he aprendido en esta semana es que soy bastante bajo para la media de altura actual.

-Chavala:La cartera y todo lo que lleves encima. Ahora.

-Yo:V-vale, vale...

Lentamente me empiezo a quitar la bandolera. El peligrís da un paso adelante antes de que me la termine de descolgar.

-Peligris:¡Trae eso, Banzva'qi!

Me da un tirón, el cual me tira al suelo. Empiezan a rebuscar en la bolsa. Sacan los 17.000 Quan que llevaba encima(unos 20 euros) y tiran la cartera frente a mi. Tras eso sacan el móvil que aún conservaba de la Tierra.

-Yo:¡Eso n-!

El anaranjado que estaba a mi espalda pone un pie sobre mi espalda.

-Peligris:¿Qué coño es eso?

Empiezan a bichear pero, tal y como me pasa a mi, el móvil no responde con el pelaje de las manos. Saca una garra y le hace un buen arañazo a la pantalla. El anaranjado, ahora lejos de mi, se agacha y coge la cartera. Cuando empiezo a levantarme, la chavala se acerca y me propina una patada en la boca. Noto el sabor de la sangre en la misma.

-Anaranjado:T-Tenemos que irnos...

Le miro. Su cara me quiere sonar de algo.

-Peligris:Seguro que podemos sacar algo más. -Se agacha a mi altura y me coge del pelo.-¿Verdad que sí?

Saco las garras y le propino un buen arañazo en la cara.

-Peligris:¡AAAAAAAAAAAAAAGH!¡KIADLIVE!

Todavía no he aprendido insultos en pollux, pero juraría que eso es algo como "cabrón". Me cubro la cara de los golpes que libera. Uno tras otro, soy consciente de los moratones que tendré por la mañana. El corazón me va a mil por hora.

-Anaranjado:¡Gasha, ya basta!

Le coge por los brazos y le aparta. Tembloroso, me levanto. Es entonces cuando veo los cortes que ahora cubren la mitad izquierda de su cara, así como la sangre que mana de estos.

-Gasha:¡ESTÁS MUERTO, SACO DE MIERDA!¡MUERTO!

Consigue liberarse del anaranjado y vuelve a la carga, sacando antes una navaja del bolsillo. Es ahora o nunca. Con la energía que me queda, hago que su sombra se materialice y ate sus pies al suelo. Esto hace que caiga de bruces contra el suelo.

-Chica:T-Trecim...

El corazón me da un vuelco.Gasha sigue forcejeando en el suelo, mientras la sombra cubre sus gemelos y empieza a invadir sus colas.

-Gasha:¡Vale, tío!¡Déjame ir!

Cansado, dejo que las sombras vuelvan a su estado inicial. Trecim y la chica se acercan a Gasha y le cogen, previendo que intentaría atacar de nuevo. Antes de alejarse, Trecim me dirige una breve mirada.

-Trecim:...Llévatelo, Gya. Voy a asegurarme de que este no nos sigue.

Sin dudarlo dos veces, Gya y Gasha se alejan. Me dejo caer en la pared.

-Trecim:Eres Maximirusu, ¿verdad?

Me paso la lengua por los dientes. Todos en su sitio. Escupo la sangre que tengo en la boca.

-Yo:Mis padres no me advirtieron que mi amigo de la niñez era un macarra que asaltaba a gente.

No dice nada.

-Yo:¿Vas a ayudarme a volver a casa o qué?

Coge mis cosas del suelo y se me acerca. Poniéndose a mi altura, me permite apoyarme en él. Cada paso viene acompañado por un crujido de dolor.

-Trecim:...Es complicado, Max.

En lugar de llevarme a casa, nos dirigimos a un hospital. Allí me preguntan que me ha ocurrido. Decido mentir y echar las culpas a terceros. Si tengo a alguien que se junta con gente tan peligrosa como Gasha cerca de casa, necesito tenerlo de mi lado para sacarle información. Por supuesto, esto es si decide soltar prenda.

Por supuesto, mis padres no tardan en llegar. Los médicos les informan de lo ocurrido. También nos comunican que voy a pasar la noche en observación porsiaca. Llorando, mi madre se acerca y abraza.

-Yo:Tranquilos. Ha sido mala suerte solo. Por suerte, Trecim estaba allí para ayudarme.

El daime'é anaranjado asiente rígidamente.

-Yo:Además, Blake seguro que consigue sanarme rápidamente.

-Viann:¡No podemos dejar que te vayas así, hijo!

-Teeruoh:¡Aunque te cure, será peligroso!

El doctor y Trecim intercambian una mirada.

-Doctor:No es conveniente que hagas esfuerzos si quieres recuperarte correctamente, Maximirusu. -Se gira a mis padres.- Será mejor que dejen a su hijo descansar por ahora.

Dudosos, terminan por salir de la habitación. Antes de salir, detengo a Trecim.

-Yo:Gracias por todo, amigo.

En sus ojos se discierne un brillo de culpa antes de salir de la habitación. Agotado y dolorido, apenas me da tiempo a pensar antes de caer rendido.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Jue Oct 04 2018, 01:58

Varios pedazos de desechos espaciales se acercaron a planeta, desintegrándose contra su atmósfera tan rápido como habían entrado, dejando nada más que una mera estela luminosa de lo que una vez fueron. Tan bellas como eran las lluvias de estrellas desde tierra, observarlas desde allí arriba era todo un espectáculo. La sala de observación no era demasiado grande, casi como mi antigua habitación, solo que esta contaba con un enorme cristal reforzado que subía desde el suelo hasta llegar al techo, dónde se fundía con este en una bóveda de horno. Rodeado de innumerables estrellas y con Gehena a tus pies, se respiraba una paz en aquel lugar que era difícil de encontrar en el resto de la estación. El sonido de la puerta abrirse no tardó en romper aquel apacible silencio. Griffith entró suspirando, mirando una pequeña PDA mientras se sentaba en uno de los asientos que había repartidos por la sala, haciendo caso omiso de mi presencia.

- Yo: Ejem.

Casi le cayó el aparato de las manos.

- Griffith: Joder, Xalcer. - dijo llevándose una mano al pecho al verme. - He podido sentir cómo se me saltaba un latido y todo.

- Yo: Perdona. - me disculpé, aguantando la risa al ver cómo se le habían inflado todas las plumas del cuello. Me levanté a encender las luces, recordando tarde que podía simplemente pedírselo a Irala.

- Griffith: ¿Por qué te sientas en el suelo? - preguntó al volver a mi sitio, viendo el resto de asientos libres.

- Yo: Estoy mejor así. Me resulta un poco incómodo sentarme sin un hueco por el que no me moleste la cola. Y de las alas ni hablemos.

- Griffith: ¿Has seguido ejercitándolas como te dije?

- Yo: Eh... - Lo había olvidado por completo. Griffith se apretó la parte superior del pico mientras inspiraba ampliamente con los ojos cerrados.

- Griffith: Necesitas fortalecerlas si quieres llegar a poder volar.

- Yo: Lo sé, lo sé...

Griffith se reclinó en el asiento y abrió el libro que traía bajo el brazo, sacando un marca páginas con forma de pluma y reanudando su lectura. No mucha gente parecía pasar por allí, así que era un lugar ideal para relajarse sin ruidos ni interrupciones. Por mi parte no supe muy bien qué hacer. Era bastante incómodo estar los dos allí solos sin decir nada. Todas nuestras conversaciones se habían centrado en y sobre mi entrenamiento, nada más. Pero por otro lado marcharme sin más podía ser descortés, sin contar que no tenía nada que hacer hasta que llegara la hora de la cena.

- Griffith: Es precioso, ¿verdad?

- Yo: ¿Eh? - Parpadeé varias veces, saliendo de mi ensimismamiento. Me había quedado mirando a la nada como un idiota. - Sí, sí que lo es.

- Griffith: Merece la pena haber salido de la habitación por una vez, ¿eh?

- Yo: Oh, ja, ja. - reí con falsedad, abrazando mis piernas y apoyando la cabeza sobre las rodillas. Un convoy de naves partió del planeta pasando a cientos de kilómetros frente a nosotros y desapareciendo en la inmensidad del espacio en un parpadeo. Extendí una mano hacia las estrellas. - Aún no puedo creer que todo esto sea real.

Cerré la mano, atrapando todo Gehena dentro de mi puño. Griffith no dijo nada. Ni siquiera sabía si prestaba más atención a lo que estaba diciendo o a su libro, aunque la verdad es que no me importaba hablar solo.

- Yo: Recuerdo cuando jugaba de pequeño, imaginándome cómo sería vivir en el espacio sin gravedad o luchando contra monstruos de más allá de las estrellas. Je, pero qué tonto era por aquél entonces. - susurré con una pequeña sonrisa, rememorando aquellos lejanos recuerdos. - Creces pensando que el espacio no es más que una fantasía imposible de alcanzar, un futuro lejano que solo puedes esperar ver en películas o libros. Por eso se les llama de ficción. Y aún así, aquí estoy, a nosecuantos años luz de la Tierra, en una estación espacial de alta tecnología, rodeado de cientos de especies diferentes, después de haber puesto el pie en otro planeta...

Una ligera presión comenzó a hacerse presente en mi pecho conforme hablaba. Me detuve unos segundos a tomar aire, enjugándome las lágrimas que había dejado escapar sin darme cuenta. Nunca antes había sentido morriña, era una sensación completamente desconocida para mí. Sonreí amargamente, imaginándome lo estúpido que debía parecer en aquellos momentos.

- Yo: ...Perdón. - me excusé dándome un par de golpecitos en la cara, recuperando un poco la compostura.

- Griffith: No tienes porque darlas. - oí a mis espaldas, seguido de una pausa y el sonido del libro cerrarse. - Lo extrañas, ¿verdad?

- Yo: Sí...

- Griffith: Puede que sea duro, pero debe ser agradable, ¿no? El tener algo o alguien que añorar.

- Yo: Más bien agridulce. - susurré encogiéndome un poco entre mis alas. - ¿No echas tu de menos a tu familia, o tus amigos?

- Griffith: La EXI es mi hogar. - respondió con calma, y un cierto tono de melancolía en su voz. - Los demás nos criamos y crecimos aquí, en la estación. Y lo mismo hubiera ocurrido contigo si no hubieras desaparecido.

- Yo: ¿Los demás? - Los engranajes de mi cabeza comenzaron a girar, uniendo las piezas de aquel puzzle. Apoyé una mano en el suelo a mis espaldas, volviéndome confundido hacia ella.

- Griffith: Híbridos, sí. - dijo respondiendo a mi pregunta aún sin formular.

- Yo: Entonces tu...

- Griffith: Espera, ¿no lo sabías? - preguntó sorprendida. Negué con la cabeza.

- Yo: Pensaba que eras un grifo o alguna especie parecida.

- Griffith: No sé qué es eso, pero te puedo asegurar que esto no es natural. - aclaró mientras señalaba con su garra las partes de águila y león de su cuerpo. - ¿En serio no te dijeron nada?

- Yo: Solo que había unos cuantos más como yo en la estación, no especificaron quienes. La verdad es que con todo lo que ha pasado lo olvidé.

- Griffith: Aytir... - maldijo exhalando con fuerza por los orificios de su pico.

- Yo: ¿Por eso te pusieron a cargo de mi entrenamiento?

- Griffith: Principalmente. Pensaron que el cambio te resultaría más llevadero junto con alguien que compartiera tu condición.

- Yo: ¿Tu también tuviste que "cambiar" como yo?

- Griffith: En mi caso no. Al nacer aquí en la estación no hizo falta ocultar mi verdadero cuerpo, así que lo que ves ahora mismo es tal y como salí del huevo.

Jugueteó con su plumaje mientras decía eso, apartando la mirada. Dejó de hacerlo al ver que aquella respuesta no parecía alentarme demasiado, adoptando un semblante más sereno.

- Griffith: Sé que no se puede comparar con lo que debes estar pasando ahora mismo. Pero si hay algo de lo que soy experta es sobre ser un híbrido, ser... diferente, y reconozco que a veces puede no ser nada fácil.

Con paso suave se acercó a mí, arrodillándose para estar a mi nivel.

- Griffith: No tienes por qué pasar por ello tú solo. - dijo poniéndome una mano en el hombro. - Si alguna vez necesitas hablar o algo, sabes que puedes contar conmigo.

Ya fuera un ofrecimiento honesto o solo por obligación, aquello hizo que me llenara una cierta calidez que extrañaba desde que todo comenzó: el saber que no estás solo.

- Yo: Gracias, Griffith... - agradecí con una tímida sonrisa que ella me devolvió.

- Griffith: No tienes por qué darlas. - respondió quitándole importancia a la vez que se levantaba. - Tenemos que cuidar los unos de los otros.

Tras comprobar la hora en su PDA, cogió su libro y se dirigió hacia la puerta.

- Griffith: Voy a pasarme por las habitaciones a cambiarme antes de la cena. ¿Te apetece venir?

- Yo: Creo... Creo que me quedaré un poco más, gracias. - respondí tras pensarlo un poco. - Hay muchas cosas que necesito procesar aún.

Con una breve despedida, salió por la puerta apagando las luces de camino. A oscuras, con un miral de estrellas ilumando mi rostro, me quedé solo de nuevo coni eterno compañero, mis pensamientos.
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Dom Oct 07 2018, 02:15

Llega la mañana, y con ella el dolor de los golpes de ayer, atenuado por los analgésicos que me están administrando. Quien está a mi lado no es otro que Trecim. Alargo la mano para despertarle. Sobresaltado, mira a su alrededor.

-Trecim:¿Cómo estás, Maximirusu?

Me quedo mirándole.

-Yo:¿Dónde están Teeruoh y Viann?

-Trecim:Tus padres están en casa. Llevaban toda la noche aquí, así que les dije que les relevaría.

La puerta está cerrada. Es el momento.

-Yo:No te conozco, Trecim, pero mis padres...Teeruoh y Viann me han contado algo de ti muy diferente a lo que vi ayer. Quiero pensar que llevan razón. Que paraste a ese energúmeno y que fuiste el único que no me pegó por algo. Algo...No sé como decirlo en pollux...Que no sea solo porque hayamos sido solo porque éramos amigos de niño. Pero necesito que me cuentes lo que ocurre.

-Trecim:No es tan fácil...

A la porra.

-Yo:Podría ayudarte.¿No viste lo que hice con el tal Gasha?

Trecim no dice nada durante unos segundos. Finalmente, asiente.

-Trecim:Está bien.

Le extiendo la mano. Él se queda mirándola, extrañado.

-Trecim:¿Qué estás haciendo?

-Yo:Donde me he criado, dar la mano es el gesto para cerrar un trato. Para demostrar que confías en esa persona.

Dubitativo, la estrecha. Saca un pequeño ídolo de su camiseta. De un colgante, un ídolo de madera de un pequeño mamífero pende.

-Trecim:En Pallex lo juramos sobre el Kehafka que nos eligió.

Saca una garra y, tras hacerse un corte en el un dedo, deja caer unas gotas sobre el ídolo.

-Trecim:Te prometo contarte todo lo que ocurre, Maximirusu.

El ídolo absorbe la sangre y, durante un momento, brilla.

-Trecim:Imagino que no has tenido tiempo de ir al Qkweu todavía, pero te creo.

No tengo ni idea de lo que dice, pero asiento. Pido a mi aparente amigo de la infancia temprana que llame a mis padres. Mientras sale, Blake aparece en mi cuarto. Trecim se queda paralizado ante el caomante.

-Yo:Por favor, déjanos a solas. Y, por favor, ve a llamar a Viann y Teeruoh.

Trecim parece dubitativo durante un instante, pero acaba por hacer lo que le pido.

-Blake: ¿Un mal día?

-Yo:Me duele todo, Blake. Y encima parece que este chaval está metido en algo turbio.

-Blake: Parecía buen chico cuando le conocí. -Le miro con curiosidad.- Antes de enviarte a la Tierra no os separabais. O eso parecía cuando os conocí.

Incómodo, miro a un lado. El caomante se sienta.

-Blake: ¿Te está sirviendo estar aquí?

-Yo:...No lo sé. Todavía me cuesta asimilar todo esto. Parece que ha sido mucho tiempo, pero en realidad han sido un par de semanas o así desde que descubrí el pastel. Ya no solo el hecho de ser daime'é que, créeme, se me está haciendo cuesta arriba. Sólo adaptarme a mis nuevos sentidos ya es un reto. Viann y Teeruoh intentan acercarse a mi, pero no...No. No estoy listo para llamarlos "papá y mamá".

-Blake: No puedo llegar a imaginarme por lo que estás pasando. -Me pone una mano sobre una de las mías.- Y sé que ahora mismo no te sirve de nada, pero tienes a unos padres que te quieren. Entiendo lo que dices, pero son tus padres, Maximirusu. Los diez estáis igual. Los Estelas me refiero.

-Yo:Esto no es como uno de mis roles de Internet. La realidad duele. Duele mucho. Y los cambios vienen en forma de bofetada. Quiero aceptarlos, Blake. Quiero llegar a pensar en ellos como mis padres, pero... -Noto como se me hace un nudo en la garganta a la vez que empiezo a lagrimear.- Siento que traicionaría a mis padres de la Tierra si hiciera eso.

El gyuxax se levanta y me abraza. Siento sobre mi cabeza como una lágrima cae. Aun cuando cesa mi llanto, Blake tarda un poco en dejarme ir. Me sueno la nariz e intento sonreírle.

-Yo:Quizás sea una tontería, pero es algo a lo que no dejo de darle vueltas.

Viann, Teeruoh no tardan demasiado en llegar. Blake les pide unas palabras en privado, llevándoselos con ello a su mundo para evitar atraer la atención de más daime'é. El médico pasa a revisar mi estado mientras tanto, momento en el que le ruego que me deje ir. Parece no poner pegas, siempre y cuando guarde reposo suficiente. Al parecer esta ha sido solo una noche de observación. Porsiaca.

-Viann:Por favor, hijo...No puedes irte ahora.

-Yo:Tranquila. Estaré en casa a la hora de cenar.

-Teeruoh: Maximirusu, todavía no estás recuperado. No podemos dejar que te vayas.

-Blake: Tranquilos, que yo estaré con él en todo momento. Nada le ocurrirá mientras esté bajo mi protección.

Por supuesto, las protestas no cesan ahí.

-Yo:Mirad, que no va a pasar nada. Solo voy a conocer a los otros 9 que fueron escondidos de niños. Blake me traerá de vueltas en un par de horas como mucho, ¿verdad? -El caomante asiente.- No hay más. Así que dejadme ya.

Me lanzan una mirada que no sé identificar. Una mezcolanza de tristeza y enfado.

-Yo:Vámonos, Blake.

Blake vacila durante unos instantes, pero acaba por abrir el portal. Cojo la bolsa y atravieso el portal.

-Blake: Maximirusu, no hables así a tus padres.

-Yo:Blake, no. Ahora no.

-Blake: Ahora sí.

-???:¡Hey, Blake!

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MensajeTema: Re: Dimensions   Lun Oct 08 2018, 17:51

Oigo gotas caer sobre líquido. ¿Será agua? No. El silencio es total salvo por ese sonido. Me han agarrado. Siento que me levantan. Siento el frío en mi piel. No puedo abrir los ojos. Las gotas siguen cayendo. Ahora me bajan y tengo la sensación de que me restriegan por una superficie pringosa. Vuelven a levantarme, esta vez elevándome a más altura. Un apestoso aliento me golpea de frente. Finalmente consigo abrir los ojos. Es en ese momento cuando horribles imágenes asaltan mis ojos. Un segundo. Menos quizás es lo que ha durado. ¿Que qué he visto? Puede que fuera algo… ¿”inenarrable”? No, olvídalo, no sabría realmente cómo describirlo. Al momento de siquiera empezar a pensar en ello, me despierto.

Me despierto bruscamente, jadeando, con la vista borrosa, cosa que no me impide mirar en todas direcciones, como si buscara desesperadamente algo familiar. Voy recuperando la visión, aunque noto cómo tengo algo envolviendo mi cabeza.

-Ma’Riagg: Franky, sé que tendrás muchas preguntas, pero necesitamos que estés calmado. Han hecho todo lo que han podido.

-Yo: ¿Q-qué ha pasado? ¿Qué me han hecho? ¿Que-que-qué-?

-Michelangelo: ¡Di “qué” una vez más!

-Ssh- trata de silenciar una voz más que no reconozco. Diría que pertenece a una mujer de mediana edad-. Necesito que estés quieto para retirar la venda correctamente- escuchar eso no es tranquilizante, pero me quedo paralizado por la expectación mientras dejan al descubierto mi cabeza-. Listo. Imagino que querrás verte.

Mi visión termina de regresar. Parece que estoy en la habitación de un hospital. Veo a una mujer adulta vestida con la típica bata de laboratorio por encima. Bastante avanzada en edad, luce cabello rizado y totalmente blanco por las canas. El blanco de sus ojos está… bastante enrojecido. Combinando eso con una piel muy pálida, el resultado es un tanto inquietante. Coge un pequeño espejo de una estantería y me lo ofrece. En un momento de tanta confusión para mí, no rechisto en hacer lo que se supone que esperan de mí. Aunque vacilo un poco al principio en mirarme en el cristal, paro de pensar por un momento y simplemente lo hago. Nada. No veo nada extraño en mi reflejo. Mi cara es como siempre. Sigo confundido, pero al menos estoy algo más aliviado.

-Michelangelo: Vaya, esperaba algo más horrible.

-Ma’Riagg: Cierto, desde luego tenía mis expectativas.

-Yo: … ¿Me podéis decir ya qué ha pasado?

-Mujer: Al parecer sufriste una parálisis en toda la mitad derecha del cuerpo y te desmayaste debido el shock. Tus amigos te trajeron al hospital y, tras recibir nuestro tratamiento, parece que te has recuperado muy bien. En cuanto a la causa… no pudimos encontrar nada.

-Ma’Riagg: Franky, ella es la Dra. Apothek, médica jefe de este centro y quien te atendió.

-Dra. Apothek: Puedo darte el alta- dice mientras mira unos informes-, pero me gustaría que vinieras la próxima semana para que te echemos un vistazo.

-Yo: Pero… No creo que vaya a estar la semana que viene en este planeta- digo para mí mismo en un susurro-.

-Dra. Apothek: Pues más allá de que cuidéis vuestra alimentación, ya que os veo con muy mala piel, no tengo nada más que deciros. Podéis marcharos- tengo algo de miedo al poner de vuelta los pies en el suelo. No tardo en comprobar que puedo andar con normalidad de nuevo-. Ay, esta cabeza mía- se dirige a la tortuga flotante, quien en ningún momento se había molestado en esconder su identidad-. Eres un Guarda de Luz, ¿me equivoco?

-Michelangelo: Sí. Imagino que ya nos conoces.

-Dra. Apothek: Los tuyos jamás fueron muy discretos en este mundo. Hay alguien quien quiere verte, en la habitación número 262.

-Michelangelo: Derechito que vamos.

Y así lo hacemos, sin consultar a nadie más. Entramos en la mencionada habitación. Es igual a la que yo estaba minutos atrás. Vemos a un hombre de piel gris postrado en la cama. A parte de la vestimenta de hospital, la cual llevaba yo también antes de cambiarme a mis ropas habituales, la parte superior izquierda está cubierta por vendas, junto al ojo de ese lado.

-Yo: ¿Es éste…?- no me decido entre decir “amigo” o “compañero”-.

-Michelangelo: Sí- se acerca volando al ocupante del cuarto-. Beggar, ¿qué te ha pasado?- el pobre moribundo gira su cabeza para ver mejor al reptil volador. Éste se detiene a mirar de arriba a abajo al paciente. No tarda en formar una mano de luz con la que levantar la manta y así descubrirnos que quien está acostado le falta el brazo derecho y sus dos piernas hasta la altura de las rodillas-. ¿Quién te ha hecho esto?

