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mixmac
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MensajeTema: Re: Dimensions   Miér Ago 08 2018, 12:25

Desde el día que fui a la biblioteca a devolver los libros siempre me encuentro un stand de una corporación llamada “Ad´io Cue”.

Así fue como los conocí…

-Volvía de la biblioteca y un hombre humano “Aparentemente normal, bien trajeado” me para con la típica frase.

Hombre: Disculpe señor tendría un minuto para hablarle de nuestra corporación.

En el mismo instante le dije que no, que tenía mucha prisa.

Pero me llamo mucho la atención un detalle del hombre al fijarme para rechazarlo.

Tenía una mano mecánica “Pero no era tosca. Era de un blanco nieve impoluta, muy bien cuidado” con la que me ofrecía el panfleto.

Entonces me quede a que me contara la historia de la corporación.

Después de que terminara le hice algunas preguntas, ya que me ofrecía que participase en un proyecto y necesitaban colaboradores “Vamos conejillos de indias”.

Una vez me comento que la corporación se dedicaba a crear tecnología que abarcaba todo el mercado desde lo cotidiano hasta algunas de las herramientas más precisas del universo entrado incluso en lo militar y medicina.

Aunque esta vez lo que buscaba era gente para un proyecto médico, él decía que era inofensivo y que la recompensa seria generosa.

Pero no fió todo tiene una cara oculta.

Le pregunte:

Disculpe, sé que no es de mi incumbencia pero me gustaría saber cómo llego a conseguir esa mano.

Hombre: Yo era un mecánico  (no entro en detalles de la ubicación ni la empresa en la que trabajaba en aquel entonces) un día tuvo lugar un gran accidenté en el que perdí todo el brazo (se quita la chaqueta y se remanga la camisa para mostrar un brazo tecnológicamente muy superior a cualquier prototipo humano).

Sobreviví, pero la empresa no se hizo cargo ni de los daños a las personas y despidió a todos los que se involucraron en el incidente.

Paso un tiempo y nadie me contrataba, no me extraña quien quiere a un humano que le falta un brazo siendo mecánico.

Un día apareció un stand como este  donde yo vivía.

Al ver mi estado y la desesperación en mí. La mujer que llevaba el puesto hizo algunas llamas y consiguió un trato para mí, me ofrecieron participar en un proyecto de implantes que aún estaban de pruebas, a cambio yo renunciaba a que si salía mal ellos quedasen libres de cargo.

Si era un precio muy caro, pero estaba desesperado.

Acepte sin dudarlo dos veces, la operación salió perfecto ellos pagaron todo e incluso me ofrecieron un trabajo para demostrar que su nivel en la medicina superaba a cualquiera  y por eso estoy aquí hablando contigo.

La verdad la historia aunque común me sorprendió, yo estoy en un punto parecido, pero menos crítico que él.
Voy a salir de este planeta pero no tengo objetivo ni sé de dónde sacar algo con lo que comer ni vivir.

Acepte el panfleto con los datos de contacto,  agradeciéndole que me contara su historia y me puse en camino hacia lo que consideraba mi hogar.

Al llegar a casa puse el panfleto con el billete de salida en mí cartera  mientras pensaba “Puede ser un buen  inicio hay fuera, sí pudiera no vuelvo a pasar un día más aquí”.


Llego el día tan preciado para mí, hice mi rutina mucho más rápido de lo normal recogí el equipaje que llevaba casi una semana en el suelo esperando, la cartera.

Antes de irme me despedí de lo que se supone que era mi familia, un abrazo fuerte a mi madre, unos mimitos a zhyro “El perro de mis sister” y un adiós en general justo antes de dar un portazo que daría pie a un nuevo comienzo para mí.
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Xalcer
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Cerdo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Jue Ago 09 2018, 02:15

Una suave melodía me despertó de mi sopor. Aún adormilado, me levanté con pesadez de la cama. Me había pasado casi toda la noche dando vueltas, buscando una postura en la que mis nuevas alas no me molestaran. Bostecé, sorprendiéndome todo lo que podía abrir las fauces sin desencajarme la mandíbula. Una vez estaba lo suficientemente despejado me levanté y eché un vistazo a la habitación. Había varias estanterías vacías decorando la mayoría de las paredes. Una simple mesita de noche descansaba junto a la cama, con un simple reloj electrónico encima. Según este eran las nueve de la mañana, algo bastante extraño teniendo en cuenta que estaba en el espacio, donde no existen el día y la noche. Cerca de la cama había un par de puertas deslizantes. Al abrirlas descubrí que se trataba de un armario. En uno de los lados había un botón, que al pulsarlo extendía un espejo de cuerpo entero. Sentí una punzada ante la imagen que tenía frente a mi. Todo rastro de mi antigua humanidad había desaparecido por completo. Escamas, ojos verdes y rasgados, cuernos, colmillos, cola, alas. Me había convertido en la viva imagen de un dragón.