-Beggar: … Fue un monstruo- su voz es áspera y muy tranquila, como si fuera a dormirse en cualquier momento-. El mayor monstruo que jamás haya enfrentado. Ya debes de haber visto lo que le ha hecho a esta ciudad. Fue horrible. Pero ya no importa.

-Michelangelo: ¿Que no “importa”? ¡Te ha arrancado extremidades, imbécil!

-Beggar: Ya está contenido y lejos de este planeta. No gracias a mí. No gracias a la Central, que ignoró todas mis llamadas- la tortuga no dice nada, como si pensara que es justo lo que le ha pasado a él-. Porque no serás “los refuerzos” que tanto me hicieron falta, ¿o sí?- Michelangelo niega con la cabeza-. ¿Entonces porqué estás aquí?

-Michelangelo: Por respuestas. Pensé que podrías decirme qué le ha pasado a la Central.

-Beggar: Siento decepcionarte. No tengo ni idea de por qué nos han abandonado así como así.

-Michelangelo: ¡Tiene que haber una buena razón!

-Beggar: ¿Tengo pinta de que me importe eso ahora? Encarguémonos de un problema a la vez, ¿te parece? He pedido que te llamaran por otra razón.

-Michelangelo: … Te escucho.

-Beggar: Es sobre lo que detuvo a esa cosa que se llevó mi brazo y mis piernas.

-Michelangelo: Pensé que ya no importaba.

-Beggar: La criatura no. Me estoy refiriendo a una fuerza oscura. Algo salvó esta ciudad, pero a cambió la sometió para sus propios propósitos.

-Michelangelo: ¿Qué te hace pensar eso? Yo he visto bastante contenta a la gente de aquí.

-Beggar: Es lo que les hacen creer a ellos. Lo que quieren que creamos, pero todo es una fachada. Por las noches se oyen gruñidos y mucho movimiento, como si soltaran a una jauría de bestias cada vez que se pone el sol. Hay hasta gritos, pero nadie reporta a las autoridades. Luego también está el tema de que han habido múltiples desapariciones desde que me dejaron así. O no han dejado rastro o ni se molestan en buscar a las víctimas. No sé qué me inquietaría más.

-Michelangelo: De acuerdo, suena mal.

-Beggar: Hay una última cosa que me llama la atención.

-Michelangelo: ¿Sobre qué?

-Beggar: Todos los días, desde que fue vencida la criatura que asoló la ciudad, sin excepción, los habitantes de la ciudad van a almorzar a la misma cadena de restaurantes de comida rápida; “Sonrisa Feliz”.

-Yo: Estoy casi seguro de que eso sonaría mejor en inglés- comento para mí mismo-.

-Michelangelo: No es lo que esperaba como "último misterio a mencionar".

-Beggar: Por favor, tómatelo en serio. Esta es mi petición, Michelangelo. Te lo pido como Guarda de Luz. Y como amigo. Investiga sobre “Sonrisa Feliz” y las desapariciones. Puede que se traten de fenómenos aislados, pero ya sabes lo conspiranoico que suelo ser. Y lo poco que suelo equivocarme- mueve la mano que le queda a duras penas-. Sabes que investigaría yo mismo, pero ya ves cómo estoy.

-Michelangelo: ¿Y tu anillo?

-Beggar: Lo perdí en la batalla. Así como debería haber pasado con mi vida.

-Michelangelo: No digas eso. Resolveremos esto en seguida y volveremos al asunto de la Central.
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MensajeTema: Re: Dimensions   Vie Oct 12 2018, 03:11

Un ser pequeño, rechoncho y con una gigantesca hendidura como boca es quien nos saluda. A su espalda se alza una fortaleza de dimensiones titánicas. Blake se acerca a él y se arrodilla.

-Blake: Maestro.

El aparente maestro de Blake hace un gesto para que se levante. Tras darle unos toquecitos en el brazo, dirige su mirada hacia mi.

-M.B.:Así que tu eres uno de esos Estela, ¿eh? -Asiento y, tras indicármelo, me acerco.- Veo que Blake ha hecho un buen trabajo cuidándote. Yo soy Ygksza, el maestro de Blake. Tu eres Maximirusu, ¿verdad? Este de aquí me ha hablado de ti, sí. Cambiar de humano a daime'é ha tenido que ser traumático desde luego. Un cambio muy brusco para alguien tan joven.

Se me queda mirando.

-Ygksza:Hm...¿Podrías generar un poco de energía, joven? -Miro a Blake, buscando su aprobación.- Tranquilo, hijo. Aquí nadie podrá detectarte.

Hago lo que pide, creando el mismo destello que la primera vez que usé. Saca a relucir una gran sonrisa.

-Ygksza:Oh, esto le va a encantar...

-Blake: Perdón, maestro...

-Ygksza:¡Ah, sí!¡Le esperan los otros, claro! -Me da unas palmaditas en una pierna.- Encantado de conocerte, Maximirusu. Esperaré deseoso nuestro próximo encuentro, y espero que me cuentes algo más de ti.

Sin dejarme decir siquiera una palabra, crea un portal y se va.

-Yo:Un tipo...interesante.

-Blake: Siempre va con prisas mi maestro. Tómale la palabra, Maximirusu. Si quiere hablar contigo, acabará enganchándote.

Blake me guía hacia el interior de la fortaleza. El muro que nos encontramos, sin puerta alguna, se abre ante nuestra presencia, lo cual parece estar pensado para evitar ataques externos.

-Blake: Como ya sabes, siempre tenemos que tener cuidado con la Hermandad. A pesar de que estamos en un lugar en el que teóricamente no pueden alcanzarnos, nunca está de más la seguridad. Es por ello que los muros externos sólo se abren ante la presencia de uno de nosotros, así como otra serie de mecanismos dentro de la Grieta.

Blake me guía por diversos pasillos, bordeando las zonas centrales. Al final llegamos a un pabellón. En una de las entradas nos esperan dos personas. Una de ellas es lo que parece ser un cúmulo de vapor antropomorfo contenido en un traje. La otra es algo que identifico claramente de televisión: un splixson.

Spoiler:
 

-Figura gaseosa:Solo estamos nosotros, Blake.

-Blake: Hola, Hzasz.

El splixson da un paso al frente y me ofrece la mano.

-Deveios:¡Hola, chaval!¡Soy Deveios Plox!

-Yo:Ah, uh...Maximirusu Pauaa.

-Deveios(tras estrecharme la mano):¡Vaya nombre, Max!¿Te importa si te llamo Max?Tu nombre suena parecido a eso.

-Yo:Claro.

-Hzasz:Quizás deberíais ir entrando, Deveios. Con suerte, los demás no tardarán mucho en llegar, e imagino que...¿Misheru? y tu querréis hablar.

-Deveios:Oh, sí. -Se gira y me coge la mano.- ¿Vamos entrando?

Tras despedirme de Blake y del tal Hzasz entramos en el edificio. Tras un pequeño pasillo encontramos una sala con 10 mesas alrededor. Algunas con tamaño humano. Otras, altas como casas de una planta. Incluso hay una que mide como una mano de ancho.

-Deveios:Los Diez Estelas reunidos por primera vez, ¿eh?

-Yo:Va a ser algo interesante. A saber que serán los demás. Tu eres un splixson, ¿no?

-Deveios:Sí. Del planeta Hathor. La televisión terrestre me da esa facilidad para presentarme. No me gustaba la serie esa, Ben 10, pero que le vamos a hacer. -Me mira de arriba abajo.- ¿Y tu?

-Yo:Daime'é. De Deia.

Cogemos un par de sillas y nos ponemos cómodos. Un par de vasos con agua aparecen a nuestro lado.

-Deveios:Es un idioma curioso el que habláis en tu planeta. O debe serlo, viendo cual es tu nombre.

-Yo:Ah, no. En Deia hay 4 continentes y, en cada uno, varios idiomas. En Pallex, el país del que vengo, se habla pollux.

-Deveios:Y yo que creía que las mierdas esas de que en otros planetas se hablaba un solo idioma y el clima era de un solo tipo. En Hathor se habla un solo idioma, de hecho.

-Yo:De todos modos aquí no va a haber problema para comunicarnos, con eso de que hacen que todos nos entendamos.  Yo me he criado en España por ejemplo, y no sé cuantos de vosotros habláis español. Aunque el inglés pueda ser un punto intermedio, claro.

-Deveios:Pues imagínate yo, que me he criado en Francia. Pero oye, que está bien lo del sistema de comunicación.

Nos quedamos en silencio. A pesar del primer intento de conversación, intentar establecer una conversación a palo seco da algo de apuro. Pasados unos minutos entra otro más en la sala. Otra en esta ocasión, pues parece ser una mujer pez.

Spoiler:
 

-Galor: Buenos días, chicos. Soy Galor Zor. -Nos presentamos, tras lo cual se sienta cerca de nosotros. Tras esto, los demás no tardan en llegar. Uno de ellos resulta ser un galvano, pequeño y ágil, el cual necesita nuestra ayuda para subirse a la mesa. Al presentarse descubrimos que su nombre es Zekkan.

-Zekkan: Os agradezco la ayuda. Quien ha estado cuidando de mi decidió que era buena idea que entrase solo pero, como podréis comprender, las distancias no son el fuerte de un individuo de cuerpo pequeño.

Zekkan Dall:
 

Una vibración llega a mi oído, anunciando la llegada de otra de las Estelas. Alta como una montaña, alguien que podría pasar por descendiente de Anubis entra en la habitación y, sin decir nada, se sienta.

???:
 

Un golpe. Otro. Seguido por un tercero, una figura sin ojos entra en la habitación. Deveios se acerca y la guía hasta la mesa. Cuando llega a donde estamos, y a pesar de los intentos de comunicarnos con ella, se deja caer en una silla como buenamente puede.

Aajax Flimburt:
 

Otro individuo entra en la habitación dándo un portazo. Con ojos hostiles, recorre toda la estancia.

Spoiler:
 

-Gyu:¡¿Qué coño estáis mirando, putos aliens?!

-Deveios:Tranquilo, amigo. Todos aquí estamos igual.

El recién llegado se nos acerca y coge al splixson por el peto.

-???:¿Algún problema, capullo?

Le cojo del brazo que sujeta a mi compañero.

-???:¿Tu también buscas pelea, zorro deforme?

En vez de responderle, saco las garras y le hago un arañazo en la mano, lo que le obliga a soltar al splixson.

-???:¡¿Cómo te atreves, felpudo?!

-Yo:Mira, ayer ya tuve dosis suficiente de macarras como tu, así que déjate de mierdas.

-??????:Uuuuuuh. Que ambiente más hostil.

En otra de las puertas acaba de aparecer otra de las Estelas.

Brist Lea:
 

-Brist: ¿Vais a hacer que la pobre Brist se ponga triste?

Revoloteando, se acerca al agresor y espolvorea algo de la flor de su cabeza. Al poco, el chico hostil parece relajarse.

-Brist:Bien, bien. ¿Vamos a sentarnos?

Los dos van a sentarse, ahora con los ánimos más calmados. El splixson y yo hacemos lo propio. Las manos me tiemblan.

-Deveios:Gracias por la ayuda. No sé que le pasará a ese tipo, pero vaya.

-Yo:Pensaba que con esto de...no sé...haber vivido una vida que no es la tuya hasta ahora y descubrir esto le bajaba los humos a cualquiera. -Miro al Estela insectoide.- Pero parece que me equivocaba.

Deveios se me queda mirando.

-Yo:...¿Qué?

-Deveios:¿Has tenido problemas en casa?

-Yo:Ayer me dieron una paliza y, bueno, descubrí aún más cosas. Las sorpresas nunca vienen solas, imagino.

La puerta se abre nuevamente. Por primera vez, la aparentemente familiar de Anubis abre la boca, y es para soltar un grito. Al mirar a la puerta vemos por que.

Bichoqueasustalgrupo:
 

De un salto me subo a la mesa, asustado.

-Bicho:No manches...

Se acerca a nosotros y nos ofrece una de sus rígidas manos.

-Dareka: Soy Dareka Gol. -Le estrecho la huesuda extremidad.- Lamento si les asusté.

Me doy cuenta, sorprendido, de mi situación actual. Me bajo de la mesa, algo azorado.

-Yo:No deberíamos haber actuado así.

-Dareka:Entiendo que mi aspecto pueda asustarles, tranquilo. -Mira ahora a la del grito.- ¡Oiga!¡Siento haberla asustado!

-Dehena:...Solo me he sobresaltado...Soy Dehena, por cierto.

-???:¡Y yo Ies!

En la puerta está la única de nosotros que faltaba.

Ies Pyfer :
 

Una vez listos, nos sentamos alrededor de la mesa. Nos quedamos en silencio durante un rato, mirándonos los unos a los otros.

-Brist:Creo que deberíamos ir presentándonos, ¿no? Si os parece, empezaré yo. -Se pone en pie y revolotea sobre la mesa.- No hace falta que os diga mi edad, claro, pero sí que me crié como Hannah Stevens en Canadá. Realmente me llamo Brist Lea, y soy de un planeta llamado Partalen. Es bastante pequeño, y la vegetación es abundante en la zona de la que soy. Mi especie se llama "sainoe", y quizás alguno de vosotros me conozca como la que "no puede comer nada que proyecte sombra". La verdad es que el cambio ha sido chocante, pero la tribu en la que vivo me ha hecho adaptarme rápidamente a los cambios.

-Deveios:Esto parece una reunión de alcohólicos anónimos, ¿eh? -Todos soltamos una risita.- Antes me llamaba Damien Lavigne, y era de Francia. Para mejor o peor, eso ha quedado atrás. Me llamo Deveios Plox ahora. Llamadme Dev si preferís. Si veíais la tele de pequeños, quizás conozcáis mi especie, pues salía en Ben 10. Es evidente que entre el equipo productivo habían personas que tenían contacto con mi especie, los splixsons. Soy de Hathor, que es bastante parecido a la Tierra, aunque todos hablamos un mismo idioma. En cuanto a los cambios...Bueno, la primera semana fue dura. Pero no puedo negar que es una pasada este cuerpo. Bien es verdad que de vez en cuando me llevo un día más deprimido, pero voy bien. A fin de cuentas... -Ante nuestros ojos, se duplica- ¡Nunca estoy solo!

Vuelve a ser un solo ser a la vez que se sienta. Se levanta ahora el macarrilla.

-Gyu: Dicen que me llamo Gyu Skrats, pero como no me llaméis Eiji os partiré la boca. ¿Queda claro? Vengo de Japón, y por culpa de esta mierda he tenido que dejar a toda mi pandilla atrás, así que no me toquéis los cojones.

Sin nada más que decir, se sienta y pone los pies sobre la mesa. La "Anubis" decide ser la siguiente en hablar.

-Dehena: Soy Dehena Sut, aunque me crié como Nairne Gibbs en Escocia. Soy una pharah, del planeta Yumhur. Es desértico, y es por ello que mi especie decidió hacer contacto con la Tierra en Egipto hace tantísimos siglos. Pertenezco a un linaje antiguo, el cual me hace sentir orgullosa de lo que ahora soy. La cultura egipcia siempre me llamó la atención. Quizás sea por lo que realmente soy. En cualquier caso, me siento bien siendo Dehena Sut.

Todos nos quedamos en silencio, hasta que la ciega a la que Dev guió se presenta.

-Aajax:¡Que le den a Aslög Karlsson!Siempre he sabido que era diferente a las demás. Me sentía una entre un millón, como si fuera de otro mundo. ¡Y resulta que lo era!Yo, Aajax Flimburt, vengo de Houl, un planeta frío como el hielo. En la Tierra todos me miraban raro, pero desde que estoy en Houl me siento más aceptada que nunca. Habría que estar loco para no ver que esto es una pasada.

Creo que no se ha dado cuenta de la mirada que todos le hemos echado. Y, sinceramente, me ha sentado mal lo último que ha dicho.

-Brist:¿Y tu, ojos de panda?¿No tienes nada que decir?

Pesadamente, me levanto. Siempre me ha gustado exponer, pero ahora el mero hecho de estar frente a nueve personas me parece demasiado. Respiro hondo.

-Yo:Antes me llamaba Antonio José Calero. Vivía en España. Ahora sé que soy Maximirusu Pauaa. Llamadme Max si queréis, que sé que el pollux, el idioma que se habla en el país del que vengo, puede ser difícil. Soy un daime'é, del planeta Deia. Podéis pensar en mi especie como zorros, si es que queréis poner una equivalencia con la Tierra. Deia tiene ciertas similitudes con la Tierra, pero es más frío. La sociedad también tiene sus diferencias, claro. En casa me esperaba familia. Una familia que me quiere. Pero no...No estoy llevando bien los cambios. Me cuesta hablar con mis padres. Mirarme al espejo me provoca ataques de ansiedad a veces. He visto que algunos de vosotros, como Brist o Dev, habéis incluso a usar habilidades propias de vuestra especie. Es genial, pero a mi me parece abrumador. Yo quería solo una vida normal y ahora... -Los ojos se me anegan en lágrimas.- Agradecería vuestra ayuda. Perdonad.


Me siento mientras enjuago las lágrimas. Dareka se levanta.

-Dareka:Yo le entiendo, Max. Yo me llamaba Pedro Estévez, y era de México. Ahora soy Dareka Gol. Ionta, de donde somos los quan'los, es un planeta oscuro, donde mi especie puede camuflarse de los cazadores sin demasiada dificultad. Mi aspecto es aterrador. Hasta yo me asusto cuando me miro al espejo. Los cambios físicos también son duros. Me cuesta usar un celular con estas manos, por ejemplo. Andar por la Tierra antes de volver a mi planeta no fue fácil. Los niños huían llorando de mi. Las abuelas rezaban a la virgen de Guadalupe. Hasta mamá Dulce, la mamá de mi mamá, se santiguó cuando me vió. -En parte por sentirme mal por la reacción de antes, en parte por empatía, le pongo una mano en el brazo.- Creo que todos deberíamos ayudarnos a pasar este cambio.

Se sienta. Zekkan se pone en el centro de la mesa.

-Zekkan:Agradezco enormemente a mis compañeros Dareka y Maximirusu sus palabras, pues creo que es fundamental apoyarnos los unos en los otros en este brusco cambio que estamos atravesando. Previo a este cambio me llamaba Carter Button, y era de los Estados Unidos de América. Ahora soy conocido como Zekkan Dall. Tal y como ocurre con nuestros compañero Deveios mi especie, la galvana, era conocido por esa serie de televisión. Procedo del planeta Galvan Prime, donde la tecnología es increíblemente avanzada. Resulta fascinante observar esas maravillas, pero no brillan tanto como para eclipsar las dificultades que implican este nuevo cuerpo. Estando en la Tierra, cuando empecé a cambiar, empecé a aprender a tener cuidado con las personas al andar, dado que un simple niño humano podría llegar a matarme de un pisotón. Es por ello que apoyo la petición propuesta.

-Ies:Creo que os lo tomáis demasiado en serio. Vale, sí, no es una situación sencilla, pero tampoco hay para tanto.

-Zekkan:¿Tu nombre era, por cierto...?

-Ies:Ies Pyfer. Antes me llamaba Kayla Thompson. Australia, donde me crié, es muy diferente a Calrea, de donde realmente soy. Sí, parece el Infierno...un poquito. Pero no por ello me deprimo. Sigo adelante y ya.

-Galor:No es tan fácil. No cuando parece que has salido de una pescadería. En Al-lemat  todos lo parecemos. Los oucrvgherm se empeñan en que olvide que era Silke Klein. Que olvide Alemania. Pero no es tan fácil seguir adelante.

Suena una campana. Ante el espantoso ruido, no tengo otra que taparme los oídos.

-Zekkan:Imagino que se ha acabado nuestro tiempo.

Algunos de los demás se van. Nos quedamos Zekkan, Dev, Dehena, Dareka y yo. Desde aquí puedo escuchar a Galor discutir con Ies.

-Dehena: A decir verdad, aunque me sienta orgullosa de mi linaje, algunos días se me hacen difíciles.

-Yo:Debemos apoyarnos los unos en los otros. Sabéis lo de la Hermandad, ¿verdad? -Asienten- Mientras antes consigamos aceptar...Esto...*Señalo todo mi cuerpo*...Antes podremos empezar a prepararnos bien para lo que pueda pasar.

-Deveios:Que no significa que no podamos empezar a prepararnos ya, claro.

-Zekkan:Creo que Maximirusu dejaba implícito eso con su comentario. Y me parece una buena idea. Si conseguimos coordenar a nuestros...digamos "guías", quedar nuevamente mañana mismo.

Con esto acordado, salimos de la sala. Tras despedirnos, me reuno con Blake.

-Blake: ¿Todo bien?

-Yo:Bueno, ha sido un comienzo. A ser posible, algunos nos veremos mañana de nuevo.

-Blake: Eso está bien.

Tras abrir un portal y dejarme cerca de casa, emprendo la marcha hacia la misma. No es hasta ahora cuando recuerdo el dolor de ayer, lo cual me hace soltar una sonrisa. Llego a casa y abro con llave.
[Volvemos a todos en pollux]

-Yo:¿Hola?

La voz de Teeruoh me llega desde la planta de arriba.

-Teeruoh:¿Maximirusu?¿Puedes subir, por favor?

[Si queréis ver la comparativa de alturas o más datos de los Estelas, avisadme]

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MensajeTema: Re: Dimensions   Lun Oct 15 2018, 21:02

Estamos comiendo en una solitaria plaza de la ciudad en la que aún seguimos, Sdatt, apartados de los transeúntes. Fue Ma’Riagg quien tuvo la buena idea de traer provisiones de la Tierra. Estoy terminando un bocadillo de jamón y queso, mirando a mi “mascota” hacer otra cosa.

-Michelangelo: Listo- dice al momento de devolverme el dispositivo que traduce idiomas para mí. Un regalo de Órbita a los habitantes de la Tierra, quizá para ganarse la confianza popular. El aparato tiene un tamaño minúsculo y se puede colocar en una de las orejas. Mentiría si dijera que tengo la menor idea de cómo funciona, pero no lo noto en contacto con mi piel cuando lo coloco en su sitio-. Vamos a ver si ha funcionado. “Happy Smile”.

-Yo: Sí, ya me suena mejor. Gracias.

El Guarda de Luz había utilizado su anillo para reprogramar el dispositivo de manera que pudiera oír el nombre de la cadena de restaurantes en el inglés que conozco. Un pequeño capricho que la tortuga no ha tenido problema en concederme.

-Michelangelo: Y ahora a lo nuestro- dice al momento de devorar el último bocado de lo que a mi vista es pienso-.

-Yo: Espera, ¿de verdad tengo que ir también?- me sacudo las manos y arrugo en una bola el papel de aluminio que cubría mi bocata ya comido-.

-Michelangelo: ¿Cómo dices?- pregunta tratando de proyectar un tono intimidante-.

-Yo: Sólo digo que apenas he estado una hora en este planeta y he tenido que ir al hospital. Además, ya me he librado de ese Tamagotchi. No he vuelto a ver más mensajes desde que desperté.

-Ma’Riagg: ¿De verdad no sientes curiosidad por saber qué ha desencadenado esta serie de fenómenos en la ciudad?

-Yo: Sí, pero creo que mi aprecio por mi vida es mayor.

-Michelangelo: … ¿Podemos hablar un momento a solas, Franky?

-Ma’Riagg: ¿Por qué no puedo escuchar lo que tengas que decirle?

-Michelangelo: No te estoy pidiendo permiso, utrom. No me hagas usar el anillo.