Un sonido familiar me sacó de mi ensimismamiento. En el otro lado de la habitación, sobre el escritorio se encontraban las posesiones que llevaba encima cuando llegué a la estación. Mi cartera, mis llaves, mi reloj y mi móvil, el cual estaba empezando a recibir mensajes. Me acerqué más animado que antes y lo cogí, no sin antes ponerme mi fiel reloj. Era el grupo del viaje a Gehena. Deslicé el dedo hacia abajo como de costumbre para ver los mensajes, olvidándome de mis garras. Ahora lo que tenía en la mano era un móvil con la pantalla rajada por la mitad.

- Yo: Genial...

Lo dejé sobre la mesa otra vez. No iba a poder darle mucha utilidad ya. Antes de ponerme a deshacer la maleta entré en el cuarto de baño. Aún me sentía pegajoso de estar en la cámara de rehabilitación esa y una ducha me ayudaría a despejarme. El baño era bastante amplio, al igual que la ducha. Contaba con espacio de sobra para moverme dentro sin golpearme contra las paredes con las alas. Al principio parecía una tarea simple, pero lavar unas alas de aquel tamaño requería mucho más esfuerzo del que esperaba. Salí del baño, fresco con el suave olor a jabón de escamas que encontré, cuando sonó un leve timbre en la puerta. No recordaba haber visto ninguno la noche anterior. Viendo que la ropa que traje no iba a servirme, rápidamente cogí una toalla del baño y me cubrí con ella. Haciendo de tripas corazón me acerqué a la puerta. Al extender la mano, esta volvió a abrirse automáticamente.

- Yo: ¡Yah! - grité dando un repullo.

Una criatura bastante extraña se encontraba frente a la puerta. Era como una especie de babosa gigante erguida. No contaba con piernas, deslizándose por el suelo al caminar. La parte superior, que parecía ser toda su cabeza, era más ancha que el resto y era de un material más denso y duro. Su rostro no eran más que una hilera de seis rasgados ojos sin pupilas de un verde intenso, dos orificios que servían de nariz y una boca vertical que mostraba unos desgastados colmillos. A ambos lados del torso portaba dos famélicos brazos con tres dedos en cada extremo. Bajo estos contaba con otros dos brazos, más pequeños y huesudos que los superiores. Curiosamente, uno de ellos era completamente mecánico. Todo su cuerpo era de un gris pálido tirando a verdoso, salvo en los bultos que emanaban de su cabeza, que eran de un verde veneno.

- ???: Oh, perdona. No pretendía asustarte.

- Yo: No pasa nada. - respondí recuperándome del susto. Me mosqueé al ver que mis marcas de sangre volvían a hacer de las suyas.

- ???: Lo siento, cariño, lo que menos quería era darte un infarto en tu primer día. - dijo con una voz suave a la cual se le notaba la edad. - Pero qué modales los míos. Yo aquí dándote un infarto y ni siquiera me he presentado. Soy Ciare, pero puedes llamarme Abu si quieres.

- Yo: Encantado.

- Ciare: Rollon me contó lo que le pasó a tu ropa. Una auténtica pena. Así que le pedí a Arah que te tejiera algo. Espero que te gusten.

La extraña criatura me entregó un pequeño montón de ropa que llevaba en los brazos. Eran varios pares de camisetas, ropa interior y pantalones, adecuados a mi nuevo cuerpo. Contaban con ranuras en la parte trasera por las que introducir las alas y la cola, pudiendo cerrarlos con un botón.

- Yo: Pues muchísimas gracias. Lo necesitaba. - dije cogiendo el montón de ropa de sus brazos.

- Ciare: No las des, cariño.

- Seerel: Ah, Ciare. ¿Ya está el nuevo levantado?

El gran escarabajo que vi al llegar a la estación apareció por el pasillo con sus inconfundibles chasquidos al terminar cada frase. Sus fuertes patas trasera retumbaban a pesar de la moqueta. Me sorprendió verle, ya que le recordaba bastante más grande, sin percatarme de la altura que gané al cambiar.

- Ciare: Oh, solo le traía un pequeño detalle. No podemos dejar que se pasee por ahí sin ropa, distrayendo a las chicas de su trabajo. - Ambos rieron mientras yo sonreía un poco incómodo ante la situación. - Será mejor que vaya yendo. Supongo que nuestra querida capitana os estará esperando.

- Seerel: Así es. Ya sabes cómo se pone si le hacen esperar.

- Ciare: Qué me vas a contar. No os hago perder más el tiempo entonces.

Tras una rápida despedida, se marchó deslizándose pasillo arriba, dejándonos solos. Excusándome un momento, entré en mi habitación, soltando el montón de ropa sobre la cama y cogiendo un par de prendas para vestirme. Ya me molestaría en ordenarlo todo cuando terminara. Me puse una camiseta roja con el dibujo de una llama y unos simples pantalones verdes. Después de pelearme un par de veces con los botones, salí de mi habitación. No contaba con ningún tipo de calzado para mis garras, así que no tuve más opción que ir descalzo.