Flota hacia delante y yo le sigo, dejando atrás a la alienígena encubierta.

-Yo: ¿Qué pasa?

-Michelangelo: Escucha, normalmente estaría encantado de apartarte de esto y mandarte a casa. Un simple civil no tiene lugar en una investigación policíaca, a menos que se requiera. Pero comprenderás que no puedo irme de aquí.

-Yo: Sí, es tu trabajo, lo entiendo.

-Michelangelo: A lo que me refiero es que tendrías que irte a la Tierra solo con ella- dice lanzando una mirada en dirección a Ma’Riagg-. ¿De verdad estás seguro de que quieres eso?

-Yo: … Mierda. ¿Pero crees que estaré más seguro aquí?

-Michelangelo: Yo te protegeré en todo momento. Nada es más rápido que mis reflejos o la luz de mi anillo.

-Yo: Ah… pues vale.

Ya “convencido”, volvemos junto a Ma’Riagg.

-Michelangelo: Dice que se queda. Ahora SÍ vamos a encargarnos de este asunto.

-Ma’Riagg: ¿Cuál será el primer paso?

-Michelangelo: Necesito una lista de los desaparecidos y sólo hay un lugar que se me ocurre que pueda tenerla.

Con esto dicho, nos acercamos a la comisaría de policía. Al entrar, me llevo la sorpresa de que el interior me resulta curiosamente similar a la comisaría de la GCPD, de la serie “Gotham”. Un agente nos recibe con una sonrisa en la cara.

-Agente: ¿Puedo ayudarles en algo?- se dirige a Michelangelo tras echarnos una mirada. Es evidente quién destaca más entre nosotros.

-Michelangelo: Soy un Guarda de Luz y estoy investigando las desapariciones que llevan ocurriendo desde que atacaron la ciudad. ¿Qué me puedes decir de eso?

-Agente: No sé de qué me habla, “señor Guarda”- le dice con una voz amable-. No he oído de ninguna desaparición reciente. De hecho, todo está muy tranquilo últimamente. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudar?

Noto cómo la tensión crece a mi alrededor. La tortuga mira callada. Primero al policía que tiene delante, luego al resto de agentes que parecen estar con sus cosas al mismo tiempo que nos observan. En el centro de la sala empiezan unas escaleras que conducen al despacho de quien, supongo yo, es el comisario, misma persona que también nos vigila atentamente. Respiro con lentitud, expectante.

-Michelangelo: No, nada más.

Se gira y vuela hacia la salida. Ma’Riagg y yo le seguimos. Una vez fuera y ya al otro lado de la calle, el reptil se detiene.

-Yo: … ¿Michel-?

-Michelangelo: ¡Me cago en la hostia! ¡Están todos metidos en el ajo!

-Ma’Riagg: ¿No es una acusación muy precipitada?

-Michelangelo: Mira, bonita- dice girándose hacia ella-, llevo el suficiente tiempo en este negocio como para saber cuándo un bastardo me miente en la cara. Joder, se supone que su trabajo es proteger a los ciudadanos. Y les han dado la espalda.

-Ma’Riagg: No parece que a ellos les importe- dice al ver a la gente pasar a su alrededor, con inquietantes sonrisas en sus rostros-.  

-Yo: Creo que me estoy pensando mejor en lo de volver a casa.

-Eh… disculpad- un muchacho de piel gris se nos acerca con timidez-. Mi nombre es Heffler y estoy de prácticas en el hospital Kranhaus.

-Ma’Riagg: Es donde ingresaste- me susurra-.

-Heffler: Vengo en nombre de Beggar. Supuso que vendríais a la comisaría y que no tendríais mucho éxito en reunir información, así que me pidió que os trajera esto- el Guarda no tarda en materializar una mano de luz con la que coger los papeles que nos ofrecen-. Son copias de informes médicos de pacientes que desaparecieron en el mismo hospital.

-Michelangelo: ¿En el hospital? ¿Allí también secuestran a gente delante de vuestras narices?

-Heffler: Le-le prometo que apenas sé del tema, señor. Desaparecieron de un día para otro, sin dejar rastro, sin que a nadie le parezca importarle.

-Ma’Riagg: No pareces estar tan contento como la mayoría de la población con la que nos hemos cruzado hasta ahora.

-Heffler: Sí, bueno, la verdad es que vengo de Kolv, mi pueblo natal. Llevo poco tiempo aquí, pero incluso cuando llegué, la gente ya estaba… Al principio me pareció muy bien; todos eran amables conmigo. Pero supongo que cambié de parecer cuando conocí al señor Beggar. Me contó que cosas extrañas están pasando en Sdatt.

-Michelangelo: Espera, ¿viniste de prácticas hace poco? ¿Sabiendo que un monstruo gigante había atacado la ciudad? No sabía que gustara tanto ese tipo de atracción turística.

-Heffler: Sí… supongo que si lo pones así, suena extraño. El caso es que no lo sabía cuando decidí venir y tomar la oportunidad que me ofrecieron. Ni yo ni nadie en realidad.

-Michelangelo: ¿Qué quieres decir?

-Heffler: Beggar me contó que, al parecer, no dejan que nada de ese incidente salga al mundo exterior.

-Ma’Riagg: ¿Retienen toda información sobre la criatura, las consecuencias que hubo por ésta y la forma que se usó para detenerla? Interesante.

-Michelangelo: Es extraño- le corrige antes de volver a dirigirse al muchacho-. Hay otra cosa que no entiendo. Si sabes que algo anda mal, ¿por qué sigues viviendo aquí?

-Heffler: Cre-creo que ya se lo he explicado, señor; No dejan que nada salga al mundo exterior.
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MensajeTema: Re: Dimensions   Sáb Oct 20 2018, 16:38

Pesadamente subo las escaleras. La planta de arriba se compone de un aseo, un dormitorio grande, una habitación que se usa principalmente como armario y mi dormitorio. Es allí donde me dirijo. Las paredes del mismo son de color albero. Frente a la puerta hay una ventana, la cual está cubierta por cortinas celestes.Junto a la misma hay un rótulo que, en pollux, tiene inscrito "No te rindas". La cama está a la izquierda de la puerta. Cerca de la misma se puede ver un armario de madera en el cual están colocados los libros que me tocan estudiar, la ropa...y las cosas que pude llevarme de la Tierra. Cada vez que las veo me hace plantearme si debería conservarlas o no. Si debería pasar página. A la derecha hay un escritorio y, junto a este, un pequeño sofá de dos plazas. Es ahí donde están sentados Viann y Teeruoh.

Sí, es un cuarto bastante grande, aunque todavía sigue medio vacío.

-Teeruoh:Siéntate, por favor.

Cojo una silla y me pongo frente a ellos.

-Teeruoh:Maximirusu, sabemos que estás pasando por un mal momento. De verdad que sí. Pero tienes que dejar que te ayudemos. No podemos dejar que te vayas como te fuiste antes, sin saber adonde vas.

-Viann:Mírate, hijo. Te estás quedando en los huesos. Te escuchamos por las noches. No duermes apenas y, cuando lo haces, no paras de gemir. -Me coge las manos. Sus ojos brillan por las lágrimas.- No puedes seguir así.

Miro al suelo. Quiero gritarles. Abrazarles. Quiero decirles que no tienen ni idea de todo por lo que estoy pasando. Que estoy bien. Pero todo es mentira.

-Yo:Perdonadme. Echo de menos mi anterior vida. Quiero aceptar esta, de verdad. Quiero llamaros papá y mamá sin que tenga que hacer el esfuerzo ni me sienta mal por ello. Pero no dejo de pensar que traicionaría a mis padres de la Tierra. Que me traicionaría a mi mismo. Sé que es una tontería, pero no puedo evitar pensarlo. Y los sueños...Los sueños no me dejan dormir. He conseguido recordar la noche en la que Blake me llevó a la Tierra. -Ahogan una exclamación.- "Eres el espíritu de la Navidad". Es un sueño que he tenido mucho desde siempre. Una figura vestida de oscuro y pálida me decía eso mientras yo estaba acostado. Siempre he pensado que era un personaje de una película que me daba miedo de pequeño. Que era Jack Skellington diciendo eso. Supongo que era parte del encanto. Ahora sé que era Blake diciéndo algo en pollux. Eng sheir irueliak. "Por favor, perdóname".

Me quedo en silencio. Los gongor trinan mientras buscan presas que llevar a sus nidos.

-Yo:La comida es buena, pero no tengo hambre. Duermo en una casa en la que...en la que sé que tengo unos padres que me quieren. Pero todo eso es demasiado. Y además hay millones de personas que me quieren muerto solo por existir. -Suelto un llanto.- Necesito ayuda.

Se levantan y me abrazan. Por primera vez desde que empezó todo esto, siento que el llanto es verdaderamente terapéutico. El dolor sigue ahí, pero ahora sé que puedo empezar a sacarlo. A quitar el pus de la herida que me está matando. Pasado un poco, me dejan.

-Viann:¿Por dónde quieres empezar?

-Yo:...Por comer. Tengo bastante hambre.

______________________________________

Un par de días después

No ha sido posible quedar con los otros cuatro Estelas interesados en la "terapia de grupo", aunque hemos podido acordar una primera reunión en dos días. Con Blake sí que había podido llegar a un acuerdo: la semana que viene me llevaría a la Tierra...con Viann y Teeruoh. Por otra parte, lo que sí ha sido posible es dormir un poco mejor y empezar a comer bien. Lo que viene a ser dejar de parecer un enfermo esqueleto, vaya.
Por fin he decidido a contarle a Teeruoh y Viann cosas sobre mi. Sobre la Tierra. Sobre la familia que dejé atrás. Por otra parte, he empezado a conocer cosas sobre ellos y sobre mi especie.
Teeruoh tiene 55 años, lo cual no es lo mismo que en humano, dado que los daime'é vivimos hasta los 90 años de media en hombre. 100 en mujeres. Es panadero. Le gusta ir a jugar a juegos como el bsha una vez por semana. En mi cabeza es algo como los bolos, pero quiero pensar que no es el típico cliché. Es una persona tranquila, y parece que nunca se azora por nada.
Viann tiene 50 años y se dedica a la venta inmobiliaria. Al parecer le encanta la natación. Ya he visto en mis propias carnes como queda un daime'é con el pelaje mojado y, a pesar de no ser como un perro mojado gracias a la espesa capa de pelaje, no deja de parecerme algo raro, más pensando en eso enfundado en un bañador. Es bastante alegre, y me atrevería a decir que emocional.
Ahora sé por que dicen que soy bajo para la media. Putos bichos de dos metros de alto. 1'90 en Pallex, el país donde vivimos. Nuestros sentidos nos han ayudado a lo largo de la historia, pero también han supuesto un problema bajo ciertas condiciones, tales como construcción o explotaciones mineras, donde el oído y el olfato supone el mismo beneficio que perjuicio.
De Deia he aprendido que, tal y como sospechaba, el calendario se divide en 12 meses. Algo de lo que me di cuenta al poco de llegar a Bimbpep es que, al menos la región en la que estamos, es más fría. ¿Cómo? Pues porque no me muero de calor. Y algo sumamente curioso del planeta. De lo que más me ha llamado la atención, si no lo que más.
Deia tiene una única religión...si es que se le puede llamar así. Una especie de animismo panteísta. Suena raro, sí. Y puedes pensar que, bueno...que es religión y yastá. Pero esos dioses...seres...son reales. Viven en los bosques de Deia. En los tantos bosques de Deia, que por fortuna no están tan diezmados como los de la Tierra. Son animales gigantes. Monstruosamente gigantes. Crean vida a su alrededor. Son capaces de matar al tacto si así lo desean. Es a ellos a quien se envía la escoria más horrenda del planeta, pues es su deber protegerlo. A estos seres se les conoce como Kehafka, tal y como decía Trecim. Cuando se cumplen 10 años, el cumpleañero se adentra en el bosque, solo, en busca del Qkweu o "nido" de uno de ellos. Pero no somos nosotros quienes elegimos a quien encontramos. Son ellos quienes lo hacen. Uno de ellos nos toma bajo su protección en función de algo que ven en nosotros. Amor. Lucha. Sabiduría.
¿Por qué digo esto? Pues ya lo habrás averiguado. Estoy a punto de entrar solo en el bosque.


Árboles inmensos, entre los que apenas pasa la luz. Entre las ramas se percibe el sonido que la fauna local genera al realizar sus hábitos. Y al fondo, muy al fondo, noto algo. Algo que me llama. Entre la oscuridad de la noche, noto una mano que me atrae. Viann me da la ropa adecuada para la situación: una camiseta morada de manga larga, sobre la cual me pongo un peto protector hecho de un material resistente de color negro metálico. Encajadas entre una túnica blanca con la parte inferior dividida en puntas, unas hombreras del mismo negro metálico, con bordes dorados que las atan a mis brazos. Pantalones bombachos del mismo color, con una rebaba de metal dorado sucio en la tobillera. Por último, un cinturón morado.

-Viann(mientras me cambio): Maximirusu...Llévate esto también. -Me hace entrega de una bufanda color ultramarino.- Es algo que he estado preparando para cuando llegara este momento. Significaría mucho para mi que te lo pusieras.

Cojo la prenda y me la coloco alrededor del cuello. Teeruoh me acerca un báculo rojizo, coronado por una estructura cristalina de color malaquita.

-Teeruoh: Cuando entres en el bosque, esto guiará tu camino en la oscuridad. Ten cuidado, hijo. No llevas protección por nada.

Dubitativo, termino por darles un abrazo. Tras separarnos, vuelven a casa. Es algo que debo hacer solo. Con piernas temblorosas, me adentro entre la espesura. El báculo brilla al dejar unos cuantos árboles atrás.

-Yo:Y ahora...¿qué?

Miro a mi alrededor, intentando buscar una referencia. Solo hay árboles. Gigantescos árboles, más que ninguno que haya visto en la Tierra. Ni la luna ni las estrellas  pasan a través de la espesura. Otra vez esa sensación. Algo me llama, pero no me dice por donde ir. Saco una garra y voy dejando una señal en los árboles que quedan a mi derecha. Teóricamente no debería perderme, pero la precaución nunca está de más.
Diez minutos. Treinta. Una hora. Y tengo la sensación de seguir andando en círculos. Pero la sensación cada vez es mayor. A lo lejos veo algo. Es sutil y, por lo que Blake me contó hace poco, sólo los daime'é podemos verlo. Un brillo sutil. Al acercarme veo figuras espectrales flotando entre la espesura. Trago saliva y, con piernas temblorosas, sigo adelante. Las ruinas de una ciudad me reciben, destacando en ella cuatro altos campanarios, cuyas campanas solo mece el sombrío viento de la noche. La luna se alza en el cielo con un espectral tono azulado. Si tuviera un espejo a mano, vería que las marcas de caos han desaparecido de mi cara.
Un camino bordeado por faroles. Siguiéndolo me encuentro casas vacías con luces encendidas, invitando al viajero a pasar la noche. Atravieso la ciudad y, tras atravesar otra porción boscosa, llego a un acantilado. Parte del bosque se ve desde mi posición, bañado con esa extraña luna. Esa luna que ahora parece parpadear. La sangre se me congela cuando veo que cinco más aparecen, siendo dos de ese tono y otras rojas como la sangre. A su alrededor se forma lo que a todas luces parece ser un cuervo inmenso, más grande de lo que nunca hubiera imaginado. Voy a necesitar un cambio de ropa interior.

Por fin acudes a mi

Tengo la boca demasiado seca como para responder. El ave vuela frente a mi.

Soy Rawkarska, el Ojo del Cielo. Todo lo veo, por lo que en mi está el poder del conocimiento y la vigilia. Tu eres Maximirusu Pauaa, el que se fue a tierras lejanas. El hijo de la energía y a quien todos verá morir por ello. No debes azorarte, pues es designio de la Naturaleza que todos seáis polvo, y está en tu mano retrasar la muerte de miles.

Una pluma se desprende de su cuerpo. En su caída va mutando, convirtiéndose en un colgante. Al cogerlo, puedo ver que es pequeño y circular. De color negro con un pequeño núcleo rojo, representa al ave que hay frente a mis ojos.

Mientras estés en el Qkweu tu energía no surgirá efecto. No temas, pues mi ala te protegerá. Protege a todos los demás fuera del bosque. Protege a tu familia. Protege a tu atormentado compañero.

Con esto, Rawkarska se alza cada vez más hasta que funde con el firmamento, vigilándonos a todos desde las alturas. Me siento cerca del borde del acantilado, jugueteando con el colgante mientras miro al cielo.

-Yo:Si vierais donde estoy ahora... -Me enjugo las lágrimas y miro al bosque.- Compañero atormentado, ¿eh? Tienes mucho que contarme, Trecim.

Pasado un rato me pongo el colgante y me dirijo a la ciudad ruinosa. Al salir del bosquejo que hay entre el acantilado y esta, me encuentro que estoy justo donde empecé al dejar atrás a Teeruoh y Viann. Siento un subidón de energía durante un instante, siendo consciente de que las marcas han vuelto. Tras un rápido vistazo a mi espalda, vuelvo a casa.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Mar Oct 23 2018, 11:14

Estamos frente a un apartamento en el segundo piso de un edificio. Sostengo los papeles que el joven Heffler nos había dejado antes de marcharse. La mascota familiar mira la primera hoja con detenimiento.

-Michelangelo: “Dilant Hanger”- lee el reporte médico para mí, pues desconozco el idioma escrito que usan en este planeta-. Llama.

Hago lo que me pide, aunque no sin vacilación. Nadie responde, pero la puerta se abre al darle golpecitos. El interior está a oscuras. Michelangelo proyecta una bola de luz en su interior, dando como resultado una tétrica escena en la que se ven caras y formas iluminadas en verde. No sé los demás, pero yo me llevo el susto. Ma’Riagg se adelanta y pulsa un interruptor en la pared en el lado derecho del marco de la puerta, para así encender una lámpara que hay en el techo.

-Michelangelo: Oh… Creo que lo prefería como antes- dice al mirar de nuevo el interior del cuarto-.

Estamos en una habitación mucho más colorida de lo que uno se puede esperar del lugar donde duerme un hombre adulto. Las paredes están cubiertas de pósters, las repisas llenas de juguetes y figuras, además de algunas esculturas a “tamaño real” de unos simpáticos personajes. Todo eso parece pertenecer a merchandising del equivalente a “My Little Pony” de mi Tierra.

-Ma’Riagg: ¿Tus capacidades deductivas te llevan ya a una conclusión, Guarda?

-Michelangelo: … El día que sepa cuándo hablas en serio o de recochineo, lo lamentarás. No, no logro llegar a ninguna conclusión. A ver, lista, ¿qué tienen en común alguien conocido por utilizar la política para hacerse el interesante, una chavala con la percepción del tiempo atrofiada y un fan de personajes infantiles de colores?- las dos primeras descripciones corresponden a otros desaparecidos, a los cuales ya les habíamos seguido la pista sin éxito-.

-Yo: ¿Por qué algo de eso me suena familiar?

-Ma’Riagg: ¿En qué estás pensando?

Ambos se giran para mirarme. Se quedan callados, lo cual me incomoda.

-Yo: ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?

-Ma’Riagg: Estabas… sonriendo.

-Yo: Ah, ¿sí?

-Michelangelo: Eso no era “sonreír”. Es la cara que un psicópata homicida pone cuando estampa un autobús lleno de ancianos, cachorritos y embarazadas contra el suelo y luego lo hace estallar en mil pedazos. O cuando deja encerrado a un grupo de niños en un congelador hasta que dejan de moverse.

-Ma’Riagg: Qué extrañamente específico.

-Yo: No entiendo.

-Ma’Riagg: Quizá es un efecto secundario del tratamiento que recibiste. ¿Puedes decir cómo te encuentras?

Miro mi mano derecha al mismo tiempo que la abro y la vuelvo a cerrar. Es cierto que me noto algo distinto, pero no de una mala manera precisamente.

-Yo: Estoy bien.

-Michelangelo: De acuerdo, pongámonos a trabajar- proyecta una luz que parece escanear el suelo del cuarto-.

-Ma’Riagg: ¿Qué buscas?

-Michelangelo: Este tal Dilant fue secuestrado aquí mismo y no en el hospital como los otros dos. Y aquí no parece que limpien tanto como allí.

Sigue un rastro hasta fuera del edificio, pero se detiene nada más “pisar” la calle.

-Yo: ¿Qué pasa?

-Michelangelo: Por supuesto que no iba a ser tan fácil. Las huellas de pisadas terminan aquí, pero… hay otras.

Le vemos dar la vuelta. Esta vez subimos al primer piso, dirigiéndonos la tortuga voladora. Finalmente se detiene delante de otra puerta.

-Michelangelo: Llama.

-Yo: ¿De verdad no puedes hacer una mano de luz para tocar la puerta?

-Michelangelo: ¿De verdad quieres que gaste energía en bobadas así? Creo que hice suficiente al reprogramar tu traductor.

-Yo: Vaale.

Doy golpecitos en la puerta. Quien la abre es una señora de baja estatura y un tanto rechoncha. Su piel es de un color gris oscuro y, como prenda más llamativa, lleva un delantal con formas de colores pintadas en él.

-Señora: ¿Puedo ayudarles en algo?- nos pregunta con una sonrisa en la cara-.

-Michelangelo: ¿Podemos pasar para hablar cómodamente?

-Señora: Claro- nos permite entrar a su apartamento-.

-Michelangelo: ¿Qué puedes decirnos de tu vecino Dilant Hanger?- pregunta nada más cerrar la puerta tras nosotros-.

-Señora: ¿El Sr. Hanger? Tengo entendido que se fue.

-Michelangelo: ¿No tiene ni idea de a dónde puede haber ido?

-Señora: No, lo siento.

-Michelangelo: … ¿Hay alguien más en el apartamento con quien pueda hablar?

-Señora: Me temo que no, ahora mismo estoy sola.

-Michelangelo: Bien por mí- encierra a la desprevenida mujer en una esfera de luz verde-. ¡Vamos a ponernos serios!- su voz torna a una más grave, más bestial, digna de una pesadilla-. ¿DÓNDE ESTÁ DILANT HANGER?

-Yo: ¡Michelangelo! ¿Qué haces?

-Michelangelo: ¡DÓNDE ESTÁ!- ante nuestros ojos, empieza a encoger la esfera, poniendo en peligro a quien está encerrada de ser aplastada-.

-Señora: ¡No-no puedo decírtelo!- su sonrisa se había descompuesto por el terror-.

-Michelangelo: ¡DÍMELO!

-Yo: ¡Para!

Respiro agitadamente, el corazón me late a mil y la angustia empieza a dominarme, como si fuera yo quien estuviera siendo atrapado y amenazado.

-Señora: Por favor… no puedo- rompe en llanto-.

-Michelangelo: ¡MUERE APLASTADA ENTONCES!- sigue encogiendo la esfera-.

Mis piernas dejan de responder correctamente, haciendo que me arrodillara. Ma’Riagg se agacha y me mira para comprobar mi estado. No sé si está preocupada por mí o simplemente está curiosa por mi reacción, ya que su verdadero rostro está tapado por una camiseta y la máscara que lleva la cabeza artificial muestra una expresión de total indiferencia. Las lágrimas brotan de mis ojos sin que pueda hacer nada.

-Yo: ¡Pa-para, por favor!

-Michelangelo: ¡NO, MORIRÁ!

-Señora: ¡Happy Smile! ¡Lo llevé a Happy Smile!- grita mientras llora-.

La esfera de luz desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

-Michelangelo: Era todo lo que necesitaba saber- dice al mismo tiempo que recupera su voz anterior de Bruce Willis-. Vámonos.

La utrom me ayuda a levantarme. Miro a la pobre mujer, temblando de miedo en el suelo, sin cerrar todavía los grifos que son ahora sus ojos. Salimos del apartamento.

-Michelangelo: Lo has hecho muy bien haciendo de “poli bueno” con todo ese lloriqueo.

-Yo: ¡E-estaba llorando de verdad!- le digo indignado. No termino de creerme lo que ha pasado ahí dentro-.

-Michelangelo: Oh… Siento que hayas tenido que ver eso- no dice nada más, simplemente se gira y se dirige a las escaleras, aunque es algo que no le hace falta para bajar los pisos-.  

-Ma’Riagg: Ten- coge la bandolera que siempre llevo encima, la abre, saca de ella la toalla y me la ofrece-. Ya te dije que siempre es bueno llevar una.

La cojo y me seco los ojos con ella, haciendo justo lo que esperaba mi acompañante. Una vez estoy más tranquilo, nos reunimos con el Guarda de sangre fría.

-Yo: … ¿Cómo sabías-?

-Michelangelo: Lo mismo que con los policías. Toda la ciudad está metida en esto.

-Ma’Riagg: Ya tenemos una razón de peso para investigar Happy Smile. ¿Pero por dónde empezar? ¿Servirá cualquier establecimiento? Debe de haber centenares por aquí si es tan popular como nos sugirió Beggar.

-Michelangelo: Está claro que llevó a nuestro Dilant al más cercano. Vamos, todavía tenemos que encontrarlo.

Cosa que no nos cuesta hacer, pues las calles están señalizadas para llevar a quien quiera al restaurante más próximo de dicha cadena. Al llegar, puedo ver que el lugar tiene toda la pinta de ser un local para toda la familia. De hecho, vemos a través de las ventanas a unas pocas merendar dentro. Digo “merendar” pues el sol todavía no está oculto. Los clientes parecen disfrutar con avidez lo que para mí son hamburguesas. Normalmente me entrarían ganas de tomar algo después de ver cosas así, pero… esto es diferente. Me quedo mirando a un niño que despedaza la comida con sus dientes y se relame lo que parece ketchup que se le derrama, como si no hubiera comido nada en días. “Bueno, es un niño pequeño”, pienso por un momento. Lo que me inquieta luego es ver a sus, supongo yo, padres comportarse de la misma forma.

-Yo: Joder… No me digas que traen aquí a los desaparecidos, los matan, los cocinan y luego los sirven como parte del menú- los otros dos se me quedan mirando-. ¿Qué? No he dicho nada que no haya salido ya en los Simpsons.

-Michelangelo: Necesitamos investigar dentro sin que sospechen de nosotros- dice al mirar de nuevo el establecimiento-.

-Yo: Ya pensaba que te ibas a liar a tiros- digo con tono para reprocharle su comportamiento anterior-.

-Michelangelo: ¡Vale, me dejé llevar! Pero en ningún momento se me pasó por la cabeza hacerle daño de verdad. Además, están todos bajo el efecto de algo. Fíjate cómo nadie vino a ver qué pasaba. O quizá ya están acostumbrados a jaleos como esos.

-Yo: ¿Y por eso piensas que está bien?

-Michelangelo: Tenemos que llegar al fondo de este asunto cuanto antes.

No le digo nada más. No me parece que se vaya a dejar arrancar algún atisbo de arrepentimiento.

-Ma’Riagg: Quizás ese anuncio pueda proveernos la respuesta que buscamos.

Miramos hacia donde señala con el dedo del cuerpo artificial. Vemos un cartel en la ventana del restaurante; “Se necesita personal para el turno de noche”.
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Dom Oct 28 2018, 02:01

Llega la mañana, y con ella la celebración de la obtención de mi emblema. Aun con reservas, acepto que por fin venga mi familia...o parte de ella. Solo abuelos y padres para la celebración. Ellos y Trecim. Es el momento idóneo para ver que le pasa, y por que Rawkarska me instó a ayudarle.

-Yo:Ea, listo.

En el espejo veo mi reflejo, llevando ropa clónica a la que me puse para entrar en el bosque. Parece mentira todo lo que ha pasado en apenas un mes. Más allá de los cambios, he visto cosas tan maravillosas como esos espíritus de anoche y el mismo Rawkarska. Cuando la vida cierra una puerta abre una ventana, supongo. Llaman a la puerta del dormitorio, encontrándome a Viann al abrir. Me mira de arriba abajo y sonríe.

-Viann:Ahora estás aún más guapo, hijo. -Cierra la puerta a su espalda.- ¿Nervioso?

-Yo:Un poco, creo. Creo que lo habría estado más de estar toda esa "gran familia" que decís. Espero que no hayan problemas por...Ya sabes...No invitarles.

-Viann:Tranquilo. Ellos lo entenderán.

Con cautela, me pone una mano en el hombro. Al ver que no la retiro, hace lo propio con la otra.

-Viann:¿Y por lo de la semana que viene?

Suspiro. En el espejo estamos ahora reflejados los dos. El parentesco es claro.

-Yo:No lo sé...Hace mucho que no voy a la Tierra. A mi me parece mucho, mejor dicho. Y volver sin saber si recuerdan aunque sea una pizca de mi...Me da un poco de miedo.

-Viann:Es normal que lo tengas. Pero estoy segura de que se te pasará cuando estemos allí.

-Yo:Eso espero. Me gustaría poder enseñaros bien donde crecí sin que me de OTRO ataque de ansiedad.

Suelto una risita. En esto, Viann me pone mirando hacia ella. Me recorre con los dedos las marcas del caos. Lágrimas afloran en sus ojos.

-Viann:Si no fuera por estas marcas, Maximirusu...

-Yo:Si no fuera por estas marcas, ahora estaría muerto. Blake ni se habría dado cuenta de que estaba aquí, y ni Rawkarska ni el resto de Kehafka podrían haber parado a la Hermandad.

Viann empieza a llorar.

-Viann:¿Y...Y si no hubiera sido así? -La envuelvo en un abrazo.- ¿Y si hubieras podido criarte aquí?

Me quedo en silencio hasta que se desahoga. Cuando deshago el abrazo, me mira.

-Viann:Es una tontería pensar eso, ¿verdad?

-Yo:Toda madre quiere ver crecer a su hijo. -Le sonrío.-¿No es así?

Tras devolverme una sonrisa y colocarme bien la ropa, sale de la habitación. Tras un suspiro, bajo al patio. Aparte de Trecim y mis padres, dos personas más están allí. Una pareja de ancianos. El hombre tiene el pelaje de un tono que en su tiempo posiblemente fuera negro, pero ahora es de un gris sucio. Una de sus orejas está roída, y en su cara brillan unos ojos dorados. La mujer una tiene el pelaje rojo. Me mira con brillantes ojos rojos. Junto a ellos están Viann y Teeruoh.

-Teeruoh:Maximirusu, ven. Aquí hay alguien que quiere conocerte. -Me acerco a ellos. La anciana empieza a lloriquear mientras se lleva las manos a una desdentada boca.-Vamos, mamá...

-Anciana:Mi niño...Mi niño...

Es pequeña. No más de metro cincuenta. Está bastante arrugada, y junto a un físico bastante redondo, hace que parezca una pasa. Con dificultad se me acerca andando. Me recuerda a alguien a quien hace años que no veo, y no puedo evitar que las lágrimas afloren en mis ojos. Me acerco a ella y la abrazo.

-Yo:Abuela...

La anciana me colma a besos. Acto seguido el anciano se me acerca y pone una mano temblorosa sobre mi cabeza. Como con la anciana, no consigo evitar abrazarle.

-Teeruoh:Estos son Gship y Heena. Mis padres y, por tanto, tus abuelos.

__________________________________

La celebración se desarrolla sin mayor incidente. Hablo bastante con los allí presentes de varias cosas. Mi familia me pregunta cosas acerca de la Tierra. Trecim parece bastante callado durante gran parte del tiempo. Pero, como toda fiesta, ha de llegar a su fin, marcado este por unos adormilados Gship y Heena.

-Viann:Vamos a llevar a los abuelos a casa. Os dejamos a Trecim y a ti solos.

-Yo:Vale. Hasta luego, mamá.

Cierro la boca rápidamente. Ha sido sin darme cuenta, pero sé que ella se ha percatado, aunque lo disimule saliendo hacia la calle. Escuchamos la verja de fuera cerrarse cuando salen del porche. Me quedo en silencio, esperando a que Trecim empiece a contarme de una puñetera vez que ocurre.

-Yo:¿Vas a contarme ya que ocurre? -Me mira de reojo.- Vamos, Trecim. Si es algo largo no te preocupes. Literalmente tengo tiempo de sobra.



-Trecim:...¿Sabes lo que son las drogas, Max?¿Hay de eso en la Tierra?Imagino que sí. Algo tan malo tiene que existir en todos lados, seguro. -Le miro de reojo.- ¿Las has probado alguna vez?¿No?Pues son una mierda. Te hacen tocar el cielo, pero luego te estrellas con el suelo. Y cuesta mucho levantarse. Tu vida se convierte en un pozo de miseria en el que cada día te hundes más. Yo he estado ahí, Maximirusu. Conseguí salir del pozo, a medias, cubierto de carroña, mierda. Conseguí incluso que me aceptaran no como comprador, sino como vendedor. Llevé ese veneno a las calles.

Se queda en silencio. Un silencio que no me atrevo a romper. ¿Un buen chico decían? No quiero saber que es uno malo. Ah, sí. Gasha.

-Trecim: No voy a echarle la culpa a una mala infancia. Fui feliz, con padres que me querían. Pero una decisión me llevó a la otra, y todas acabaron llevándome a eso. Comerciaba con muerte en forma de pastilla, Max. Estuve a punto de suicidarme en más de una ocasión. Pero al final vi la luz. Conseguí salir de eso...o eso creía. Es un negocio que mueve mucho dinero, y que alguien se vaya de él nunca sale gratis. Me dieron a elegir: la vida de mis padres o seguir trabajando para ellos. No con drogas, claro. No podían fiarse de mi. Para lo que sí podían hacerlo es para quitarle todo el dinero a pobres desgraciados que pasaran por el sitio inadecuado en el momento más inoportuno.

-Yo:Gasha y Gya están en eso, ¿no?

-Trecim:Gasha sí. Es a quien pusieron para supervisarme. No sabes hasta que punto puede llegar. Si no llegamos a detenerle el otro día, literalmente no estarías aquí. Es un monstruo, y es quien se asegura de que cumplo con los deseos de los jefes. Ha hecho cosas horribles frente a mi solo para reafirmar su autoridad. Gya...Gya no tiene nada que ver con eso. No directamente. Es mi novia. Nos conocimos cuando pensé que había dejado todo esto atrás. Entonces ellos volvieron. Intenté por todos los medios que ella se alejara de mi, pero no funcionó. Ella...Ella es maravillosa. Intenta evitar por todos los medios que haga cosas que me arrastren a esos tiempos. Es por eso que fue ella quien te pegó y no yo...Lo siento, Max.

-Yo:...¿Tus padres saben esto?

-Trecim:No. O eso quiero pensar. Ya sabes el dicho: "El hivak ve hasta su nuca".

Ya sé que ocurre. Y es algo mucho más grande que cualquiera de nosotros dos. Pero no puedo dejar que algo tan peligroso pase dos casas más abajo de la mía. Solo no voy a poder, ni con la ayuda de Trecim y Gya.

-Yo:Solucionaremos esto. De algún modo, os sacaremos de eso. Con respecto a lo de...ya sabes.  Como te dije, no te conozco, pero si estás pasando por todo esto es porque quieres cambiar. Vamos a intentar que se haga de verdad.

El chaval termina por derrumbarse. Algo azorado, me acerco y le pongo una mano en el hombro mientras lágrimas ruedan por sus mejillas.

-Yo:Necesito que me des un par de días. A partir de ahí podremos ver como actuar.
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MensajeTema: Re: Dimensions   Jue Nov 01 2018, 02:57

Definitivamente esto no me lo esperaba. No es lo que uno se esperaría de viajar a otro planeta. Tampoco es lo que se esperaría de llegar a una ciudad que es carne de película de terror. Esto es lo que pienso mientras llevo hamburguesas preparadas al mostrador.

-Yo: ¿E-el número 92?

Ahí estoy yo, con nervios en el interior de mi cuerpo y con el uniforme oficial de empleado cubriéndome por fuera. Llevo una camiseta de mangas cortas, pantalones largos y una gorra, todas combinando rojo y naranja. El cliente que está al otro lado del mostrador se lleva ansioso la bandeja con comida. Mientras todavía proceso lo sucedido, miro a Ma’Riagg, quien lleva el mismo uniforme sobre su cuerpo artificial, aunque sigue con la máscara puesta, un detalle que no parece molestarle a nuestro superior. Tampoco a mí en estos momentos, pues entre mis breves momentos libres entre pedido y pedido, me llevo a la boca una de las hamburguesas que sirven en ese lugar. Una cosa que me inquieta ahora es que no recuerdo en qué momento exacto empecé a comer eso, el mismo producto del que antes sospeché que pudiera estar hecho de carne humana. Bueno, de la carne de la gente de ese planeta. No sería canibalismo, ¿verdad? ¿Y cuántas de esas había tomado ya?

-¡Eh, novato, no es la hora de comer todavía para ti!

-Yo: Pe-perdón.

Quien me ha llamado la atención es el encargado del local, un joven con las pintas de un adolescente estereotipado de pelis de serie B, es decir, a parte de llevar el mismo uniforme que la utrom y yo, tiene pelo corto, despeinado y grasiento, granos repartidos por toda la cara y lleva aparato de dientes, además de ser muy delgado y bajito. Su piel, similar al del resto de habitantes de la ciudad, es un gris muy pálido. A pesar de tener un aspecto tan poco intimidante, esto no le quita su personalidad mandona.

-Encargado: ¡Y sonríe más a nuestros clientes!- con una voz que tiene más gallos que una granja-. ¡Esto se llama “Happy Smile” por algo!

-Yo: S-sí, señor Berbit- me cuesta contradecir a la autoridad-. Pero, ¿y ella?- señalo a quien es mi compañera de viaje y, ahora mismo, de trabajo también-. La máscara…

-Berbit: Ella ya sonríe con el resto de su cuerpo, sólo hay que verla.

-Yo: Ajá…- expreso poco convencido-.

El encargado se acerca a mí, aproximando sus labios a mis oídos.

-Berbit: No está nada mal, aunque tiene un color de piel algo extraño, como tú, pero más bonito- la vuelve a mirar con disimulo-. ¿Sois hermanos, estáis juntos o qué?

-Yo: Eh… no- se me pasan por la cabeza momentos de cuando salía con “María”, los cuales no son tan abundantes como pensé en un principio. Vuelvo de mi ensimismamiento en cuanto recuerdo la vez que me reveló su verdadera identidad, produciéndome un escalofrío-. No. Es toda tuya.

-Berbit: ¡Oh, chico, genial!- una pequeña venganza, tanto para ella que me engañó como para el gerente mandón-. Pues no pienso perder más tiempo.

Se acerca confiado a la investigadora y ahora sus labios se acercan a la oreja del cuerpo falso para susurrarle algo. Sonrío con picardía mientras sigo masticando un bocado más de la hamburguesa que me estaba comiendo. Sea lo que sea que haya sido, parece haberla convencido para seguirle hasta donde no llega mi vista o la de los clientes, cosa que me deja algo sorprendido. Bueno, al menos me había quedado tranquilo entre eso y que ya no llegaban más clientes para pedir. Me quedo mirándolos con fijación hipnótica, viendo cómo devoran la comida cual animales hambrientos, escena que me recuerda a la película “Fantástico Sr. Fox”.

¿Cuándo vi esa película?... ¿Y con quién? Si no lo recuerdo... ¿es posible que fuera la misma persona que me metió en eso de los roles? En el fondo ya sé que he hecho más cosas con él. O ella, no lo sé, ¿pero realmente me importaba? Quiero decir, le he acabado olvidando después de todo. ¿Y eso en dónde me deja a mí? Si era alguien tan importante, ¿cómo le he podido olvidar? ¿Tan frío soy? ¿Realmente me importa si un día de estos desaparece alguien a quien quería?

En este momento tranquilo y de reflexión que dejo de estar atento a los clientes, me retiro un poco, cojo mi móvil de la bandolera que sigo teniendo cerca, le pongo los cascos al aparato y me pongo a escuchar “Wait for it” de “Hamilton”. No sé realmente bien el por qué de esa última elección.

Spoiler:
 

Me paro a pensar en lo que he dejado en la Tierra, lo que he dejado en espera y lo que me espera a mí. La carrera, las obras de ficción que sigo, mis amigos, mi familia… Miro la pantalla del móvil una vez más. Es entonces cuando se me viene la siguiente pregunta; ¿cómo es que no he recibido ninguna llamada o mensaje de mi madre o de mi padre desde que llegué a ese familiar y a la vez extraño mundo? Ha pasado ya bastante tiempo. Un momento, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Cuánto tiempo pasé en la cama del hospital? No he recibido nada desde que salí de mi planeta natal, ¡claro, si no hay cobertura cuando te adentras a zonas alejadas de la civilización, cómo me iba a esperar a seguir teniendo en otro mundo!

-Yo: ¡Michelangelo! ¿Dónde estás? ¡MICHELANGELO!

-Michelangelo: ¡Tranquilízate, chaval, estoy aquí!- se acerca flotando al mismo tiempo que deshace su camuflaje-. No hace falta que grites, ya os dije que estaría investigando este sitio mientras vosotros dos pasabais desapercibidos para-

-Yo: ¡Eso no importa! ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que llegamos a este planeta? ¿Y en el hospital?

-Michelangelo: Eh, pues respecto a eso…

-Yo: Por favor, dime la verdad.

-Michelangelo: … Hoy sería el noveno día.

-Yo: … ¿QUÉ? ¡Tengo que volver a casa ya!

Se empiezan a oír golpes desde el exterior.

-Michelangelo: ¡Cálmate, vas a delatarnos!

-Yo: ¡No puedo pasar tanto tiempo fuera sin decírselo a mis padres! ¡Pensarán que me ha pasado algo!

Gruñidos y gemidos comienzan a sonar.

-Michelangelo: ¿Es que necesitas avisar a tus padres incluso cuando vas al baño? ¡Compórtate como un adulto, que es lo que se supone que eres!

El ruido que se forma se va intensificando.

-Yo: ¡Arrastrarme hasta aquí ha sido lo poco adulto!

-Michelangelo: ¡Tú quisiste venir a Oidion en primer lugar!

-Ma’Riagg: ¿A qué viene esta disputa?- dice aproximándose a nosotros, al mismo tiempo que se aleja de un encargado cabizbajo-.

El Sr. Berbit se acerca al mostrador con sus pensamientos negativos, momento en el que alza la cabeza y abre sus ojos como platos.

-Berbit: ¡Oh, no! ¿Ya es tan tarde?

Los tres que estamos detrás de él miramos en la misma dirección. Alguien acaba de entrar al establecimiento, ya vacío de clientes desde hace un buen rato.
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Xalcer
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MensajeTema: Re: Dimensions   Sáb Nov 03 2018, 20:28

Me desplomé sobre el banco del gimnasio resoplando del cansancio. Después de varios días de viaje, regresar a la rutina de antes podía llegar a ser bastante agotador.

- Griffith: Venga, inténtalo una vez más. - dijo cogiendo otra botella del montón.

- Yo: ¿Podemos descansar un poco? Casi no siento la cola.

Griffith había preparado aquella mañana varias botellas de agua para que practicara a agarrarlas con ella, ya que mi brazo derecho aún no se encontraba del todo operativo. Había perdido la cuenta de cuántas había hecho puré al apretar demasiado. Me ardían todos y cada uno de los músculos de la cola del esfuerzo, lo cuál me abrió los ojos a otros nuevos que desconocía que tenía.

- Ero: El orgulloso porte de un verdadero drakara, si señor. - bromeó viéndome tirado en el banco hecho polvo. Mi respuesta fue un simple gruñido de agotamiento. - ¿Cómo va la cosa? ¿Algún progreso?

- Griffith: Le cuesta un poco, pero parece que ya le ha cogido un poco el tranquillo. - dijo sentándose a mi lado y pasándome una botella, cosa que agradecí enormemente.

- Yo: ¿Y por qué tengo que aprender a usar la cola? No es que tenga pensado usarla ni nada parecido. - Incorporándome en el asiento, cogí el refrigerio que me ofrecía y dí un buen trago a su contenido. - Nunca te he llegado a ver usando la tuya.

- Griffith: Je, ya me gustaría tener una cola tan versátil como la vuestra. La de problemas que me ahorraría. No, la mía como mucho me ayuda a mantener el equilibrio cuando aterrizo.

- Ero: Y a que si la ves que apunta hacia el suelo más te vale tener cuidado. - me susurró guiñándome un ojo, asegurándose de que no le oyera. - Por cierto, Griff. ¿Has oído lo del equipo de exploración?

- Griffith: Sí, Seerel me lo contó esta mañana.

- Ero: ¿Y? ¿Emocionada?

- Griffith: No sé... ¿Un poco?. Solo hace un par de meses que se fueron, tampoco es para tanto.

Intentaba quitarle hierro al asunto, pero su cuerpo le traicionaba. Plumas infladas, ligero temblor en las alas, y, tal y como dijo Ero, el alegre balanceo de su cola. ¿Hacía yo también lo mismo cuando estaba contento sin darme cuenta? Me puse a juguetear con Airo, intentando no meterme donde no me llaman. Tampoco es que tuviera mucha idea de lo que hablaban.

- ???: ¡Ero!

Los tres nos volvimos. Quien se acercaba era uno de sus compañeros de Ero, con quien se le solía ver entrenando algunos días. Era un alienígena bastante robusto, de músculos acentuados y rasgos afilados bajo su piel rojiza cubierta de pequeñas placas óseas en la zona de los hombros y la espalda. Ero parecía un crío a su lado.

- Ero: ¿Qué pasa, Geinn?

- Geinn: Llamada de la central. Serah y Her'hen están de baja y alguien tiene que cubrir su guardia esta semana.

- Ero: ¿En la enfermería? ¿Les ha pasado algo?

- Geinn: Han debido de pillar algo raro cuando bajaron a por los suministros de la Tierra.

Las alas se me encogieron bajo la no tan sutil mirada que me lanzaron.

- Ero: Dame un minuto que recoja mis cosas. - suspiro resignado dirigiéndose a las taquillas.

- Griffith: Tengo algo de gusa. - dijo levantándose del banco. - Voy a por algo de comer a la máquina. ¿Te apetece algo?

- Yo: Estoy bien, gracias.

- Griffith: ¿Geinn? - preguntó volviéndose.

- Geinn: No hace falta. - rechazó levantando una mano.

- Griffith: De acuerdo. - dijo acercándose a la máquina y estirando el plumaje de sus alas por el camino.

Geinn se cruzó de brazos mientras esperaba a que su compañero de faenas regresara. Agarré mi cola y la coloqué sobre mi regazo, haciendo como que jugueteaba con las púas para que no se agitara inquieta tratando de llamar la mínima atención. ¿Por qué se tenían que haber ido los dos a la vez?

- Geinn: La fuerzas demasiado.

- Yo: ¿E-eh? - fue lo único que conseguí vocalizar.

- Geinn: Tu cola. Tratas demasiado en controlarla y lo único que consigues es que se vuelva torpe y lenta.

Sus palabras me resultaron extrañas, hasta que me fijé en la cola que portaba a sus espaldas.  Robusta, no demasiado alargada y cubierta de pequeñas placas en la zona de la base. Era bastante más similar a la mía que la de Griffith.