- Seerel: ¿Todo listo? - preguntó esperándome en el pasillo.

- Yo: Creo que sí.

- Seerel: Perfecto. Vamos, por aquí.

Anduvimos por la estación varios minutos por caminos aún desconocidos para mí, cruzándonos con varios de sus habitantes. Muchos se nos quedaban mirando con curiosidad, mientras que otros lo hacían con recelo. Una vez en la plaza, tomamos un ascensor a los pisos superiores, donde Seerel se detuvo frente a una puerta doble bien ornamentada. Tocó un par de veces antes de hacerme un gesto de que entrara. La habitación era amplia y estaba bien decorada. Varias estanterías estaban repletas de pequeñas figuras de estilos y materiales muy diferentes, probablemente realizados por distintas especies y culturas. Al otro extremo se extendía un gran cuadro de un lugar que desconocía, y frente a él, un gran escritorio. La capitana apartó la mirada de la pantalla holográfica de su ordenador al vernos entrar. El escarabajo me indicó que me sentara en uno de los sillones que había frente a la mesa, situándose él al lado de la capitana.

- Hiena: Veo que ya has conocido a Ceira. - dijo señalando mi camiseta.

- Yo: Sí, algo así.

- Hiena: De acuerdo. - dijo levantándose del escritorio. - Mientras dormías estas últimas semanas, estuvimos en contacto con el Capitel para finalizar los trámites de tu incorporación a la estación como miembro de la Órbita. Todo está listo, solo falta tu autorización.

Cogiendo de algún modo la pantalla, la puso frente a mí. Había dos huecos en blanco.

- Yo: ¿Nombre y especie? - leí confuso.

- Hiena: Tu nombre, así como todos tus datos durante tu estancia en la Tierra han dejado de ser vigentes.

- Seerel: Hemos tratado de recuperar los máximos posibles, pero me temo que no ha sido posible. Cambiar los datos de un individuo a otra especie completamente distinta es algo que no se realiza prácticamente nunca, ni siquiera en la Órbita.

- Hiena: La hibridación es un proceso experimental desarrollado por el doctor Rollon. La EXI es la única con los recursos y el conocimiento para realizar tal hazaña. Hay que contar con la autorización y la supervisión de la Órbita para realizar cada prueba. Los híbridos sois una auténtica rareza en el universo.

No sabía muy bien cómo sentirme después de oír aquello.

- Yo: Entonces... todo lo que he hecho en la Tierra, toda mi vida...

La capitana asintió.

- Hiena: El humano que una vez fuiste ha dejado de existir.

Bajé la mirada un momento, deprimido. No era algo que se pudiera asimilar tan fácilmente.

- Seerel: Piensa en ello como un nuevo comienzo. - dijo tratando de animarme. - Puedes empezar una nueva vida desde cero. Incluso tienes la opción de elegir tu propio nombre. No todo el mundo puede decir lo mismo.

Miré la pantalla frente a mi. Elegir mi propio nombre. Tenía una idea bastante clara de cuál sería.

- Yo: ¿Y lo de especie?

- Seerel: Como la capitana dijo antes, los híbridos sois extremádamente raros. En tu caso no eres humano, pero tampoco eres un drakara. Eres una especie completamente diferente, única en el universo. Rollon ha dado su visto bueno para que seáis vosotros mismos quienes nombréis a vuestras especies. Es lo menos que podíamos hacer.

Elegir el nombre de mi propia especie. Eso sí que era algo que no se podía hacer todos los días. Un híbrido entre drakano y humano... Pulsé la pantalla e introduje ambos nombres, a lo cuál regresó a su lugar.

- Hiena: Xalcer, un drakano. Muy... original. - Me miró arqueando una ceja.

- Yo: Nunca se me han dado bien elegir nombres. - dije sonriendo incómodo. Con un leve sonido, la capitana confirmó la elección.

- Hiena: De acuerdo. A partir de este preciso momento eres un miembro de pleno derecho de la EXI, y por consecuencia, de la Órbita. - Me extendió la mano. - Bienvenido a bordo.

Nervioso, y sin muy bien que hacer, me levanté a estrecharle la mano.

- Hiena: Mi nombre es Fyera Herald, capitana de la estación y tu superior desde estos momentos.

-Yo: E-encantado.

- Seerel: Tranquilo, suena peor de lo que es. - dijo jovialmente. Se acercó a mi y alargó uno de sus brazos acabados en pinza. - Segundo al mando de la EXI. Puedes llamarme Seerel.

- Yo: Encantado. - dije agarrando su pinza.

- Fyera: Ahora que formas parte de nuestra comunidad, deberías conocer a los miembros más importantes de la estación.

Se sentó nuevamente en su escritorio. Sin tocar nada, las luces se atenuaron levemente. Unos triángulos de un material pulido en una de las paredes comenzaron a emitir diferentes luces, proyectando unos pequeños hologramas con formas geométricas en sus puntas.

- Fyera: Te presento a EXI.

- EXI: Bienvenido a bordo, Xalcer. - respondieron tres voces al mismo tiempo.

- Yo: ¿Una... IA?

- Fyera: Tres Inteligencias Autónomas. - me corrigió. - Ellos son el corazón, cuerpo y mente de la estación. Erium... - La primera figura, un triángulo verde con forma de flecha se iluminó más que el resto. - ...se encarga de los temas logísticos, navegación y oficiales de la EXI y la Órbita. Será él quién contacte contigo en caso de que requiera tu presencia.

- Erium: Encantado.

- Fyera: Xiro se encarga de la ingeniería y el mantenimiento de la estación. Si algo se rompe, él es el primero en saberlo y comunicárselo a los chicos para que lo arreglen.

- Xiro: Un placer. - Su holograma era un cubo azul.

- Fyera: Y por último, Irala. - El último holograma se iluminó de un color rojo suave, con forma de esfera. - Irala trata de que la vida en la estación sea amena para todo sus habitantes. Contacta con ella si necesitas ayuda.

- Irala: Encantada de conocerte, Xalcer. Espero que la melodía de esta mañana fuera de tu agrado.

Todos los hologramas se apagaron al mismo tiempo que la luz del despacho volvía a sus niveles normales.

- Fyera: A quién más conocerás es a Irala. Eirum y Xiro solo suelen tratar con los chicos de mantenimiento o conmigo. En condiciones normales, se te asignaría dentro de uno de los grupos de la estación, pero no es el mejor momento para ello. Tu nuevo cuerpo difiere mucho del anterior, así que necesitarás practicar para acostumbrarte a él. Hasta entonces, te hemos asignado un entrenador para que te ayude en esa tarea. En cuanto al resto…

Abrió uno de los cajones del escritorio, sacando una pequeña caja y dejándola sobre la mesa frente a mi. Tenía motivos blancos y azules y mostraba un símbolo desconocido para mi. Dentro contenía un pequeño guante. No tenía dedos y en su centro había una superficie redonda con una esfera pequeña dentro.

- Yo: ¿Qué es?

- Fyera: Póntelo.

Quitándome el reloj, me puse el guante en la mano con cuidado de no rajarlo sin querer. Se ajustaba perfectamente a la mano. Una vez colocado, la esfera del centro se iluminó, emanado una voz de él.

- Guante: Introduzca su nombre, por favor.

- Yo: Eeh… ¿Xalcer?

- Guante: Configurando... Espere, por favor… Configuración completada. Buenos días, Xalcer.

- Yo: ¿Qué…? - pregunté mirando extrañado a ambos.

- Fyera: Conseguí que la Órbita nos mandara uno. Hay muchas cosas que no conoces y necesitas aprender. Esta IA será tu asistente a partir de ahora. Rollon lo ha cargado con los datos de tus análisis para que puedas echarles un vistazo. Contiene un mapa de la estación y acceso a la red de la EXI para que puedas consultar lo que necesites.

- Yo: Wow. - exclamé sorprendido cuando un mapa holográfico aparecía frente a mi. - Muchas gracias.

- Fyera: Considéralo tu regalo de bienvenida. Seerel. - dijo volviéndose al segundo al mando. - Llévate al chico y buscad a Griffeather. Ya tiene instrucciones sobre qué hacer.

- Seerel: Enseguida.

Se acercó a mí, haciéndome un gesto de que me levantara, cosa que hice mientras la capitana volvía a su trabajo. Salimos del despacho, cerrando la puerta tras nosotros. Alguien esperaba fuera.

- ???: Así que... este es el nuevo.


Última edición por Xalcer el Sáb Ago 11 2018, 00:02, editado 1 vez
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En verdad me llamo Franky
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Perro
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MensajeTema: Re: Dimensions   Jue Ago 09 2018, 23:28

Una pantalla colocada en el vientre del extraño ser se enciende. Ahí aparece la imagen en movimiento de un policía apuntando con una pistola.

-¡Arriba las manos!– ordena el oficial–.

No me queda otra que hacer lo que me pide. Podría ser un farol, pero a ver quién es el guapo que se atreve a averiguarlo en un mundo tan loco como el que estamos teniendo últimamente.

-No tengas miedo– habla ahora quien momentos atrás disfrutaba de unas natillas–. ¿Por qué no vamos fuera a dar un paseo?