- Geinn: Es parte de tu cuerpo, no una herramienta con manual de instrucciones. - continuó, agachándose para coger una de las botellas reventadas y mirarla. - No pienses en cómo hacer para moverla. Deja que ella responda de forma natural.

No sabía muy bien cómo interpretar aquello, dándole tiempo a Ero a regresar mientras trataba de comprender lo que había dicho.

- Ero: ¡Griff! ¡Nos vamos! ¡No te pases mucho con el pobre! - se despidió levantando un brazo. - Sigue practicando esa cola, Xalcer. Estoy seguro que a Artt'ar le alegrará saber que tiene alguien más con quien competir.

Observé en silencio a ambos marcharse, aún dándole vueltas a las palabras de Geinn. Todo aquello era muy extraño.

- Yo: Esto... ¿Griffith? - pregunté al oír a esta llegar saciando su apetito con un pequeño refrigerio. - ¿Ocurrió algo mientras estaba yo fuera?

- Griffith: ¿Hmm? No que yo sepa. - contestó terminando de comer y tirando el envoltorio en una papelera cercana. - ¿Por qué lo preguntas?

- Yo: Es solo una sensación mía. Todo el mundo parece más... amable desde entonces.

- Griffith: Puede que solo se hayan acostumbrado a ti. Bueno, el humor general también mejoró cuando Seerel anunció las vacaciones extra.

- Yo: ¿Vacaciones?

- Griffith: Claro. ¿En la Tierra no teníais vacaciones de vez en cuando?

- Yo: S-sí. Es sólo que me resulta un poco chocante con todo eso de estar en el espacio y todo eso.

- Griffith: Puede que nosotros vivamos aquí, pero el resto del personal tienen vidas fuera de la estación. Familia, ya sabes. - Sacó la PDA de su bolsa y sentó en un banco frente a mi, tecleando cosas en su pantalla como solía hacer siempre que terminábamos los entrenamientos. - Una vez al año tenemos que volver al Capitel a informar y hacer mantenimiento durante unos meses, y mientras la EXI esté en el puerto, todo el personal está de permiso para visitar a sus familias o lo que deseen. También tenemos derecho a descansar de tanto espacio de vez en cuando. Justo estábamos regresando cuando tu señal apareció en el mapa.

- Yo: Supongo que os fastidié un poco la cosa... - La grifo asintió sin levantar la vista de la PDA.

- Griffith: Al principio a la gente no le hizo mucha gracia, pero Seerel les recordó que el permiso se hace vigente una vez lleguemos al Capitel, pero que las vacaciones no comenzarán de forma oficial hasta que Órbita decida qué hacer contigo, que a saber cuánto puede tardar eso. Todos tenían sus reservas sobre tener un drakara a bordo, pero después de saber esto, je, te puedo asegurar que muchos cambiaron de parecer.

- Yo: Espera, espera, espera. ¿Reservas? ¿Todo era solo porque soy un drakomosellame?

Sus orejas se alzaron al mismo tiempo que su cuerpo se tensaba durante un momento. Abrió el pico, pero lo cerró con un chasquido antes de llegar a decir nada. Apagó las PDA y la arrojó dentro de su bolsa antes de inclinarse hacia delante, apoyando los codos en las rodillas y restregándose los ojos soltando un leve suspiro de agotamiento.

- Griffith: Los drakara no tenéis muy buena fama.

Sentía la necesidad de alimentar mi curiosidad y preguntar por qué, pero me contuve. Apartó las manos de la cara, mirándome fijamente con sus afilados ojos de águila y tomando aire.

- Griffith: La gente os tiene miedo. Es comprensible. Evolucionásteis hasta convertiros en cazadores natos, en auténticas máquinas de matar. A nadie le gustaría estar cerca de una criatura que es capaz de destrozarle en cuestión de segundos si le apeteciera.

- Yo: ¿Destrozar? Dicho así suena como si fuera un monstruo o algo así.

No dijo nada, apartando la mirada. Aquello me golpeó con una fuerza que jamás habría esperado. ¿Ella también lo pensaba? Me hundí allí donde estaba sentado, sintiendo como si todo el cansancio de aquella mañana cayera sobre mí como una ducha de agua helada.

- Griffith: Ya es suficiente entrenamiento por hoy. - dijo al fin levántándose del banco y guardando el resto de botellas que quedaban.

Pulsé el botón de Airo casi sin fuerzas para que me mostrara la hora. Aún quedaban más de dos horas de nuestro horario normal y para que abrieran el restaurante. La idea de pasar ese tiempo encerrado en mi cuarto o deambulando por ahí no me resultaba para nada atractivo.

- Griffth: Quedamos en tu habitación en media hora.

Alcé la mirada con pesadez. La grifo ya había terminado de recoger todo y había cogido su bolsa, que le colgaba del hombro.

- Yo: ¿Ehqué? - pregunté confuso.

- Griffith: Dúchate y cámbiate. No tardes, ¿vale?

- Yo: ¡E-espera!

Sin darme tiempo para preguntarle se marchó con cierta prisa, dejándome allí, más confundido si es que era posible.
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Dom Nov 04 2018, 16:01

-Blake: Ya veo.

Un día después de la fiesta me encuentro viajando al punto de encuentro con los Estelas acompañado por Blake, momento que he aprovechado para contarle lo ocurrido durante la prueba con Rawkarska y, por supuesto, con Trecim.

-Blake: Es una situación difícil, Maximirusu, y no puedo intervenir directamente en ella a menos que tu vida corra peligro. Ya sé lo que me vas a decir: "está sucediendo detrás de mi casa". Pero piensa esto: en Deia desconocen la existencia de alienígenas. Recuerda como reaccionaban todos al verme. Ahora piensa que pasaría si me vieran y, encima, vieran como convierto sus medios de producción en vapor y atrapo a los traficantes y encargados de producir esas sustancias con cadenas que unos momentos antes eran flores. La Hermandad estaría allí antes de que tuviéramos la oportunidad de huir siquiera, y ya no habría futuro para Trecim, ni para tu familia ni para nosotros.

-Yo:Ya lo sé, Blake, pero tenemos que hacer algo. ¿No hay nada que los nuestros puedan hacer? ¿Hacerles olvidar la deuda de Trecim o algo?

-Blake: Hipnotizar a tanta gente quizás sea factible, pero piensa en la de datos que habrían de ser cambiados. Datos que primero habría que localizar, y que posiblemente estén regados en la sangre de las personas que los custodian, pues no los dejarán ir así como así.

Me quedo en silencio. La Bóveda Estelar, como los edgies de los caomantes han decidido llamar al lugar destinado a las reuniones de los Estelas, no tarda en aparecer frente a nuestros ojos.

-Blake: Podemos seguir buscando alternativas una vez termine vuestra reunión.

-Yo:Sí, por favor. Desde que Gasha me dio esa paliza no me siento seguro andando solo por Bimbpep, y menos ahora que sé la verdad. Y Trecim va a acabar mal como siga por ese camino, Blake. Él y Gya.

Llegamos a la entrada de la Bóveda. En esta ocasión parece que soy el primero en llegar.

-Yo:También quería hablarte de otra cosa. Es referente a los portales, pero mejor lo hablamos tranquilamente cuando termine.

-Blake: Por supuesto. Pásatelo bien y búscame aquí cuando termines. -Me entrega una tarjeta. A mis ojos son solo símbolos.- Planta, pasillo y puerta. Yo también tengo temas que plantear cuando termines, Maximirusu.

Tras esto me deja solo, por lo que entro en el edificio. Parece ser que esta vez soy el primero en llegar. Me siento en la silla puesta para mi y observo la sala. En el alto techo puedo ver un pequeño dispositivo. Según Blake, aquí nos entendemos gracias a la tecnología, evitando así depender constantemente del caos. El leve temblor de tierra anuncia la llegada de Dehena. La pharah saluda con un leve gesto de cabeza y se sienta. De un bolsillo del pantalón saca un móvil que, tranquilamente, puede medir cerca de medio metro.

-Yo:...Wow.

-Dehena:¿Qué ocurre?

-Yo:Se me hace muy raro verte con móvil.

-Dehena:En Deia tienes que tener, seguro.

-Yo:Verás, sí, pero...verte con móvil. No te ofendas, pero me recuerdas -

-Dehena:A Anubis, sí. Es lo que ocurre cuando tu especie ya ha pisado la Tierra: hay una imagen preconcebida de la misma.

-Yo:Imagino que sí. Pero el móvil y sin túnica...Perdón, quizás estoy si-

-Deveios:¡QUE PEDAZO DE MÓVIL, TÍA!

Deveios, con Zekkan al hombro, se acerca a nosotros.

-Deveios:Es la hostia de grande, ¿eh, Zek?

-Zekkan:Indudablemente.

El galvano baja a la mesa y saca un pequeño dispositivo que, al activarlo, proyecta la imagen de una esfera.

-Zekkan:Soy consciente de la ausencia de Dareka, pero creo que sería conveniente comenzar cuanto antes la reunión.

-Yo:Esperemos un poco. Si tuviéramos que esperar a los otros cinco, pues mira, pero quedamos en ir todos a una.

-Zekkan:Me parece bien, querido Maximirusu, pero al menos déjame proyectar las ideas que tenía pensada debatir en esta reunión.

Tras esto, la esfera se convierte en un pequeño listado. Un paso casi etéreo anuncia la llegada de Dareka

-Dareka:Disculpen por llegar tarde. Estábamos persiguiendo a un dichoso Qui'elak que rondaba el asentamiento...¿Qué es eso?

-Deveios:Algunas cosas de las que Zek quería hablar.

Ya todos juntos, nos sentamos a compartir las experiencias de estos primeros días en nuestros planetas. El de Dareka parece bastante hostil,siendo básicamente nómadas que viven en tribus para protegerse de la gigantesca fauna y las feroces plantas. Zekkan nos cautiva con las maravillas tecnológicas de su planeta. Algunas, según el mismo, aún fuera del alcance de Órbita. Parece que no es solo Deia la que no tiene contacto con dicha organización.

-Yo:Siempre me ha llamado la atención el tema de Egipto. ¿Qué tal tu ciudad, Dehena?

-Dehena:...Árido. Y no sólo el clima. De primeras parecía maravilloso. "La gloria del antiguo Egipto, pero sin esclavitud". Y además soy de una familia privilegiada. Pero la tradición se impone ante todo. Ir contra ella es peligroso. "En Rosuris todos debemos vestir como Kelarion III dictaminó". "No bebas del árbol Gunac si vas sola, Dehena". Es algo asfixiante.

-Deveios:Tu puedes, Dehena.

Hathor, el planeta de Deveios, está altamente globalizado, y parece ser cuna de artistas de diverso tipo, varios de los cuales son conocidos en Órbita. Por último, procedo a contarles lo mío.

-Deveios:Pero...¿Un cuervo-cuervo?

-Yo:No un cuervo como tal. Tenía seis ojos. Y era enorme. Imagina un pájaro igual de grande que...no sé...que la Torre Sevilla. Quizás esto no sea decir mucho para vosotros, pero son unos 180 metros. Acojonantemente grande.

-Dehena:No me gusta eso de "el que a todos verá morir".

-Zekkan:Es imposible predecir el futuro, pues se compone de una serie de variables sometidas a un cambio perpétuo.

-Deveios:¿Y la profecía que hablaba de nosotros?

-Yo:No es lo mismo. En ese caso se hablaba de una perturbación que había sucedido por nosotros. No predijo nada, sino que narró hechos. Fue un encuentro bastante inquietante.

Tras unos minutos de debate, comenzamos a probar las habilidades de las que podemos hacer uso. En lo referente a caos parece ser que somos Dareka y yo quienes tenemos más soltura, posiblemente por necesidad, más del quan'los que mía. En lo referente a propias de cada especie, Deveios nos deleita con unas acrobacias ejecutadas por él y cuatro clones suyos. Dehena parece destacar en fuerza y resistencia, llevando ya dos días sin dormir o comer como parte de otra de esas dichosas tradiciones. Zekkan muestra gran manejo de la tecnología, pudiendo manipular prácticamente lo que sea de un vistazo. De hecho, consigue desactivar el dispositivo traductor durante unos segundos, lo que se traduce en un amalgama de idiomas de lo más variado, siendo destacables los escalofriantes chirridos de Dareka. Este, por cierto, es capaz de prácticamente desaparecer entre las sombras.

-Deveios:¿Y tu?

-Yo:Bueno...Creo que salto mucho. Y algo más haré, no sé. Tampoco me he puesto a probar lo que puedo hacer, la verdad.

Me llega al oído el sonido de pasos, acompañado de un olor ya familiar.

-Yo:Bueno, chicos. Esto ha estado guay, pero tengo que irme ya. Nos vemos, ¿eh?

Salgo de la sala y, como esperaba, me encuentro con Blake en el pasillo. Este parece sorprenderse al verme.

-Blake: No te había oído llegar. -Suelto una risita.- Vamos, Maximirusu. Nos esperan en mi casa para comer. Sí, ya he avisado a tus padres.

Tras salir del edificio y las murallas de la base, Blake abre un portal que nos lleva a las cercanías de su casa.

-Yo:¿Cómo es que has venido a buscarme?¿No iba a ir yo a tu...despacho?Era un despacho, ¿no?

-Blake: Algo así, sí. He terminado lo que tenía que hacer antes de tiempo, y he imaginado que tu también. Espero no haberte interrumpido.

Podemos ver a Kiel desde la ventana de la cocina llevando cosas a la mesa, acompañado por Kyuremu.

-Yo:¿No pasa mucho tiempo en tu casa?Ojo, que es tu casa y tu sabrás.

-Blake: En Vidlener...Bueno, es complicado. Necesita cambiar de aires de vez en cuando.

Saludo a todos al entrar, tras lo cual me quito toda la ropa de abrigo que llevaba encima. Todos parecen seguir igual que siempre. Kyuremu un poco cansado quizás, pero bien por lo demás. No tardamos en estar comiendo, momento en el que Blake y yo planteamos la situación de Trecim.

-Kiel: Vamos, cielo...Algo podrá hacerse, ¿no?

-Kyuremu:...¿Y como personal de la base, maestro?

-Yo:Pensaba que únicamente podíamos entrar nosotros.

-Blake: Ah, claro. Todavía no has entrado al edificio principal. La base no se sustenta sola, Maximirusu. Necesitamos personal que se encargue de la gestión de datos, el mantenimiento y el procesamiento de nuevos casos de interés. Todos ellos son personas que no cuentan con nuestras habilidades. Sería algo como...la Fundación SCP de tu mundo.

-Yo:Espera. ESPERA. ¿La Fundación existe?¿Y por qué no nos ocultasteis a los Estelas y a nuestras familias allí?

-Blake: Primero: sí. Para lo segundo está el tema de borrar la existencia de, con vuestras familias, más de 100 individuos de un día para otro y, además está la energía tan explosiva que tenemos cuando somos tan pequeños. La Hermandad no habría tardado en encontrarnos y... -Mira a su esposo e hijo.- Pero es una opción para Trecim. Bien pensado, Kyuremu. Aunque eso no soluciona el problema en sí. Tu familia y tu seguiréis en peligro, Maximirusu.

-Yo:Kyuremu, tu puedes volverte indetectable, ¿verdad? Con eso quizás podríamos...

-Kyuremu: No es tan sencillo. Usarla constantemente me deja muy cansado, y no sé hasta que punto sería útil.

-Yo:¿Y para recoger pruebas?

-Blake: Es muy peligroso, Maximirusu.

El elfo se queda pensativo.

-Yo:La policía de Bimbpep solo necesitaría eso. O eso espero. Sé que no nos podemos meter a saco a detener a los dioses saben cuantos daime'é produciendo y vendiendo droga, pero algo hay que hacer.

-Zhôu: ¿Qué es "drogas", papi?

-Kiel: Algo muy malo, cariño.

Señalo al niño.

-Yo:Míralo a él, Blake. Piensa en decenas de daime'é de su edad, expuestos a un tráfico constante. Piensa en cuando me llevaste a la Tierra. Kyuremu y yo podríamos conseguir algo. Los caomantes tenemos que hacer algo más que detener a la Hermandad, y empezar por los males de la sociedad debe ser una nueva meta.

El maestro del caos se levanta y va a coger algo a la cocina. Vuelve a nosotros con una pipa y una caja de tabaco.

-Blake: Acompáñame fuera.

Salimos al patio trasero donde, tras sentarnos, enciende la pipa. Tras una larga calada, mira el bosque más allá de la verja.

-Blake: Ya estás adaptado a tu nueva vida, ¿verdad?

-Yo:Prácticamente, sí. Los recuerdos ayudan. El otro día incluso llamé "mamá" a Viann sin querer. No está tan mal mi vida, Blake, pero no quiero tener que estar mirando todo el tiempo por encima del hombro, vigilando si van a venir a darme una paliza de muerte. O si van a secuestrar a alguien de mi familia a cambio de que me meta a vender esa mierda. Sabes de sobra lo que pasaría si me pusiera a eliminar con caos todo eso, Blake. Y no me hace gracia que la Hermandad pise mi planeta más de lo necesario.

Otra calada. Me llega el sonido de la cocina. El tintineo de los vasos al ponerse a secar, de los cubiertos al guardarse en el cajón. De Zhôu al dejar caer un plato.

-Blake: Un solo hombre no puede cambiar los cimientos de la sociedad, Maximirusu. Ni el más poderoso de nosotros puede, pues es algo mayor que cualquiera. Pero me gusta lo que dices. Coméntale a Trecim lo de ir a la base. Que lo valore. En cuanto a lo otro...No es buena idea que te impliques directamente, pero soy consciente del riesgo que corréis si la situación sigue así. Y que no dejarán ir a Trecim así como así por mucho que le ofrezcamos esta oportunidad. Busca información, Maximirusu.

Se queda absorto mirando el humo, perdido en sus pensamientos. Miro mis pies, esperando un poco antes de abordar la siguiente duda.

-Blake: Toma -Me entrega un pequeño volumen.- Es un compendio de los símbolos que usamos como código para almacenar la información en la base. Te será útil para moverte por ella o comunicarte con los demás caomantes. Y por lo que pueda pasar. Y hablando de pasar, mi maestro quiere hablar contigo cuanto antes. Cree haber encontrado a la persona idónea para instruirte.

-Yo:Pensaba que tu eras mi maestro, Blake.

-Blake: No, Maximirusu. No soy el más indicado para enseñarte.

-Yo:Al menos sí que podrías enseñarme algo. ¿Cómo abro un portal?No quiero depender de terceros siempre para viajar.¿Es complicado?

-Blake:Requiere memoria. Para abrir un portal con seguridad, tienes que saber exactamente donde quieres viajar. Es por ello que aparecemos siempre en el mismo lugar cuando te traigo a mi casa. Te recomiendo ver todas las fotografías y vídeos que puedas. Abrir un portal teniendo en mente ideas tan difusas como "tengo sed", "quiero salir de aquí" o "necesito ayuda" pueden llevarte a situaciones que, irónicamente, te pueden poner en grave peligro. El fundamento es ese, pero no sé si todavía tienes manejo suficiente como para abrir un portal a tan larga distancia. Te aconsejo probar en casa.

Vacía la pipa y se pone en pie. Me pongo el calzado le sigo. Tras despedirme de Kiel, Zhôu y Kyuremu, Blake crea un portal que me deja cerca de mi casa. El mundo es un poquito más brillante ahora que existe una posibilidad de salvación.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Miér Nov 07 2018, 23:14

Un hombre había caído al suelo al entrar al local. Éste, más allá de estar claramente obeso, no destaca en nada más de su aspecto, además de la piel grisácea que comparte con el resto de su especie. Tiembla y le cuesta levantarse. Al hacerlo, podemos ver que está babeando.

-¿Nuevo cliente?: Más… más… quiero… ¡MAAÁS!

Corre hacia nosotros. De repente, una pelota de goma impacta en el rostro del airado recién llegado, cayendo éste al suelo.

-Berbit: ¡Señor, lamento comunicarle que ya hemos cerrado!- le vemos equipado con un arma que, a simple vista, parece ser un fusil. No tengo ni idea de dónde puede haberla sacado ahora-. ¡Le pido que se marche!

Aquel que está siendo echado levanta la cabeza y gruñe. Ya no estoy seguro de que tratemos con alguien civilizado. Se pone en pie mientras nos mira con odio. En el momento que parece que va a volver a lanzarse, recibe más proyectiles de goma por parte del encargado y su arma. El ansioso hombre va retrocediendo debido a la oleada hasta atravesar una vez más las puertas del establecimiento. Ya pasado esto, el señor Berbit se acerca a la entrada para sellar ésta con las cerraduras y cierres que vienen incluidas.

-Ma’Riagg: Jefe, ¿podemos saber qué le pasaba a ese individuo? Me da la sensación de que usted tiene una ligera idea, como mínimo.

El encargado la mira por un momento y le lanza el fusil de antidisturbios. La utrom disfrazada lo coge sin dejar que caiga.

-Berbit: Cómo se nota que sois forasteros- le vemos ir hasta la parte trasera del mostrador-. Los llamamos “adictos”. Son personas que nunca tienen suficiente de la comida que vendemos en Happy Smile- se agacha para coger algo-.

-Michelangelo: ¿Vendéis alimentos que provocan adicción?- pregunta el reptil, quien ya no parece querer ocultar su presencia. Lo que dice me hace pensar en el alcohol y el tabaco ya tan normalizados en mi mundo. Aunque este caso parece ser mucho más extremo, ¿verdad?-.

-Berbit: ¡Eh!- mira sorprendido por un momento-. Oh, vamos, Guarda, seguro que has visto cosas peores- aparta de nuevo la mirada para centrarse en sacar lo que quiera sacar del interior del mostrador-.

-Ma’Riagg: Nunca oí hablar de que la carne de buggalo pudiera producir adicción.

-Yo: ¿”Buggalo”? Espera. ¿Las hamburguesas no vienen de las vacas?

-Michelangelo: Búscalo luego en Google, ahora no es el momento.

-Berbit: No es la carne que usamos. Es otro ingrediente. Ah, ¡por fin puedo sacarlo!- pone encima del mostrador una manguera-. ¡Y justo a tiempo!

De nuevo se escuchan múltiples golpes a las puertas. Todos miramos hacia donde proviene el sonido. Vemos, a través del cristal, a muchas personas restregando sus caras, babeando y empeñando las ventanas con sus alientos.

-Yo: Un momento, ¿cuántas personas son adictas?

-Berbit: En realidad todos lo somos, pero algunos lo llevan peor que otros- se pone delante con la manguera ya desenrollada-. ¡Atentos, la puerta no suele aguantar mucho! ¡Y busca algo con lo que defenderte, novato!

-Yo: ¿Co-con qué?

-Ma’Riagg: ¡Franky!- me llama al mismo tiempo que me lanza la pistola con aspecto de juguete, que ya empiezo a ver demasiadas veces-.

No soy tan hábil como la utrom demostró antes con el fusil. El arma se me resbala y cae al suelo. El impacto hace que la pistola dispare un rayo, el cual impacta en una de las puertas, abriendo un agujero por el que puede entrar un brazo de esos hambrientos.

-Yo: Joder, joder, joder- maldigo mi suerte mientras recojo el arma-.

-Michelangelo: ¡Un poco más de cuidado!

-Yo: Perdón.

-Berbit: ¡Espera, no podemos matarlos! ¡Siguen siendo clientes!

-Yo: ¡Yo tampoco quiero matar a nadie!