Sé que no es una sugerencia. Señalando con el arma en sus manos, me indica abrir la puerta que lleva al exterior. Lentamente y apenas apartando la vista del cañón de esa pistola con aspecto de juguete, cojo las llaves que tengo en la sala de estudio y abro la puerta. No me molesto en preguntar por qué necesita que le abra la entrada, simplemente lo hago. Todavía amenazándome, me obliga a abrir también la puerta/cancela negra que le permite a uno salir del terreno de mi casa. Luego me hace caminar por delante de él por la calle que tantas veces he visto, que me ha visto crecer. Deseo que no me vea morir esta noche. Caminamos en silencio hasta el aparcamiento que uno ve al salir de la urbanización. Me lleva al fondo de éste, tras un coche, en el que parece que nos ocultamos.

-Dime, amigo– me habla la criatura–, ¿me conoces? ¿Me has visto alguna vez en alguna parte?

-Yo: S-sí.

No me cuesta nada irme de la lengua. Resulta que tengo una fuerte alergia hacia el hecho de que me apunten con armas de fuego, objetos punzantes y demás situaciones en las que mi vida corra peligro. Es una condición que compartimos muchos, ¿verdad?

-Muy bien, ¿quién soy?– me pregunta con esa voz afable, una que me parecería simpática en cualquier momento menos en ese–.

-Yo: ¿Eres… eres Tinky Winky? ¿De los Teletubbies? Recuerdo que de pequeño los veía.

-Tinky Winky: ¡Ah, un fan! Qué contento me pones. Ahora me da más pena tener que… dejarte dormido. Para siempre.

-Yo: ¿Po-por qué haces esto?

-Tinky Winky: ¿Que por qué el famoso Tinky Winky necesita entrar en otras casas para poder comer? ¿Por qué no está con sus demás hermanos? ¿Por qué te tengo aquí en contra de tu voluntad? ¿Cuál de todas es la pregunta? Oh, no importa, responderé a todas– se sienta a mi lado, bajando el arma–. Llegué a este mundo junto a mis hermanos con la promesa de una vida mejor, ¿sabes? ¿Y qué vida mejor sería esa? Yo en aquel momento sólo sabía que mi pasión era la actuación. Me esforcé en convertirme en el mejor actor– su narración es acompañada de un vídeo que muestra en la pantalla de su barriga, adaptándose a lo que dice con imágenes apropiadas–. Me esforcé mucho, no te quepa la menor duda. Hasta que un día al fin llegó mi oportunidad. Protagonizamos un show televisado para millones de niños. Todos nos conocían. Me conocían, pero, como bien debes saber, todo lo que sube…– me mira como si esperara una respuesta. Empieza a levantar de nuevo su arma–.

-Yo: ¡Ti-tiene que bajar!

-Tinky Winky: ¡Muy bien!– me felicita con una voz condescendiente–. El show terminó y fuimos apartados. Mis hermanos pudieron encontrar… otras cosas que hacer. Nos separamos. Mi pasión por la actuación seguía ahí. No como el interés del público. Nadie me aceptó. Caí en una crisis relacionada a la adicción de las natillas, haciéndome hacer cosas no muy legales antes de que pudiera darme cuenta. Y aquí estoy, quitando de en medio a alguien que podría delatarme.

-Yo: ¡Yo-yo no pienso delatarte! Co-coge lo que quieras de mi casa, pero, por favor, déjame en paz. Déjanos a todos en paz.

-Tinky Winky: Ooh… Me encantaría creerte, en serio– se levanta y me apunta de nuevo con su colorida arma–. Te doy las gracias por escucharme.

-¿Qué te parece si ahora me escuchas a mí y bajas el arma?– pregunta la tortuga Guarda de Luz, quien acaba de llegar al lugar–. Te doy una oportunidad para rendirte.

-Tinky Winky: ¡No! ¡No puedo dejar que me atrapen!– apunta su arma al reptil flotante y dispara. Michelangelo repele el proyectil creando un caparazón de luz a su alrededor–.

-¡Oh, has fallado!– dice una voz que sale de la pistola con apariencia de juguete–. Bueno, no pasa nada, ¡vuelve a intentarlo!

-Tinky Winky: ¡Así no es como debería terminar! ¡Aún puedo ser una estrella!– intento escabullirme, pero mi secuestrador se da cuenta de mi intento de escapar, me alcanza y vuelve a apuntarme con la pistola–. ¡Déjanos ir o hago que su cabeza deje de estar sobre sus hombros!

-Michelangelo: Inténtalo si te sientes valiente, puedo dispararte cinco veces antes de que aprietes el gatillo, aficionado.

“¿Por qué ha tenido que decir eso?”, pienso mientras me encojo del miedo. Ambos se miran fijamente, atentos al movimiento del otro. Entonces, una figura humana se alza entre las sombras. Pienso que viene a salvarme al verla correr hacia donde estoy. Por desgracia, el personaje salido de un programa infantil está poniendo atención a su alrededor, viendo al intruso acercarse.

-Tinky Winky: ¡No quiero que nadie se mueva!– dispara una vez más su arma–.

-Pistola: ¡Bieeen, has acertado! ¡Enhorabuena!

El cuerpo de quien iba a ser mi salvador yace en el suelo. Había sido un tiro limpio a la cabeza, desfigurando totalmente el rostro.

-Tinky Winky: ¡Ha sido culpa tuya! ¡No debiste acercarte!

Sin perder más tiempo, Michelangelo materializa un puño que golpea al “teletubby”. El impacto hace que éste y yo caigamos al suelo. El arma con luces de colores cae lejos de nosotros. Aun así, la criatura morada no se rinde y se abalanza encima de mí. Forcejeamos un poco, no más porque somos paralizados por una terrorífica visión. Aquel quien corrió hacia mí y había sido abatido vuelve a caminar. Su cara está prácticamente derretida. Esto no parece preocuparle, pues arremete un puñetazo contra la cara de Tinky Winky, noqueándole en el acto. A pesar de haberme librado finalmente de quien amenazaba mi vida, no consigo respirar aliviado, pues no sé qué intensiones tiene el recién llegado. El Guarda de Luz me aparta usando más de su luz sólida, esta vez con la forma de una cabeza de tortuga. Esperamos al siguiente movimiento de quien en un primer vistazo me pareció humano. Éste cae al suelo, bocabajo, como si hubiera dejado de funcionar.

-Michelangelo: Mmh, ¿no te suena?

-Yo: ¿Qué?

-Michelangelo: Mira con atención.

Antes de que pudiera llegar a cualquier conclusión, el cuerpo se mueve nuevamente, esta vez para ponerse bocarriba. Entonces, como si fuera una escotilla, el vientre se abre, rasgando la ropa que le impide abrirse por completo. Se oye una tos. La tortuga y yo nos acercamos, pudiendo ver que no era otra que Ma’Riagg.

-Yo: ¿Que…? ¿Qué haces aquí?

-Ma’Riagg: Yo… no podía dejar la situación así. Necesito resolver… ciertos asuntos contigo.

-Michelangelo: Bueno, tenemos tiempo antes de que la policía venga por el barullo– dice con sarcasmo–.

-Ma’Riagg: Cierto, más me vale hacerlo cuanto antes. Franky, nunca pensé en ti como un “conejillo de indias”, como se suele decir aquí. Sin que tú lo supieras, me ayudaste en una época en la que estaba alejada de todos a quienes apreciaba, allá en Xavaag. Realmente deseaba mezclarme entre vosotros, los humanos, por quienes tengo una gran fijación desde hace mucho. Pero, por favor, entiende que en un tiempo, en una Tierra en la que Órbita aún no se había revelado, me resultaba difícil ser “yo misma” y estrechar mis tentáculos con vuestras manos en señal de amistad. Así, en menos de lo que me di cuenta, incluso me convencí a mí misma de que era una humana más para poder caminar entre vosotros. Luego de que me descubrieras… Bueno, antes realmente, cuando se mostró Órbita, tengo que admitirlo, perdí el control.

-Michaelangelo: ¿Se supone que estás intentando disculparte?

-Ma’Riagg: ¿Y tú te habrás fijado que no suelo hacer esto con frecuencia?

-Yo: Vaya, sí que te gustan los humanos como para quedarte atascada en este planeta. ¿Es porque poseemos la capacidad para hacer cualquier cosa, de romper esa pared que llamamos “lo imposible”, de sobrepasar a cualquier otra raza conocida?

-Ma’Riagg: No, de hecho, en mi planeta piensan que sufrís un profundo retraso mental la mayoría. A mí, sin embargo, me caéis bien.
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Xalcer
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Cerdo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Lun Ago 13 2018, 18:16

La viva imagen de un grifo nos esperaba apoyada contra la pared. Brazos y cabeza de águila, sobre la cual sobresalían un par de orejas triangulares. Sus piernas de león eran digitígradas como las mías, otorgándole un poco más de altura, siendo nada más que un par de centímetros más baja que yo. Una pequeña cola de punta peluda se balanceaba tras ella, y sus alas, al contrario que las mías, se podían plegar cómodamente contra la espalda. Solo llevaba un sujetador deportivo y unos shorts ajustados, permitiendo ver un cuerpo joven y bien tonificado bajo la capa de pelaje y plumas.

- Seerel: Ah, Griffith, justo íbamos a buscarte. ¿Recibiste el mensaje?

- Griffith: Si. - Se apartó de la pared, andando a mi alrededor sin quitarme ojo de encima. - No sé porqué, pero me esperaba algo más.

Me observó de arriba a abajo, haciéndome sentir muy incómodo. Una vez terminó de rondar, se detuvo de brazos cruzados frente al segundo al mando.

- Seerel: Xalcer. - dijo volviéndose hacia mí. - Esta es Griffith, la instructora a cargo de tu rehabilitación. Te enseñará lo que pueda sobre tu nuevo cuerpo y te ayudará a adaptarte a él en la medida de lo posible.

- Yo: Encantado.