La discusión es interrumpida cuando las puertas ceden ante el peso de la horda de adictos. Entran desesperados, como si no hubiera un mañana, como si tuvieran que hacerlo para sobrevivir. Nuestro superior les rocía con un líquido similar al agua a mucha presión de la manguera, pudiendo frenar a la mayoría. Aquellos que escapan son interceptados por los golpes de luz del Guarda y las pelotas de goma del fusil que maneja la investigadora utrom. Yo, sin embargo, no logro mantener esa envidiable calma y corro aterrorizado hacia detrás del mostrador. Impulsado por el miedo a ser atacado, apunto con mi arma, pero sigo teniendo el pensamiento de que podría acabar asesinando a alguien.

-Ma’Riagg: Si lo que te preocupa es terminar con alguna vida y aún así sigues queriendo defenderte, quizá te interese poner el arma en el “modo aturdir”- dice con tranquilidad al mismo tiempo que mantiene a raya a las personas grises-.


-Yo: ¿Y por qué no me lo habías dicho antes?- le reprocho molesto-.

En seguida, me pongo a mirar en detalle la pistola. Paso tanto mi vista como mis dedos por su superficie, pero no termino de distinguir un “botón” en especial que haga lo que quiero. De pronto, una enorme figura se alza delante de mí. Miro aterrorizado, sólo para comprobar que se trata de un hombre que padece de una obesidad severa, babea descontroladamente por la boca y me mira con ojos desquiciados, mismos rasgos que comparte con la mayoría de los adictos que nos embisten con energía. Me encojo del miedo. No sé qué hacer y, por supuesto, el adicto se abalanza encima de mí antes de que logre pensar algo. Se oye un disparo.

-Mi Primer Bláster: ¡Muy bien, le has dado!

Y, a continuación, un cuerpo cae. Mis ojos se abren como platos. El individuo que iba a atacarme ha desaparecido. Compruebo inmediatamente que me he equivocado en cuanto le vuelvo a ver, esta vez en el suelo, retorciéndose de dolor. Observo que tiene una herida en uno de los costados. Veo horrorizado mi arma. Acerco mis dedos al cañón. Lo noto caliente. Dejo caer el bláster otra vez.

-Berbit: ¿Qué has hecho? ¡Le has disparado a un cliente!

La acusación le distrae y hace que deje de apuntar con la manguera hacia la marabunta que mantenía ocupada, permitiéndoles avanzar y arrollar al encargado del local. El creciente número supera por mucho a las habilidades con el fusil de Ma’Riagg, embistiendola a ella también. Y Michelangelo pierde la concentración en el desconcierto, lo que le impide disparar rayos de luz verde con la certeza de antes. Llevado por el terror, me oculto agachado tras el mostrador. No creo que pueda soportarlo más. Afortunadamente, estas personas con comportamiento de bestias salvajes no son caníbales ni mucho menos. Lo que hacen es ir directos a la cocina y al almacén para saquearlos y comer todo lo que haya.

-Berbit: ¡No, me van a despedir por esto!

A pesar de lo angustiado que está por el futuro que se le avecina, no pierde el foco en el cliente herido y va a por un botiquín.

-Michelangelo: ¡Corre, es nuestra oportunidad!- dice volando por encima de mí-.

-Yo: Eh-¿qué?

-Michelangelo: Antes de tu “conmoción”, descubrí una salida secreta. ¡Sígueme!

No tengo más remedio que hacerle caso. Ma’Riagg se nos une inmediatamente, mostrando daños leves en su exo-traje. Recoge la pistola que una vez perteneció a Tinky Winky y nos sigue. La tortuga flotante nos conduce al cuarto de limpieza.

-Michelangelo: Atrás- nada más alejarnos un poco, dispara un rayo que pulveriza una pared falsa, revelando unas escaleras que van hacia abajo-. Vamos.

Todavía estoy en shock por la reciente experiencia, así que ni cuestiono ni contradigo en nada de lo que me dicen.

-Ma’Riagg: ¿A dónde nos dirigimos?

-Michelangelo: Directos al fondo de este asunto. Vamos a ver qué cojones le pasa a esta ciudad.
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MensajeTema: Re: Dimensions   Sáb Nov 10 2018, 19:31

Miro lo que llevo en la cartera. 15000 Quan serán suficientes. Aviso en casa de que llegaré en un rato, tras lo cual le envío un mensaje a Trecim para vernos en un bar algo alejado de nuestras casas en unos minutos. Tras saber lo que se cuece, no puedo evitar tener mil ojos cada vez que ando por la calle. Incluso cuando llego al bar no termino de sentirme tranquilo. Más de una vez siento el olor de Gasha demasiado cerca. Quizás no haya sido buena idea quedar en un lugar público, pero ya no hay marcha atrás. Trecim está entrando por la puerta en estos momentos.

-Trecim:¿Has averiguado algo?

-Yo:Hola a ti también. Sabes que Gasha está por aquí cerca, ¿verdad?

-Trecim:Perdona. Es por eso precisamente. Deberíamos haber ido a tu casa mejor.

-Yo:No, gracias. No quiero exponerme más de lo necesario a ese maníaco.

Pedimos un par de bebidas, las cuales exijo a Trecim que pague. El olor de Gasha se aleja.

-Yo:Vale, traigo novedades. Una opción para ti y Gya. Para tu familia si me apuras. No solucionaría el problema de las...ya sabes...pero os mantendría a salvo.

-Trecim:Me vale lo que sea.

-Yo:Antes de eso quiero que me prometas que aceptarás mis condiciones. -Me extiende la mano.- No, no, no. Ya llevo el tiempo suficiente en Bimbpep como para saber que en Pallex eso significa "te doy mi pésame". Sobre tu Kehafka, Trecim.

Cojo el medallón de Rawkarska me dio.

-Yo:Si accedes, te prometo decirte como os podéis salvar de eso.

-Trecim:Me parece justo. Acepto tus condiciones, Maximirusu.

-Yo:Y nadie interferirá en esto. Ni tus padres, ni Gya, ni nadie.

Parece dubitativo durante unos segundos, pero acaba por dejar caer unas gotas sobre su ídolo. Hago yo lo mismo sobre el mío, brillando los dos al unísono.

-Yo:Vas a ayudarme a mi y a uno de mis compañeros a meternos en la banda.

-Trecim:Gasha te matará. Desde lo del otro día te busca, Max.

-Yo:Es un riesgo a seguir. Lo que no puedo hacer es permitir que se siga haciendo esto. Necesito pruebas. En ti no confían ya como para acceder a ciertas zonas. En mi tampoco lo harán. No después de haberle hecho eso a Gasha. Pero quizás quieran hablar conmigo si compro algo.

-Trecim:...¿Qué estás diciendo?

Las piernas me tiemblan. Me levanto, e indico a Trecim que me siga hacia los baños. Una vez dentro, le arrastro a uno de los cubiles.

-Yo:Los daime'é tenemos un olfato lo suficientemente fino como para obligar a esa gente a hacer productos que, como mínimo, pasen desapercibidos a nuestro olfato. ¿Me equivoco? -Trecim niega.- Los humanos no tienen un olfato tan fino ni de coña, por eso los policías de la Tierra usan un animal llamado "perro" para detectar las drogas que una persona lleva encima. Existen test para detectarlas químicamente, claro. Usarán eso aquí, sin duda.

Saco la cartera y, de la misma, todo mi dinero. Lo que estoy a punto de hacer hace que me asquee de mi mismo.

-Yo:Dame el equivalente a esto en lo que lleves.

-Trecim:Max, no creo q-

-Yo:Vamos, Trecim. Sé que llevas. Y no me vale que me des a secas. Necesitamos pruebas.

Receloso, se baja el pantalón. En el calzoncillo parece llevar una ristra de bolsillos, de los cuales saca una pequeña bolsita. La pongo en mi bandolera con cuidado.

-Yo:¿Sabes?Estoy empezando a acostumbrarme a esta vida. Acepto ser un daime'é. Casi con los brazos abiertos y todo. Quien sabe que será de mi de aquí a unos años. Quizás encuentre a una chavala y me case con ella. Quizás tenga hijos. Por eso y porque resulta que tengo familia no quiero esa mierda en mi patio trasero. Antes de saber todas estas mierdas del caos y tal no me habría atrevido a hacer nada de esto. Todavía me da miedo, para que engañarnos. Pero ahora...Ahora al menos tengo aliados. Y poder.

Me siento en la taza del wc.

-Yo:Pero, aun con poder, no puedo hacer eso solo. Es la policía la que debe encargarse de eso. Por eso necesitamos pruebas. Y por eso vas a decirles a quien demonios sea tu superior que hay un nuevo comprador interesado en el producto. Vas a decirle que quiere encontrarse con él para ampliar la red de distribución. No van a fiarse, pero con verlos solo la persona que va a ayudarnos y yo tendremos suficiente.

Salgo del baño, aun con el temblor de piernas. El bar queda a nuestra espalda a los pocos minutos.

-Trecim:¿Y mi parte?

-Yo:En nuestra base siempre hacen falta trabajadores. Secretarios, recepcionistas, limpiadores...Tu familia podría ir allí. Al menos hasta que se calmen las cosas. Tendríais trabajo y un sitio donde esconderos. Pensadlo. Habladlo.

-Trecim:¿Cuanto tiempo tengo?

-Yo:No sé...¿Hasta que venga este conocido?Eso depende ya de cuando me avises, claro.

Llegamos a nuestra calle.

-Trecim:Gracias, Max.

Le doy un par de palmadas en el brazo.

-Trecim:Te avisaré lo antes posible. Prepárate.

Con estas palabras, se gira y va calle abajo, hacia su hogar. Meto la mano en el bolsillo y palpo el pequeño paquete de muerte en polvo. Sigo hacia mi casa. Una vez frente frente a la misma decido probar a abrir un portal. Mirando que no haya nadie alrededor ni vigilando por las ventanas, me concentro en la imagen de mi cuarto.

-Yo(sonriendo):Oh, dioses. Tengo que hacer esa pollada.

Chasqueo los dedos. Veo como el espacio se ondula frente a mi, abriéndose un portal que muestra la cama de mi dormitorio a la vez que el cansancio llega. Cruzo rápidamente y, tras quitarme la sudadera y los zapatos, me dejo caer en la cama.

Escucho movimiento en la planta de abajo. Alguien sube por las escaleras.

-Viann:¿Maximirusu?¿Eres tu?

-Yo:Sí...Acabo de llegar. Blake me ha dicho como abrir portales. A corta distancia.

Se sienta en la cama.

-Viann:¿Cómo ha ido la reunión?

-Yo:Bien. He visto a Trecim después de volver.

-Viann:...¿Te ha contado algo?

-Yo:¿De su "problemilla"?Sí, lo sé desde hace tiempo.

-Viann:Ha tenido malas rachas. No es un mal chico, pero...Ha tomado malas decisiones.

Me incorporo.

-Yo:¿Sabes?En la Tierra posiblemente se le habría aislado totalmente. Me resulta algo extraño este comportamiento.

-Viann:"No por abandonar vas a mejorar". Eso dice el refrán, hijo. De los Kehafka aprendemos a perdonar. Si ellos no ven que una persona haya pasado la línea de no retorno, ¿por qué vamos a abandonarlas?Siempre podemos ayudarlas a mejorar.

-Yo:¿Los mismos Kehafka que permiten que se vendan drogas a niños?

-Vian:No todos comparten la misma visión, hijo. Guivuo, el Arropador, es el que vela por Trecim. Es quien me cuida a mi también. Yo creo en él.

Me froto las sienes.

-Yo:He estado buscando como ayudarle a pasar página, y creo que hay una solución. Tranquila, no estoy solo en esto, pero...

Suspiro.

-Viann:Vamos, descansa un rato. Te llamaré para cenar.

Acaricia mi mano y se levanta. Antes de que se vaya, la cojo de la mano.

-Yo:El otro día...Cuando te llamé...Ya sabes. -Vuelve a sentarse.- En la Tierra no tenía mucha familia. Los cambios en la misma me resultan difíciles. Lo pasé muy mal cuando murió mi abuela, por ejemplo. La madre de mi madre de la Tierra en este caso. Todavía me afecta algunos días. Lo que quiero decir es que...No sé como decirlo. Me cuesta asimilar la idea de "familia grande y apegada". Pero quiero hacerlo. Si el otro día te llamé "mamá", no es solo por los recuerdos. Aunque fuera sin intención, no diría que fue un desliz.

Antes de que me de cuenta, se acerca y me abraza. Su pecho vibra.

-Yo:Perdóname...mamá.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Miér Nov 14 2018, 23:18

Las escaleras terminan en un pasillo, que recorremos a continuación. Al final del mismo, hay un ascensor de aspecto muy antiguo. Yo tengo mis dudas, cosa que no parece tener el reptil luminoso, pues se mete dentro sin vacilar. Ma’Riagg se toma muy en serio su papel de observadora y se detiene al mismo tiempo que lo hago yo, evaluando mis acciones. No veo más opciones que seguir adelante. ¿Pero eso por qué? ¿Acaso le tengo demasiado miedo a los adictos que hemos dejado atrás, aunque es evidente que tienen totalmente centrada su atención en la comida del restaurante? ¿A comprobar si el hombre al que le había disparado había muerto? ¿O quizá a quedarme a solas por mucho tiempo con la utrom? Quizá no sea debido a las razones que me impulsan a no volver, sino a una que me tira hacia delante y que desconozco. Miro el brazo en el que fui “mordido” (¿en serio?) por el Tamagotchi.

El ascensor detiene su descenso y salimos de él.

-Michelangelo: Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí?

Mi “biógrafa” se acerca a las paredes de piedra que ahora vemos, esto gracias a siniestras antorchas que arden con llamas rojas. Acaricia la piedra con su mano artificial.

-Ma’Riagg: ¿Serán las ruinas de una antigua civilización?

-Michelangelo: Sigamos adelante.

A medida que lo hacemos, vamos encontrando ídolos tallados en la pared, jarrones y vasijas con extravagantes dibujos grabados. El silencio es total salvo por nuestras pisadas y hace frío.

-Ma’Riagg: Este lugar está comunicado con Happy Smile, ¿pero por qué? ¿Y a dónde conecta también? Dudo mucho de que hayamos tenido la suerte de encontrar a la primera el único establecimiento con una entrada a estas ruinas.

El que fue una vez mi mascota se pone a escanear el suelo con su anillo verde.

-Michelangelo: Este sitio es viejo, pero se sigue usando.

-Ma’Riagg: Tengo una pregunta. ¿No pudiste analizar los alimentos que se venden en Happy Smile? Quizás así podríamos haber averiguado qué convierte a los clientes.

-Michelangelo: Estoy más pendiente de saber a dónde llevan a las personas secuestradas, gracias- dice con sarcasmo-. Ahora deja trabajar al experto, por favor.

Ya por curiosidad, observo algunos grabados en las paredes. Por supuesto, no llego a reconocer ni leer nada, pero al poco encuentro un símbolo que me llama la atención, uno que recuerdo haber visto. Éste es bastante simple; un círculo seguido de una línea con dos curvas muy cerradas, continuando a ésta a su vez por otro círculo del mismo tamaño que el primero. “OwO”. Toco el grabado. Mi brazo reacciona causándome dolor. Me tiro al suelo y grito mientras algo en mi cabeza intenta salir. Imágenes, sonidos, sensaciones. Son recuerdos, recuerdos que quieren emerger y volver a su lugar.

-Ma’Riagg: ¡Franky! ¿Qué ocurre?

El dolor se desvanece. Mi desorientación dura poco, dejándome una gran… lucidez.

-Yo: Sé por dónde tenemos que ir- digo señalando con mi mano derecha, la cual ha adquirido un color rojo para nada natural en mí-.

-Ma’Riagg: Pero ese brazo…

-Yo: No, tenéis que seguirme- me pongo en pie y empiezo a andar sin dejar que nadie me detenga-.

La tortuga me vigila, pero no dice nada. Parece haber decidido que me va a seguir el juego. Lo mismo ocurre con la utrom. Y así, tocando la pared que tengo al lado con mi mano derecha, empiezo a recorrer esas ruinas no tan olvidadas. No tardamos en darnos cuenta de la cantidad de cruces en los que tenemos que decidir qué camino tomar. Yo, sin embargo, tengo muy claro a dónde ir.

-Ma’Riagg: Estamos en un laberinto. Y sea lo que sea que le ocurra a Franky, parece ser lo único que impide que nos perdamos.

-Michelangelo: Con mi anillo podríamos haberlo resuelto igualmente.

-Ma’Riagg: Ya tendrás otra oportunidad de saciar esa sed de atención.

Michelangelo se limita a gruñir molesto. Tras un rato más de caminata, el reptil se alarma y se pone delante de mí.

-Michelangelo: ¡Para un momento!

Se adelanta a mirar algo peculiar en nuestra ruta. La curiosidad nos empuja a la investigadora y a mí a acercarnos. Bajo la luz verde del anillo, se halla un cuerpo inmóvil. Tiene forma humana, de eso no cabe duda, salvo por la cabeza. Es desproporcionadamente grande, con una piel rugosa que no encaja con la del resto del cuerpo, y unos repugnantes tentáculos salen como extremidades de la misma.

-Yo: ¿Qué…?

-Ma’Riagg: Espera- se agacha y comienza a palpar el espécimen-. Lo que vemos no es la auténtica cabeza. Esta criatura tiene en su interior la verdadera, como si la estuviera engullendo.

-Michelangelo: ¿Pariente tuyo?- pregunta con tono burlón-.

La utrom no contesta a la provocación y continúa con su análisis.

-Yo: ¿Está…?

-Mar’Riagg: Este individuo no muestra signos de vida. Por otro lado, este… “parásito”...

No consigue terminar la frase antes de que ese tentaculoso ser suelte el cadáver y se abalance encima de Ma’Riagg. La extraña criatura se aferra a la cabeza falsa con las extremidades, para luego engullirla con una horripilante boca llena de dientes filosos, aunque sin llegar a arrancarla. El terror vuelve a mi corazón, dejándome paralizado mientras no hago más que observar la asquerosa escena. Michelangelo actúa rápido y dispara contra el monstruo, consiguiendo así que éste deje ir a su presa y caiga al suelo fulminado. En cuanto a la alienígena encubierta, la cabeza artificial había sufrido unos pocos rasguños, a parte de haber terminado con la máscara quebrada. Espero a que mi respiración se vuelva a normalizar para poder hablar.

-Yo: ¿Estás bien?

-Ma’Riagg: Sólo ha dañado un poco la cabeza, no es grave, aunque me temo que ya no podrá hacer apropiadamente su labor de pasar desapercibido entre los humanos- mira al “parásito” en el suelo-. Creo que no ha llegado a sacar de mí lo que quería.

Toco mi mejilla un momento. Había notado que algo me había salpicado. Veo mi dedo ahora manchado de lo que creo en primera instancia que es sangre, probablemente de la criatura que acababa de exterminar el Guarda, supongo. Me quedo mirando el dedo manchado unos segundos, hasta que finalmente meto este mismo en mi boca y lo lamo.

-Michelangelo: ¡Joder!, ¿en serio, tío?- me mira repugnado-.

-Ma’Riagg: No deberías hacer eso. ¿Quién sabe qué efectos pueden-?

-Yo: Ya he probado esto antes- la interrumpo-. ¿Pero dónde?

Me quedo pensando en silencio. Los otros dos se miran entre ellos dubitativos. Luego la tortuga flotante se acerca al cuerpo muerto del monstruo parásito. Lo escanea con el poder de su anillo.

-Michelangelo: … No hay resultados. Imposible. ¿Acaso no es de este mundo?

-Ma’Riagg: El universo es grande, Guarda, así como el vasto conocimiento sobre él aún por descubrir.

-Michelangelo: Bueno, pues puede que hoy lo haga un poco más pequeño- ahora se aproxima al otro cuerpo sin vida, el mismo que yo me he quedado mirando. Como hizo con el otro, escanea al pobre desgraciado que no ha podido ser salvado-. Espera un momento- pone boca arriba el cadáver, ayudándose con otra de sus construcciones de luz-. Es uno de los desaparecidos.

-Yo: ¿De verdad?

-Ma’Riagg: Tiene razón- dice mirando la cara ahora descubierta-. Le recuerdo de unas de las fotos que teníamos entre los informes médicos.

-Yo: Aish, y me los dejé atrás en el restaurante…

-Michelangelo: Menos mal que copié la información antes. Pero es extraño- mira más de cerca a la víctima- ¿Cómo ha muerto? Veo heridas leves, hechas seguramente por los dientes de ese bicho, pero nada que pudiera haberlo matado.

-Ma’Riagg: Al menos a simple vista, pero quizá si se le hace una autopsia…

-Michelangelo: No tenemos tiempo ni éste es el lugar para hacerlo. Continuámos, luego se recogerá el cuerpo. Siento que estamos cerca de terminar con esto- dice posando su mirada en mí-. Venga, vamos, ¿qué ha pasado con esa actitud decidida de hace un rato?

-Yo: Ah, sí...

Vuelvo a ponerme delante, siendo llevado una vez más por este “guía” que había despertado en mí. No hay más incidentes notorios por una larga hora, no más allá de encuentros con esculturas extrañas y grabados, de lo que lo único se podía sacar es que eran muy antiguos, pertenecientes a una cultura desaparecida hace ya mucho. Finalmente se nos abre una sala mucho más grande. El tamaño de ésta impresiona, pero no tanto como lo hace su interior.

-Michelangelo: ¿Qué demonios es esto?

-Ma’Riagg: Es… no sé cómo describirlo.

Lo que encontramos son pozos gigantescos rellenos de un fluido rojo. En las paredes, se encuentran sujetos y colgados hacia abajo docenas de personas. Cada una de ellas tiene un monstruo parásito que tiene atorada su cabeza, como el que nos encontramos antes. De algún orificio trasero de esas repugnantes criaturas, sale expulsado el mismo líquido rojo que llena los pozos, y que llega a estos a través de pequeños y estrechos canales marcados en el suelo.

-Yo: Todo esto… no es sangre, ¿verdad?
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Dom Nov 18 2018, 04:11

Al día siguiente

Tengo la sensación de estar viviendo un dejá vu. Decenas de naves cubren el cielo. Cientos de especies aterrizan. Pero los daime'é tienen una reacción diferente. Aun cautelosos, el pánico no cunde de igual manera que entre los humanos. Quizás sea por educación. Quizás por genética. Pero lo más probable es porque no ha salido ningún Kehafka a expulsar a los recién llegados. Igualmente, y por precaución, se establecen perímetros de seguridad alrededor de las zonas de aterrizaje.

¿Y yo?Pues me encuentro desayunando tranquilamente, mirando las noticias a sorbo de leche. Por su parte, mis padres están algo asustados. Cada vez que una nave pasa cerca de casa, se ocultan tras las cortinas.

-Yo:Oh, vamos, relajaos. No va a pasar nada.

-Papá:Eso no lo puedes saber, Maximirusu.

-Yo:Pero lo sé. Lo viví hace unos meses en la Tierra, y lo único que pasó es que trajeron trabajo, mejora de la sanidad y viajes a otros planetas. Entiendo vuestro miedo. En la Tierra nos llevamos bastante tiempo en casa, sin atrevernos a salir a la calle. Allí no tenemos siquiera Kehafka para protegernos de grandes amenazas. No es el caso, claro.

Dejan la ventana y se sientan a mi lado.

-Yo:Órbita ayudó bastante en la Tierra. Nos asustamos muchísimo cuando llegaron, claro. Algunos llegaron a suicidarse. "¡Es el fin del mundo!", decían. No tardarán mucho en decir cosas así por televisión. También se sucedieron algunos altercados. Algunos acabaron bastante mal, pero corrían rumores de que Órbita iba a crear algunos planes de ayudas para ellos. Las primeras semanas fueron algo caóticas, es verdad. En mi casa no salimos más allá de lo estrictamente necesario, como os dije antes, sin atrevernos a salir a la calle. Pero aun así nos andábamos  con mucho cuidado.

Echo un ojo por la ventana al percibir el ruido de las naves bastante cerca. Los dos pegan un respingo al ver una figura por la ventana.

-Yo:Pero luego estuvo guay. Al poco de normalizarse la cosa, Blake vino a mi casa y, bueno...El resto ya lo sabéis.

Voy a lavar el vaso del desayuno. Órbita cerca de nuevo. Ha llegado antes la puñetera organización a la puerta de mi casa que una llamada de esta gente. Sé que Blake me dijo que el tiempo es variable, pero...Joder.

-Mamá:¿Con ellos viajaste por primera vez entonces?

La miro. No deja de echar miradas nerviosas a la puerta cada vez que las paredes vibran con el paso de las naves.

-Yo:Bueno, en parte...La primera vez realmente fue con Blake. Nos llevó con un portal a su planeta. Viajé en nave la última vez que vi a mis amigos. Ellos no me recordaban por aquel entonces, claro. Pero pude hablar con ellos. Un poco. Casi nada. Quizás les parecía un poco raro que un zorro amarillo de dos colas le hablase...Los zorros son una especie de la Tierra. -Suspiro.- Seguro que les causé mala impresión...

-Mamá:Maximirusu, no...

-Yo:¿Y si...?¿Y si es así?¿Y si, aunque me recuerden, no quieren volver a contactar conmigo?

Se me acerca y abraza. Pero el frío cada vez crece más en mi. El hielo que se forma en mi pecho tintinea con las vibraciones de las naves.

-Mamá:Eso no va a pasar.

-Yo:Antonio José ya no existe. No existió nunca para ellos en realidad. Todo esto...

Otro abrazo, por parte del otro daime'é. Otra vibración. Más frío. Empiezo a notar como si me ahogara. Bruscamente, los aparto de mi.

-Yo:Necesito...Necesito un poco de...de...

Subo corriendo por las escaleras, tropezándome con los escalones. Viann y Teeruoh van tras de mi, pero llego al baño y cierro el pestillo antes de que me alcancen. Mi reflejo me recibe. Como una serpiente, un nudo se forma en mi garganta. Pero no tarda mucho en aflojarse ante un grito desesperado. El cristal estalla en mil pedazos. Las piernas no pueden más. El suelo me recibe con las afiladas cuchillas en las que ahora se ha convertido el espejo. Noto algunos pinchazos, pero poco me importan. Ya no hay ruido de naves. Solo el de las voces de mis padres llamándome, aporreando la puerta desesperadamente para que les abra. Me levanto apoyándome en el lavabo. Más cortes. Me escuecen cuando abro el grifo de la ducha. Me siento en el suelo y dejo que el agua caiga sobre mi. Los golpes siguen, y la puerta parece estar cediendo a ellos. Con un último esfuerzo, creo una fina capa de hielo en el borde inferior, esperando que sea suficiente.

-Yo:No te mereces nada de esto. Quizás sea mejor que te dejen solo.

Escucho a Viann fuera, hablando aceleradamente. Le estoy haciendo pasar un mal rato. A ella y a Teeruoh. No...A mi madre y a mi padre. Deshago la capa de escarcha y abro el pestillo. La puerta se abre al fin, y no son ellos quienes entran, sino Blake. Este cierra la puerta a su espalda. Aparto la mirada, pero eso no evita que me de un bofetón.

-Blake: Te buscaré toda la ayuda que necesites, pero no vuelvas a hacer algo así.

Abre la puerta, tras lo que entran mis padres. Me pongo en pie con ayuda de Blake. Mis padres se quedan frente a mi. Es mi madre la que rompe el hielo y, como Blake, me cruza la cara. No una vez. Hasta tres veces antes de salir del baño. Escucho como la puerta de su dormitorio se cierra.

-Papá:Nos has asustado mucho, Maximirusu. -Parece estar al borde de las lágrimas.- No lo hagas nunca más.

Sale del baño, dejándome a solas con Blake.

-Yo:...No merezco tener nada de esto, Blake. Estaban mejor antes de que llegase.

Me pone las manos en los hombros y me mira a los ojos. Otra vez esa sensación.

-Blake: Maximirusu, se MORÍAN DE GANAS por que volvieras. ¿Sabes lo que es para un padre estar lejos de su hijo?¿No?Pues yo tuve que estarlo de Zhôu durante unos meses por una misión, y no había momento en que no pensara en él. Cada segundo era una aguja en mis corazones. Piensa en tus padres. Desde que tenías 3 años. 21 años sin ver a su hijo, Maximirusu. ¿Y crees que es mejor que no hubieras vuelto? No, hijo. Es lo mejor que les ha pasado en los últimos años. -Rompo a llorar.- Ve. Vamos. Ellos te necesitan.

Estoy a punto de salir del baño, pero me giro y abrazo a Blake.

-Yo:Gracias, Blake. Eres una buena persona. No me m -Levanta la mano.- Ya sabes a lo que me refiero.

Me pasa la mano por la cara.

-Blake: Eres joven, Maximirusu. Todavía tienes tiempo para equivocarte, pero no dejes que esos errores te acompañen por siempre. No permitas que te dejen solo.

Salimos del cuarto.

-Blake: Os recogeré mañana, a la hora de comer.

Tras general un portal e irse, voy al dormitorio de mis padres. Llamo a la puerta antes de entrar. Están llorando en la cama. Receloso, cierro la puerta a mis espaldas.

-Yo:...Siento lo que he hecho. Estoy todo el tiempo haciendo estas cosas y pidiendo perdón, pero lo siento de verdad. No quiero que os preocupéis, pero son muchos cambios. Demasiados en pocos meses. De vez en cuando siento que no puedo con ellos. Me falta el aire, y...pierdo el control.

       Dejé de tener mi antigua vida. Me encontré con esta...La real al parecer. Descubro que tengo poderes. Unos que no he pedido, y por los que me quieren matar. Todos se olvidan de mi. Os conocí de nuevo. Casi...casi me apuñalan volviendo a casa, justo tras darme una paliza. -Sueltan una exclamación ahogada.- Descubrí el problema de Trecim. Los Kehafka. Y ahora no sé cuanto voy a tardar en recibir una señal por parte de los que dejé atrás. Aunque sea un simple "no" me valdría. Pero algo que me diga que todo eso fue real.

        Quiero ponerle punto y final a todo esto. Seguir adelante. Si pudiera ser con aquellos que dejé en la Tierra mejor, pero...Quiero cerrar este capítulo. Por mi. Por vosotros.


-Papá:Tienes que contarnos todo, hijo. Te buscaremos toda la ayuda que necesites. Blake te ayudará en todo. Pero esto no puede volver a pasar.

Me enjuago las lágrimas.

-Yo:Lo sé.

Mi madre da un toque en la cama. Me siento entre ellos. Vuelvo a notar las vibraciones de las naves.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Lun Nov 26 2018, 01:44

Cumpliendo su palabra, Griffith no tardó en aparecer ante la puerta de mi habitación casi al mismo tiempo que yo terminaba de darme una ducha refrescante. Cogiendo algo de ropa de limpia del armario, salí a recibirla sin demora.

- Yo: Y... ¿a dónde estamos yendo exactamente? - pregunté mientras me llevaba por pasillos desconocidos para mi.

- Griffith: Aún conoces muy poco de Órbita o de... bueno, de todo prácticamente, así que he pensado que sería buena idea ponerte un poco al día, ¿no crees? En la estación todos saben más o menos tu condición, pero no fuera. No te vendrá mal tener un poco de conocimiento general antes de llegar al Capitel.

- Yo: He oído hablar de él un montón de veces, pero... ¿qué es exactamente el Capitel?

- Griffith: Para eso hemos venido. - dijo deteniéndose ante una amplia puerta doble. - ¿Cuál es la mayor fuente de conocimiento del mundo?

Abrió las puertas con suavidad, haciendo un leve sonido al deslizarse sobre el suelo de metal a pesar de su gran tamaño, sujetándola para que yo entrara. Un amplio espacio con varias mesas y sillas nos recibió al entrar, varias de ellas ya ocupadas por otros habitantes de la estación, los cuales no parecieron reparar en nuestra entrada, inmersos en sus libros como estaban. Filas y filas de estanterías bordeaban el lugar, todas ellas del tamaño de una palmera, como mínimo. En su interior, protegidos tras un cristal, se hallaban guardados celosamente cientos de volúmenes y manuscritos de todo tipo de tamaños o materiales. Papel, madera, piedra, metal, seda, papiro, tela, cuero. Incluso me pareció ver unos tomos hechos a partir de piel, y no de animal precisamente. Algunos podían caberme en la yema de un dedo, mientras que otros llegaban a sacarme varias cabezas de altura y grosor, ocupando todo el estante ellos solos.

- Yo: Wow...

Seguí a Griffith sin pensar, impresionado como estaba por aquel frenesí de culturas, hasta lo que debía ser la recepción. Una pequeña criatura, de no más de medio metro, presidía el escritorio revisando la pantalla holográfica que tenía delante. Su cuerpo era confuso, formado por un amasijo de lianas cubiertas en su mayor parte de grandes hojas tropicales, coronando su cabeza con el dulce aroma de una corona de flores azuladas.

- ???: Oh. Buenas, Griff. - la saludó al verla. Su voz era calmada y apacible, como una suave brisa otoñal, para no molestar al resto de lectores de la biblioteca. - Curioso verte aquí a estas horas. ¿Has terminado ya el último libro que retiraste?

- Griffith: Je, qué más quisiera. Con el poco tiempo libre que tengo casi ni me da para acicalarme las plumas al levantarme. - Los dos se rieron en voz baja. - No, esta vez vengo por él.

- Yo: B-buenas.

- ???: Ah, s-sí, el nuevo. - Las hojas de su cuerpo susurraron unas contra otras al apartarse receloso del mostrador. - E-el dra-drakara...

- Griffith: Tranquilo, Livss. Oye, Xalcer. - dijo volviéndose hacia mi. - Arriba hay cosas interesantes. ¿Por qué no das una vuelta y echas un vistazo mientras? Ahora te alcanzo.

Arqueando una ceja, no tuve más remedio que hacer como me dijo. Para acceder a las plantas superiores había dispuestas unas escaleras circulares tras la recepción, enroscándose alrededor de un grueso y robusto árbol cuya copa alcanzaba hasta varios pisos por encima. Su corteza era de un blanco ceniza y tenía un tacto similar al de mármol sin pulir, pero al acercarme pude ver que entre los resquicios, la madera de su interior era de un suave verde pastel. Zonas de lectura se arremolinaban alrededor de su tronco en cada planta, con mullidos sillones y cojines, iluminados por multitud de lámparas de papel que pendían de sus ramas. De entre su denso follaje carmesí se mecían hamacas en las ramas más altas e inaccesibles, ocupadas por aquellos capaces de alcanzarlas y que preferían disfrutar de una apacible lectura sin ser molestados.

Deambulé sin rumbo entre las filas de libros, ojeando a través de las vitrinas llevado por la curiosidad. Casi todo estaba escrito en lenguas desconocidas para mi, utilizando infinidad de símbolos y formas de escritura. Algunos me llegaron a recordar a las runas celtas o a los jeroglíficos egipcios, lo que me hizo dudar si podía haber alguna relación. Griffith y la criatura planta no tardaron en aparecer al final del pasillo.

- Livss: Xalcer, ¿no es así? Mi actitud de antes fue muy descortés e impropio de mí. Por favor, ruego que acepte mis más sinceras disculpas.

Dicho esto, la pequeña planta se arrancó una de las flores de su cabeza y la aplastó contra el pecho con sus vides, liberando un olor agrio en el aire. Miré a Griffith desconcertado, pero esta se limitó a encogerse de hombros y negar con la cabeza.

- Yo: T-tranquilo, no pasa nada. - respondí con una risa nerviosa, en un intento de quitarle hierro a aquella incomoda situación. - No tiene importancia.

- Livss: No sabe cuánto me alegra oír eso. - respondió animado, recuperando la compostura. - Me temo que no nos hemos presentado como es debido. Mi nombre es Livss, soy el asistente de la biblioteca. Será un placer ayudarle en lo que necesite.

- Yo: E-encantado.

Extendí la mano, pero la retiré cuando ambos se me quedaron mirando sin mucha idea de lo que estaba haciendo. En cambio, Livss inclinó su cabeza en una reverencia, el dulce aroma afrutado que le rodeaba volviéndose aún más distinguible. Ser capaz de percibir los diferentes matices en el olor característico de cada persona e identificarlos por ello me seguía resultando increíble.

- Livss: De acuerdo. - dijo irguiéndose de nuevo. - ¿En qué puedo ayudaros?

- Griffith: Xalcer aún está muy verde, así que me preguntaba si tendríais algo para que pudiera aprender sobre Órbita un poco. Historia, costumbres... Ya sabes, lo suficiente como para que no pueda meterse en problemas.

- Livss: Hmm... Sí, tenemos bastante material que podría servirle para empezar. Venid.

Seguimos Livss dando un pequeño tour por la biblioteca, mostrándonos en qué estanterías podíamos encontrar libros o revistas sobre cada materia o tema que necesitáramos, así como enseñándome cómo hacer para que descargar los datos de cada uno en mi guante para no tener que cargar con ellos. Fue así como conocí la Orbitalia, una enciclopedia digital con un extraño parecido con Wikipedia, que podía consultar con Airo en cualquier momento.

- Livss: Creo que eso es todo. Si me necesitas, puedes encontrarme en la recepción. Estaré encantado de resolver cualquier duda que tengas.

- Yo: Esto... - le detuve antes de que se marchara. - M-me preguntaba si habría... una lista o algo así que muestre las especies que hay en Órbita.

- Livss: Hay varios compendios, pero me temo que suelen limitarse a documentar taxonomías específicas para su estudio. Lo siento.

- Yo: Vaya...

- Livss: Aunque... ¿Busca alguna especie concreta por la que tengas curiosidad? Es posible que tengamos algo que le sirva.

- Yo: La cosa es que... no tengo ni idea de lo que era. Me topé con él cuando estaba fuera, y supongo que me llamó la atención porque me recordaba a cierto personaje.

Hacía días que regresé del viaje, y aún recordaba a aquel bicho de las narices con total perfección. La claridad con la que su imagen se me formaba en sueños me ponía las escamas de punta. Su olor... Completamente nuevo y exótico para mí, pero aún así había algo en él, un pequeño e ínfimo matiz que impregnaba mi mente, despertando cosas en lo más profundo de mi subconsciente. No, ese olor no me resultaba familiar. Lo conocía, lo había percibido antes. Un abrazo. Pero, ¿a quién? Sentía que tenía la respuesta en la punta de la lengua, negándose a salir por más que lo intentara.

- Livss: ¿Recuerdas cómo era? Mis conocimientos sobre especies no es del todo extensa, pero quizá podamos redondear la búsqueda.

- Airo: Xalcer, si me permite la intromisión... - intervino mi asistente antes de que pudiera decir nada. - Dispongo de varias imágenes del sujeto que creo que pueden serle de utilidad.

Pulsé el botón del guante, abriendo su interfaz. Ante nosotros mostró una fotografía durante mi estancia en el planeta, de la excursión del último día antes del ataque de los villanos. En uno de los laterales podía verse al zorro en cuestión.

- Yo: No sabía que estuviste haciendo fotos.

- Airo: Mi trabajo como asistente requiere registrar y documentar toda tu actividad a lo largo del día.

- Yo: ¿Incluso...?

- Airo: Así es.

- Yo: ...Recuérdame que no vuelva a entrar al baño contigo encima.

- Griffith: Parece un... ¿vulpario? - sugirió no muy convencida mirando la imagen.

- Livss: No, no es un vulpario. Ni un caso leve de albinismo tendría esa coloración. Y esas dos colas... - dijo acercándose para ver con más claridad. - ¿Dónde dices que lo encontraste?

- Yo: En Gehena.

- Griffith: Si no es un vulpario, ¿entonces qué es? No recuerdo haber visto ninguno parecido antes.

- Livss: No es de extrañar. Los damei están catalogados como "no aptos".

- Griffith: ¿Damei?

- Livss: O daimei, no estoy seguro. Tenían unos nombres impronunciables.

- Yo: ¿Qué quieres decir con lo de "no aptos"?

- Livss: No aptos para su unión a Órbita. Todas las nuevas especies sapientes que descubrimos se analizan y estudian para comprobar si están preparadas para su anexión. En su caso, - señaló al zorro de la imagen. - se llegó a la conclusión de que aún estaban un poco verdes.

- Griffith: Qué raro. No recuerdo nada de ello.

- Livss: Fue hace ya unos años. Por aquel entonces no eras más que un polluelo, cuando yo aún era solo el becario.

- Griffith: Entonces... ¿deberíamos informar de todo esto?

- Livss: Tratándose de un solo individuo es posible que no tenga importancia. Igualmente se lo comentaré a Seerel, por si cree pertinente tomar cartas en el asunto. En cuanto a lo tuyo... - Se volvió hacia mí. - La parte buena es que creo que tenemos estudios sobre los diamé. Tendría que consultarlo con los archivistas. La mala es que no están disponibles para su uso público. Lo lamento mucho.

- Yo: No pasa nada. Creo que ya he aprendido suficiente sobre ellos.

- Livss: Me alegra haber sido de utilidad. Ahora, si me disculpais, creo que me ausentado demasiado tiempo de la recepción. Ha sido un placer, Xalcer.

- Yo: Igualmente.

Trate de concentrarme en la lectura de uno de los libros que había descargado, pero no paraba de darle vueltas a aquella nueva información. No sólo no había visto nunca antes a ese zorro, sino que encima era imposible que hubiera tenido contacto con él o uno de su especie antes. Todo aquello empezaba a darme dolor de cabeza. Ante ser que me diera cuenta, ya habían pasado varias horas y yo aún seguía en la primera página, con un vacío en el estómago que me pedía a gritos que lo llenara de comida.
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Perro
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MensajeTema: Re: Dimensions   Mar Nov 27 2018, 00:46

Observo horrorizado a todas esas personas colgadas boca abajo y siendo succionadas por esos repugnantes parásitos.

-Yo: ¿Qué-qué está pasando?

-Michelangelo: Ni idea, pero puede que al fin hayamos encontrado a las personas desaparecidas.

-Ma’Riagg: Aquí no están todas, debe de haber más salas como ésta.

-Yo: ¿Pero todos están…?

La tortuga Guarda escanea a las víctimas con la luz de su anillo.

-Michelangelo: Todos están vivos. Está claro que los necesitan así.

-Ma’Riagg: Quedan las siguientes preguntas; ¿Quiénes y por qué?

-Michelangelo: Quizá podamos preguntárselo a ellos mismos- dice mientras baja, usando sus poderes, a uno de los prisioneros-.

Yo, mientras tanto, me acerco a uno de esos pozos que están casi completamente llenos de ese fluido rojo. Al mirarlo con más detenimiento, el hecho de que haya sido exudado de una bola arrugada repleta de tentáculos me da menos asco. Me agacho cuando estoy al borde del pozo. Alargo la mano para sumergirla en el líquido. Luego la saco y miro cómo de manchada está.

-Te-témela… Saboréala…

Me giro y veo a una mujer que acababa de ser liberada de la criatura que la aprisionaba, gracias a Michelangelo y a Ma’Riagg. Se encuentra en el suelo, con la mirada perdida y balbuceando mientras un líquido rojo le sale de la boca y de los ojos. Ahora lo sé. Es el mismo fluido que cubre mi mano, el mismo que me salpicó en la mejilla cuando Michelangelo disparó contra uno de esos parásitos… el mismo que degustaba cuando comía las hamburguesas del Happy Smile que habíamos dejado atrás.

-Mujer: A todos nos salpica… ahg… a todos nos baña.

-Ma’Riagg: ¿De qué estás hab-?

-Mujer: ¡LA SALSA!

Con esas últimas palabras dichas, de las que sospecho que han salido de un traductor ya defectuoso, se desmaya.

-Michelangelo: Eso ha sido inquietante.

-Ma’Riagg: Pero no responde a nuestras preguntas. Volvamos a intentarlo con otro- pero mi cuerpo me dice que no puede esperar más y avanza por su cuenta-. Franky, ¿qué estás haciendo?- me pregunta nada más darse cuenta de que me marcho-.

-Yo: No lo sé. Sólo sé que tengo que irme- me dirijo hacia otra salida diferente de la que habíamos usado antes para llegar a este horrible lugar-.

-Michelangelo: ¡Maldita sea, Franky!- dice molesto y dejando su labor de rescate de lado- ¿Entiendes que tus probabilidades de sobrevivir, en un terreno desconocido e inhóspito, bajan drásticamente por cada metro que te alejes de mí?

Le ignoro y continúo. La sala contigua a la que llego es idéntica a la anterior, con sus pozos llenos y con personas pegadas en la paredes y puestas del revés. Todo igual salvo que, esta vez, encontramos allí a individuos con los mismos uniformes que llevábamos puestos la utrom y yo. Cargan con bidones llenos, probablemente, de la sustancia que esa mujer llamó “la Salsa”. “Probablemente” no, lo es seguro. Yo lo sé de alguna manera. Estos hombre nos ven entrar, pero no hacen nada para obstaculizarnos y siguen con su rutina.

-Ma’Riagg: No lo entiendo. ¿Por qué nos dejan ir a nuestras anchas?

-Michelangelo: … ¿Y si nos quieren aquí?- me ve correr tras decir su pensamiento en alto-. ¡Franky, espera!

Vuelvo a pasar por otro agujero hecho en la pared que hace de entrada hacia otro sitio. El paisaje no varía; más pozos y más personas secuestradas siendo succionadas por esas extrañas alimañas, lo que me hace plantear cuántos lugares como éste hay debajo de la ciudad. Bueno, he mentido, hay otra diferencia, pero no se trata de individuos uniformados esta vez. En el centro de la sala, se halla un intrigante cúmulo de luz verde.

-Yo: ¿Qué…?

Los dos quienes me siguen se detienen a mi lado callados. El Guarda es el primero en romper el silencio.

-Michelangelo: Esa luz verde… La reconocería en cualquier parte- mira su anillo-.

El reptil flota hacia lo que parece ser una pequeña cúpula formada de luz y se detiene a observarla con detenimiento. La investigadora y yo, curiosos, le seguimos.

-Ma’Riagg: ¿Puedo suponer que sabes qué es?

-Michelangelo: Es una barrera que sólo los Guardas de Luz pueden levantar. Lo mejor de ésta es que puede seguir funcionando, aunque quien la hiciera se haya ido hace mucho tiempo.

-Ma’Riagg: Si está aquí es porque está protegiendo algo, ¿me equivoco? ¿Qué es y de qué lo protege la barrera?

-Michelangelo: ¿No te cansas de hacer preguntas tontas? Sólo un Guarda de Luz puede bajarla, aunque no sea quien la creó originalmente. Qué suerte que yo sea uno, ¿verdad?

Señala con su anillo y proyecta un haz de luz que incide en la barrera. En pocos segundos, ésta se “apaga”, dejando atrás un objeto. La alienígena encubierta es la primera en acercarse y cogerlo con cuidado.

-Ma’Riagg: ¿Qué es este curioso artefacto? ¿Qué secretos esconderá de nosotros y cómo los descubriremos?

-Michelangelo: Alto, alto. Me suena haber visto algo así antes. ¿No es una lámpara, como las que usan para encerrar a genios en los cuentos?

-Yo: Es… una salsera- digo sin disimular mi tono intermedio entre la indignación y la decepción-. ¿Por qué estoy metido en una historia supuestamente seria con elementos tan ridículos?- comento en voz baja para mí mismo-.