- Seerel: De acuerdo, Griffith, le dejo en tus manos. No te enseñes mucho con él en su primer día.

- Griffith: No te prometo nada. - se despidió jovialmente mientras Seerel se marchaba. - Así que, Xalcer. Es la primera vez que oigo un nombre así.

- Yo: Gracias, supongo.

Sin mucho más que decir, llegamos al gimnasio de la estación. Era bastante amplio, contando con un montón de espacio para moverse y gran número de máquinas, las cuales se encontraban en uso por varios alienígenas, quienes como de costumbre volvieron su mirada al vernos entrar. Grifiith parecía conocer a bastantes de ellos, saludándoles mientras se dirigía a una taquilla y sacaba una bolsa de deporte.

- Griffith: Veamos cómo te manejas con tu nuevo cuerpo. - dijo dejando la bolsa en un banco junto un espacio abierto y despejado. - Has llegado hasta aquí andando, así que supongo que tus piernas no te supondrán un problema.

- Yo: La verdad es que no. Es como si anduviera de puntillas todo el rato, pero sin cansarme ni perder el equilibrio.

- Griffith: Bien. Prueba a correr un poco, a ver cómo te manejas.

Durante un par de horas, Griffith me hizo realizar pruebas físicas para comprobar mi capacidad motora. Correr, saltar, mantenerme sobre un pierna. Por fácil que sonara, la falta de práctica hacía que algo tan sencillo como correr resultara una tarea realmente complicada. El que me mi estómago empezara a rugir después de dos semanas sin comer nada no ayudaba en absoluto. Griffith me acercó una barrita energética y a una botella de agua de su bolsa mientras recuperaba el aliento en uno de los bancos.

- Yo: Gracias. - le agradecí respirando pesadamente. Vacié media botella de un trago.

- Griffith: Estás en muy baja forma. Necesitas hacer más ejercicio. Y no te vendría mal perder un poco de peso. - dijo dándome un toque en el estómago. - Cuanto menos peso tengan que soportar tus alas, menos esfuerzo tendrás que hacer para mantener el vuelo.

- Yo: ¿Vuelo? - dije confundido.

- Grffith: Claro. ¿No creerás que tienes esas monstruosidades a la espalda por decoración?

Me giré a ver mi alas.

- Yo: Pues no lo había pensado, la verdad. Ni siquiera me había planteado que fuera posible volar.

Las alas de Griffith se abrieron de par en par a sus espaldas, otorgándole un aire majestuoso antes de salir despedida del suelo con un fuerte aleteo. Mi cara de asombro perduró incluso después de que volviera a tomar tierra.

- Griffith: Cada especie tiene sus formas de volar. Mi pelaje y mis plumas, así como mis huesos son muy ligeros, así que no necesito mucho esfuerzo. Los drakara, por otro lado... - Cogió la punta de una de mis alas y la extendió. - ...os la apañáis con una alas potentes y el doble de grandes que vosotros para compensar todo vuestro peso. Aletea un poco.

Sin saber muy bien cómo, hacer lo que me dijo, aunque más que aletear, parecía que les estuvieran dando espasmos. Griffith no pudo evitar soltar una pequeña risa ante el terrible espectáculo que estaba presenciando. Al final las alas me ardían del esfuerzo, completamente agotadas.

- Yo: No es nada fácil controlar un músculo que antes no tenía.

Griffith se puso tras mía. Separando las alas, colocó los pulgares justo debajo, donde el músculo del ala se unía al cuerpo y clavó sus garras entre las escamas. Un fuerte dolor me recorrió la espalda, haciendo que me arqueara siseando.

- Griffith: Aguanta un poco.

Mantuvo la presión en el músculo un minuto antes de soltarlo. Suspiré aliviado sintiendo cómo las alas se me volvían a plegar, ahora completamente relajadas. No me había percatado de lo tensas que las tenía hasta entonces.

- Yo: Muchísimo mejor.

- Griffith: No estás acostumbrado a usarlas. - dijo haciendo lo mismo en diferentes puntos. - Al no saber usarlas, las mantienes tensas en todo momento, incluso cuando estás en reposo. Por eso necesitas que se relajen. Prueba ahora.

Moví las alas como pude, esta vez siendo capaz de aletear aunque solo fuera unos centímetros.

- Yo: Ni punto de comparación. Entonces, ¿es verdad que podría volar? - pregunté un poco ilusionado.

- Griffith: En un futuro, puede. Primero debes ejercitarlas. - Se volvió a situar frente a mi. - Una vez en el aire, las alas son las que aguantarán todo tu peso y para ello necesitas fortalecer todos y cada uno de sus músculos. Normalmente esto se consigue conforme creces, pero tu te has saltado la mayor parte, así que te va a tocar hacerlo por el método difícil.

- ???: Hey, Griff.

Uno de los alienígenas que estaban entrenando se acercó a ella. Su forma humanoide tenía un tono azulado, siendo notables los pequeños pedazos de cristal blanco que emergían de sus brazos y cabeza.