-Michelangelo: Tiene que ser algo más, algo importante. Algún Guarda de Luz debió de guardarla aquí para que uno de los nuestros lo encontrara.

-Cierto, y te lo agradezco, pero ahora me gustaría que me lo devolvieras.

Los tres miramos alarmados hacia la dirección de la voz. Una persona sale de una de las entradas que hay de acceso a esta sala. Me cuesta reconocerla en un principio, pero termino cayendo en que es la médica que me atendió en el hospital.

-Ma’Riagg: Doctora Apothek, ¿qué está haciendo aquí?

-Dra. Apothek: Esperar el momento indicado para reclamar lo que les pertenece.

-Michelangelo: ¿Pertenecer a quién?

-Dra. Apothek: No a ningún Guarda de Luz desde luego, pero puedes estar tranquilo. Nuestros amos son agradecidos y os sabrán recompensar. Siempre y cuando que me entreguéis la reliquia, por supuesto.

-Michelangelo: Antes tendrás que responder a unas cuantas preguntas, “doctora”.

-Dra. Apothek: No hay tiempo que perder, mis amos están impacientes por llegar. ¡Entregádmelo!

Arrebato la deseada salsera de entre los dedos artificiales de Ma’Riagg y demuestro que mi brazo derecho tiene la suficiente fuerza para no sólo lanzar el objeto, sino también acertar en las manos de la médica jefe.

-Michelangelo: ¡Franky! ¿Qué has hecho?

-Yo: Yo… ¿qué?

-Dra. Apothek: Has cumplido bien con la tarea que te encomendé. No lo olvidaré, ni tampoco mis amos.

-Ma’Riagg: En el hospital...- dice mientras se gira hacia mí-. Ese tratamiento hizo algo más que curarte.

-Dra. Apothek: Con los pozos llenos y con la reliquia de vuelta, mis amos finalmente podrán tocar este plano terrenal- saca de uno de los bolsillos de su bata de laboratorio un libro y lo abre. Alza lo que para mí es una simple salsera y empieza a leer la página por la que había abierto el tomo-.

-Michelangelo: ¡Alto en nombre de los Guardas de Luz!- dispara un rayo verde que la mujer esquiva por los pelos echándose al suelo-.

-Dra. Apothek: ¡Estás cometiendo un grave error, Guarda!- recoge el libro, que se le había caído junto al “artefacto”, y busca entre sus páginas algo en concreto-. ¡Sirviente, detenlos!

Observo confundido la situación actual, así como la nueva orden que creo que se me ha dado. Ante la atenta mirada de la utrom y la tortuga, mi mano derecha cobra vida propia para… formar una boca. No es que se hubiera convertido en una boca como tal, sino que había colocado los dedos para simular una.

-Mano: Vamos, Franky, ayúdanos y nosotros te ayudaremos.

No sé qué está pasando. Tantas cosas extrañas pasando una detrás de otra. Mi respiración se agita y mi ritmo cardíaco aumenta hasta niveles que jamás creí posibles. Con esto, termino mareándome, pero no caigo al suelo, pues a donde me tiro es uno de esos pozos llenos de rojo. Me hundo mientras oigo las voces de quienes se preocupan por mí.
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Mar Dic 04 2018, 03:16

10:00 del día siguiente

Las naves siguen yendo y viniendo fuera. Mientras tanto, yo no puedo quedarme quieto. ¡Vamos a Mairena! Después de tanto tiempo, vuelvo al pueblo que me vio crecer. Yo, el que quería salir del pueblo desde hacía tanto tiempo, deseoso por volver a ver sus calles. Las vueltas que da la vida, ¿eh?

La verdad es que los nervios no vienen solo de ahí. Voy a volver allí, el lugar que lo último que vio de mi justo después de que todo el mundo me olvidara fue como estaba medio borracho en un callejón, hartándome de llorar, desnudo y con un charco de vómito al lado. Sujeto con fuerza el colgante que Rawkarska me dio y respiro hondo. Me giro y miro a mis padres. Están tiesos como palos. Es normal si tenemos en cuenta que es la primera vez que viajan a otro planeta.

-Yo:Relajaos. -Sonrío con sorna.- Ahora entendéis un poco mejor mis nervios, ¿eh? Pero tranquilos, que no va a pasar nada. Solo tenéis que tener en cuenta un par de cosas. Quizás algo más. La primera es que donde vamos no se habla pollux, ygvet, cariosio ni nada de lo que tenemos aquí, así que no os acerquéis a un humano diciéndole ¿Qwen gu huae't?, porque no va a saber que le estáis preguntando donde está el baño. Yo haré de intérprete. Lo segundo es que, como es evidente, en la Tierra todavía no han visto a ningún daime'é. Solo a mi, claro. Si os miran con curiosidad, es normal. Tercero: para ellos somos alienígenas. Quizás alguno se acerque a hacer alguna pregunta rara.

Intercambian una mirada nerviosa.

-Yo:Más. Somos intolerantes a muchos de los alimentos de la Tierra. Cuidado con lo que coméis. Posiblemente os llamará la atención que no hay tanto bosque allí, pero la verdad es que no hay ni Kehefkas, que es por lo que Órbita pudo aterrizar antes en la Tierra según Blake. Y por último es que quizás alguien se me acerque. Espero que no. Ojalá. La cuestión es que la última vez que estuve allí tenía un aspecto un poco...lamentable. Puede ser un poco incómodo, pero será rápido.

Terminamos de preparar todo, tras lo cual no tarda mucho en venir Blake y abrir un portal que nos conduce a una zona algo alejada de donde se cerró el portal cuando volví a tener esta forma. Nos advierte que nos recogerá al media tarde, tras lo cual desaparece.Y me doy cuenta de algo que se me había olvidado.

-Yo:Es cierto. Con el pelaje no me había dado cuenta, pero aquí hace bastante más calor que en casa.

Miro alrededor. Las calles siguen iguales que hace unas semanas, cuando empecé la aventura de aceptar mi nueva vida. Algunos aliens sueltos. Muchos humanos, los cuales ahora también resultan ser aliens para mi. Y ese olor. No me había dado cuenta hasta ahora, pero el olor de la polución es bastante penetrante. El ruido de los coches, incesante. Y hablan muy alto.

-Yo:Es...Es algo diferente a lo que recordaba.

-Papá:¿Así eras antes, hijo?

Señala con la mirada a los humanos, ahora mirándonos de reojo.

-Yo:Bueno, algo así. Raro, ¿eh?

-Mamá:Así que aquí te criaste. Tantos edificios...Tanta gente y ruido. No hay apenas árboles. Y los animales van con correas o collares.

-Yo:Los llamamos mascotas. Y esto no es nada en comparación con las grandes ciudades. Vamos. Os llevaré a tomar algo para comer.

Me resulta algo cómica la situación. Bien es cierto que no me termino de sentir cómodo con las miradas que me dirige la gente al pasar, pero las reacciones de mis acompañantes y que hagan fotos hasta a la mayor tontería me resulta curiosa. De camino paro para cambiar algunos Quan por euros en una estación de cambio de divisa de Órbita. No tardamos en estar en una cafetería.

-Papá:El idioma que hablan es curioso. Es algo...

-Yo:¿Duro?

-Papá:Sí.

-Yo:Es totalmente diferente al pollux. En la Tierra hay idiomas que se parecen mucho más. El cariosio sí se parece a este. -Llega el turno de pedir.- Buenos días. Sí, quería tres enteras completas con aceite, jamón y tomate y tres zumos de naranja.

La camarera no tarda en apuntar lo pedido. Se nos queda mirando.

-Camarera:¿No sois de los nuevos que se han unido a Órbita?

Le dirijo una sonrisa y asiento.

-Camarera:Pues hablas muy bien mi idioma. ¿Cómo lo has aprendido tan rápido?

-Yo:Eso es secreto de sumario.

Tras guiñarle un ojo y pedir, nos vamos a la mesa. El desayuno no tarda en llegar. Con mirada analítica, el daime'é panadero mira la tostada. Parece darle el visto bueno, pues empieza a comer tras explicarle lo que es y como prepararla. Pagamos y salimos. Es entonces cuando alguien me placa, tirándome al suelo. Antes de que puedan reaccionar cogen a mis padres, evitando que se puedan acercar. Veo que quien lo hace es un humano, el cual lleva un símbolo que muestra dos triángulos cruzados con un círculo dentro, el cual cuenta a su vez con un círculo interior, cosido en su camisa. En el centro de la misma tiene una pequeña joya circular. La gente se aparta de mi agresor.

-Mamá:¡¡MAXIMIRUSU!!

Intento hacer que su sombra le atrape las piernas, pero ésta no se levanta del suelo. Antes de que se acerque le cruzo las colas por la cara, momento que aprovecho para barrerle las piernas. Me hago daño en la pierna, pero cae. Haciendo uso de mi flexibilidad me pongo en pie. Cojo una silla y atizo con ella al miembro de la Hermandad que está en el suelo. Este rueda y esquiva el golpe, lanzándome a la vez un puñado de polvos a la cara que me ciegan momentáneamente.

-Hermandad:¡Gloria a la Hermandad!

Un contundente puñetazo me lanza al suelo de nuevo. Me quito el polvo de los ojos, pero el agresor no pierde puntada y empieza a darme patadas. Escucho como saca algo de su bolsillo, y parece afilado. Presa del pánico, transformo un montón de hojas de un árbol cercano en cuchillas y las dirijo contra él. Una buena cantidad de cortes cubre el cuerpo del humano, momento que aprovecho para sacar las garras y arrancarle la joya de la ropa de un zarpazo y lanzarla bien lejos. Los otros dos sueltan a mis padres y se acercan para atacarme. Uno de ellos saca una porra de la cazadora que lleva y me propina un golpe en el costado. Noto como mis costillas crujen ante el impacto. Mi padre coge una silla e intenta lo que yo antes, teniendo éxito. El otro intenta golpearme, pero me alejo de él de un salto largo, con el cual consigo agarrarme a una rama del árbol de antes. Mis costillas crujen cuando me balanceo.

-???:¡Eh, eh, EH!¡¿QUÉ COÑO PASA AQUÍ?!

Finalmente, un par de guardias civiles se acercan para parar la pelea. Bajo del árbol, ante lo cual crujen mis costillas de tal manera que me hacen ver las estrellas. Mis padres me cogen, dado que posiblemente caería al suelo sin apoyo. Los policías sujetan a los dos de la Hermandad que quedan en pie, dado que el que recibió el sillazo yace inconsciente en el suelo. Antes de que la policía se acerque creo un portal que nos aleja del lugar. Mi madre me abraza, con lo que suelto un quejido de dolor.

-Mamá:Mi niño, mi niño...

-Yo:Tendría...Tendría que haber tenido en cuenta...Que dejé un buen rastro energético.

-Papá:...¿Dónde estamos?

Miro a mi alrededor. Tendría que haberlo sabido.

-Yo:Solo pensé que "quería volver a casa".

Ante nosotros se extiende un cuarto que ahora parece dedicado al almacenaje, pero que hasta hace poco era mi dormitorio.

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MensajeTema: Re: Dimensions   Lun Dic 10 2018, 01:42

... ugottodoisdrinkallyourmilkallyougottodoisdrinkallyourmilkallyougottodoisdrinkallyourmilkallyougott-”

Un extraño cántico se mete en mi cabeza, retorciéndose a placer, tomando lo que ahora cree suyo. El líquido en el que me había zambullido no sólo me cubre por completo, sino también se mete en mi interior por todos los orificios que le es posible. “Voy a morir”, pienso pesimista, pero mi cuerpo me contradice al asomar un brazo y posarlo en  el borde del pozo. Luego sale todo lo demás, como si saliera de una piscina. Aún así, no me libro de esa “salsa”. Está por todo mi cuerpo, tanto por fuera como por dentro. Me hace desear algo. No, no es matar. Es otra cosa. Me incorporo, levanto la cabeza y sonrío.

-Yo: ¡Quiero saber todos vuestros secretos!- reclamo con una voz que es mía y no lo es al mismo tiempo-.

La sustancia se ciñe a mí, como una segunda piel. Me moldea. Me transforma en alguien más. O al menos eso me quiero hacer creer.

-Dra. Apothek: … “kallyougottodoisdrinkallyourmilk”- pronunciadas esas extrañas palabras, que aparentemente burlan mi traductor, cierra entre sus dedos un libro que había sacado de uno de los bolsillos de su bata blanca-. ¡Ahora frénalos hasta que termine el ritual!

-Michelangelo: ¡No lo hagas, Franky!

Con unos fuertes músculos que se me acaban de formar en las extremidades y unas afiladas garras que se extendien de mis dedos, me abalanzo encima de la utrom y la tortuga. Trato de alcanzar a ambos con movimientos ágiles y con fuerza, mientras que la investigadora se defiende con un gran dominio en los movimientos que puede hacer su exo-traje, casi propios de una atleta, y el Guarda materializa caparazones de luz que le cubren. La doctora abre su libro nuevamente para empezar otro hechizo.

-Dra. Apothek: "You’regivingmetoomanythingslatelyyou’reallineedandmoreyousmiledatmeandsaid"- lee mientras alza la “salsera”-.

La salsa roja parece moverse al ritmo del cántico. El líquido sale de los pozos, arrastrándose hacia un mismo punto en la sala.

-Michelangelo: ¡No, tengo que detenerla, sea lo que sea que esté haciendo!

-Ma’Riagg: ¡Voy yo, tú hazte cargo de Franky!

De mala gana, la tortuga invoca un bastón largo con el que frena mis dos manos, dándole el tiempo suficiente a la utrom para correr hacia la médica.

-Michelangelo: Claro, te destrozaría en cuanto te dejara sola con él- afirma al mismo tiempo que recrea un par de nunchakus-.

El reptil y yo nos enzarzamos en la lucha. Mis ataques son salvajes, rápidos pero poco precisos. Michelangelo maneja las armas al mover sus pequeñas patas y maniobrar en el aire, dando un espectáculo muy épico o ridículo, dependiendo de con qué ojo se mire. Ya sea porque la mascota familiar trata de hacerme el menor daño posible o está distraído pensando en un plan para poner fin a esta inundación de salsa con la que parece que Apothek quiere ahogarnos, logro rozarle. Esto desencadena un extraño suceso en mí. Unos pensamientos ajenos se juntan en mi cabeza. Imágenes, sensaciones. Son recuerdos. Recuerdos de una tortuga que vivía sus días en un patio cualquiera. Una tortuga que encontró, caída de entre las ramas de un árbol, una de las armas más poderosas del universo. Ésta preguntó por un nombre. Y el reptil, con una recién aumentada inteligencia… mintió.

-Yo: ¡Ese anillo no te pertenece!- con estas palabras, el Guarda de Luz parece desconcertado, lo que provoca que desaparezcan los nunchakus de luz verde. Aprovecho para agarrarlo con ambas manos y estrellarle contra el suelo-. Ahora lo sé. ¡Te quedaste con algo que no es tuyo para ti sólo!- ahora que tengo pleno contacto con él, más pensamientos me llegan-. No eres digno de este regalo, ¡y lo sabes!

La tortuga doméstica no dice nada, lo cual llega a asustarme finalmente, haciéndome consciente de lo que estoy haciendo. Me levanto y retrocedo de un inconsciente Michelangelo, a quien observo con horror. A primera vista no parece herido, pero tampoco muestra señales de vida. En ese momento, me doy cuenta que de la sustancia roja, que ya había invadido por completo el suelo que pisamos, empieza a emerger algo, como si estuviéramos sobre un lago rojo y no una superficie dura. Lo primero que se asoma es el hocico de un animal perteneciente a la familia de los cánidos. Un perro enorme, quizá. Luego se llegan a ver dos ojos grandes y saltones que miran a su alrededor con una depravada sonrisa.

-Dra. Apothek: ¡Sí, el primer amo ha llegado! ¡Uno de los Primogénitos!- dice alegre en el suelo, tras ser derribado por la alienígena encubierta-.

La utrom mira con atención lo que ocurre. Le arrebata el libro y el “artefacto” a la acólita de la Salsa. Luego empieza a hojear aquel tomo con una curiosidad impaciente.

-Ma’Riagg: No lo comprendo. ¡Está todo en blanco!

-Dra. Apothek: ¡Por supuesto, una no creyente jamás podría leer los textos sagrados!

Contemplo lo que ocurre y vuelvo a tener la misma sensación que cuando… bueno, todo esto empezó. Es como un sueño. Estoy ahí, pero al mismo tiempo me parece que no estoy allí. Cierro los ojos en un inútil intento de despertar de esa pesadilla, lo que me hace volver a encontrarme con los recuerdos que le acababa de arrancar a Michelangelo. En un momento de lucidez, una idea se forma. Si el absorber recuerdos se había vuelto realmente una de mis facultades, ¿podría utilizarlo conmigo mismo para recuperar aquellos que ahora hacen vacío en mi mente? Sólo hay una manera de averiguarlo. Reúno el valor para acercar mi mano mutada a mi cabeza, aunque con suma lentitud.

-Michelangelo: Quiero ser digno- logra decirme con su telepatía, al mismo tiempo materializa una espada similar a una katana-.
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Miér Dic 12 2018, 01:31

Me dejo caer en una de las cajas.

-Papá: Maximirusu, ¿esos eran...?

-Yo:Sí. Esa era la Hermandad. Por lo que me sé por Blake, esos posiblemente acabasen de entrar en la misma. Y menos mal.

Me llevo la mano a las costillas. Esta vez no valdrá una noche en observación para curarme. Por el silencio que hay, diría que no hay nadie en casa ahora.

-Yo:¿Podríais bajar a la cocina y traerme algo de agua?Tengo...Tengo la boca seca.

Pero no me quedo solo, claro.

-Mamá:Esto no puede volver a pasar. Si te hubieran dado un golpe en la cabeza, o...O sí...

Empieza a llorar. Mis manos tiemblan cuando la abrazo. Si hubiera llegado a sacar lo que fuera que tuviera en el bolsillo, quizás ahora mismo estaría sobre un charco de mi propia sangre.

-Yo:Ha sido culpa mía. Cuando perdí mi aspecto humano liberé mucha energía. Blake me advirtió de que no debería venir en una temporada, pero yo insistí. He sido descuidado.

Me separo de ella.

-Yo:Esto es lo que me ha tocado. -Teeruoh, vaso en mano, entra por la puerta.- La Hermandad no para. Busca lo que quiere y, si algo se cruza en medio, lo elimina. Esto ha sido una tontería en comparación a lo que puede llegar a ser. Un juego de niños. Blake me lo lleva diciendo prácticamente desde...Bueno, desde que apareció en este cuarto, pero no me lo quería creer del todo. Y miradme. Estoy temblando de miedo.

Tomo un poco de agua. Noto el sabor de la sangre cuando trago. Toco mi mejilla izquierda, ahora hinchada y enterrando al ojo.

-Yo:Para esto me prepara. Para poder defenderme de gente como esa. Gente que es capaz de atacar a inocentes con tal de quitar a otro caomante del Universo. ¿Podéis abrir la ventana? -Cada inspiración profunda es una punzada de dolor, pero aumentar el ritmo para hacerlas más ligeras solo hace que me maree.- Y llegará un momento en el que tendré que viajar entre planetas. Tendré que vérmelas con la Hermandad de nuevo.

Saco el móvil. Todavía es pronto para que Blake nos recoja.

-Papá:Hablaremos con Blake y con quien haga falta, pero no vamos a permitir que nadie más te toque un pelo. Un día puede que salgas y...No. Te ataremos a la cama si es necesario. Pero no vas a salir de Deia más.

No voy a discutir con ellos, pero es imposible. Hago un intento por levantarme, a lo cual vienen a ayudarme.

-Yo:¿Podemos bajar?No me queda energía para abrir otro portal.

-Mamá:Deberías ir a la cama.

-Yo:Necesito un sofá ahora mismo, no una cama.

Poco a poco, vamos saliendo del cuarto. A mitad de las escaleras la puerta se abre, mostrando a los propietarios de la casa. La que hasta hace poco pensaba que era mi madre biológica grita. Los perros ladran. Todo es un caos durante unos segundos.

-Mamá:¡Necesitamos ayuda!¡Por favor, pare!

-Yo:Mam-...Señora, por favor...-Me zafo del apoyo de mis padres.-He...He sido atacado. Sentimos haber entrado, pero por favor. No voy a aguantar consciente mucho más tiempo a menos que me ayuden.

Me acerco lentamente. Un nuevo crujido me obliga a llevarme una mano a las costillas.

-Papá:¿Hijo?

Durante un momento, todo se vuelve negro. Cuando el mundo vuelve a cobrar forma me encuentro en uno de los sofás del salón. El calor que siento anuncia la llegada de la fiebre. A mi lado están mis padres. Sentados junto a ellos están los que en su momento lo fueron. Mi madre se me acerca y empieza a besarme.

-Yo:¿Qué ha pasado?

-Papá:Perdiste el conocimiento cuando te acercaste a ellos.

-Yo:¿Habéis podido hablar con Blake?

-Papá:Ya está en camino.

Me quedo mirando a nuestros huéspedes.

-Yo:Gracias por no echarnos. -Me incorporo, lo que origina un nuevo latigazo de dolor.- Soy Maximirusu. Ellos son Viann y Teeruoh, mis padres. No pueden hablar español, pero os doy las gracias de su parte.

-Marisa:¿Qué os ha pasado?

Piensa, piensa.

-Yo:Parece que...hay gente que todavía no acepta a los que no son como ellos. Nosotros somos nuevos en Órbita además, así que más todavía.

-Mamá:Dale las gracias de nuestra parte. Nunca podremos agradecerles suficiente lo que han hecho. Ahora y durante estos años.

Miro de nuevo a los humanos. y paso la vista por los cuadros del salón. Noto una punzada en el corazón.

-Yo:Todavía no recuerdan nada...

Mi padre me pone una mano en el hombro.

-Yo:Espero que esto no os cause problemas. -Finjo una sonrisa.- Es nuestra primera visita a otro planeta, y bueno...Ya se ve como ha terminado.

Alguien llama a la puerta. Antes de que la humana de la casa pueda abrir, el olor ya me dice quien es.

-Papá:Vamos, hijo.

-Yo:Gracias por todo. -De mi bolsa saco un colgante idéntico al que di a mis compañeros de Gehena y lo dejo sobre la mesa.- Aceptad esto como muestra de gratitud.

Con ayuda de mi padre y el humano allí presente me levanto.

-Blake: Gracias por su ayuda. Yo me haré cargo de ellos a partir de ahora.

-Antonio:¿Quién es usted?

-Yo:Un amigo.

Siento el impulso de abrazar a nuestros huéspedes, pero Blake me indica con la mirada que no es buena idea.

-Yo:Bueno...Adiós.

Nos alejamos ante la desconcertada mirada de los humanos.

-Mamá:¡Blake, no podemos hacer que nuestro hijo ande más!¡Mírale!

-Blake: Si abro un portal delante de esta casa, ya no estará solo el fresquísimo rastro de Maximirusu aquí, sino el mío. No creo que a tu hijo le guste que su familia sea un blanco tan jugoso para la Hermandad, Viann.

Las protestas no cesan, pero eso no evita que nos alejemos algo de mi antiguo hogar antes de abrir un portal que nos lleva de vuelta a Deia. Blake ha tenido la consideración de dejarnos cerca del hospital más cercano a casa.

-Blake: Descansa, Maximirusu.

Antes de que se vaya, le sujeto el brazo. Decido evitar el pollux ahora.

-Yo:Ha pasado algo, ¿verdad?Si no hubiera sido así, no creo que hubieras tardado tanto.

-Blake: ...Nos veremos mañana, Maximirusu.

Genera otro portal con el que se va del planeta. Por nuestra parte, entramos en el hospital.

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