- Griff: ¿Qué pasa, Ero?

- Ero: Hora de comer. Los chicos y yo vamos a ir tirando para el restaurante. ¿Quieres que te esperemos?

- Griff: ¿Ya es tan tarde? - dijo consultando sorprendida un reloj de la pared. Efectivamente, ya era mediodía. - Pues no sabría decirte... Dame cinco minutos.

- Ero: Vale, estoy en las duchas cuando lo sepas.

El joven alienígena se marchó, volviendo a dejarnos solos mientras el resto del gimnasio terminaba de recoger las cosas.

- Griffith: Es un pelín tarde. Será mejor dejarlo por hoy y comer algo. ¿Cómo te encuentras?

- Yo: Bastante mejor, la verdad. Solo necesito descansar un poco.

- Griffith: Bueno es oírlo. Hay duchas junto a las taquillas, por si prefieres refrescarte un poco antes de salir. Mañana seguiremos con tu entrenamiento, a ver si al menos conseguimos que dejes de dar coletazos sin parar.

Levantó un poco una de sus patas, mostrando un pequeño corte que le había hecho cuando estaba tras de mí masajeándome las alas.

- Yo: Perdón.

- Griffith: No te preocupes. ¿Sabes cómo llegar a tu habitación o al comedor?

- Yo: Creo que sí. Tengo un plano por si acaso. - dije mirando el guante que ahora tenía.

- Griffith: De acuerdo. - guardó las cosas en su bolsa y se la colgó al hombro. - Ve y cámbiate antes de pasarte por allí. Te vendrá bien comer un poco. Y recuerda ejercitar las alas siempre que puedas.

Nos despedimos, fijando una hora para el entrenamiento del día siguiente. Me quedé unos minutos allí, descansando un poco antes de levantarme con cierto esfuerzo. Notaba el cansancio en cada una de mis extremidades. Alcé mi mano, mirando mi guante.

- Yo: Eeh... ¿Esto cómo funciona?

- IA: Toca la esfera si requiere de mi asistencia, Xalcer, o puede llamarme si quiere. Estoy activo en todo momento.

- Yo: Y, ¿cómo hago eso? ¿Te digo "guante, actívate" y ya está?

- IA: Si esto le incomoda, también puede introducir un comando, o nombre, con el cual llamarme.

- Yo: Otro nombre que elegir no, por favor.

- IA: ¿Necesita algo más?

- Yo: Ah, sí. Muéstrame el mapa de la estación.

- IA: ¿Le gustaría que le guíe hasta su habitación?

- Yo: ¿Puedes hacerlo?

La esfera comenzó a emitir un pequeño haz de luz holográfico en el suelo, dirigiéndose hacia la puerta, mostrándome el camino.

- Yo: No está mal. Nada mal.

Comencé a andar, pero me detuve a medio camino al pasar junto a las taquillas. Podía oír a Griffith dentro, junto a aquel otro alienígena, Ero. No hablaban precisamente alto, pero aún así podía oírles perfectamente, como si estuvieran a mi lado, lo cual me sorprendió.

- Ero: ¿Y cuánto tiempo tienes que lidiar con él? - oí a la vez que se apagaba una de las duchas.

- Griffith: Ni idea. Hasta que se acostumbre, supongo.

Sentí cómo se me hacía un nudo en el estómago. Una parte de mí me decía que debía irme.

- Ero: ¿Por qué no te negaste? Hay muchos otros que podrían hacerlo.

- Griffith: Imposible. Órdenes directas de arriba.

- Ero: Guau. ¿Y por qué te odia tanto la jefa?

- Griffith: Piensan que conmigo se sentiría más cómodo. Tampoco es que a mí me haga mucha gracia cuidar de un crío, pero no hay mucho que pueda hacer. Cuanto antes se recupere, mejor.

Siguieron hablando, pero ya hacía tiempo que me había marchado de allí. Anduve en silencio por la estación siguiendo el rastro del guante. Todos aquellos con los que me cruzaba se apartaban o me miraban como siempre. Llegué hasta mi habitación y cerré la puerta tras de mí. NO volví a salir durante el resto del día.
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Maximirusu Pauaa
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MensajeTema: Re: Dimensions   Mar Ago 14 2018, 03:21

07:00

-Blake: ...rusu...Maximirusu...

Abro los ojos. Un fogonazo de luz me recibe.

-Yo:¡Joder!

Me asomo al borde de la cama. Blake hace un gesto, indicándome que baje la voz.

-Blake: Zhôu todavía duerme. Levántate y date una ducha. Te he dejado una bata en escalera y ropa en el aseo. Te espero en la cocina.

Me froto los ojos y me desperezo. Todavía me duele un poco la cabeza, pero me siento algo mejor. Bajo al suelo y estiro un poco. La flexibilidad que recibe a mis estiramientos me sorprende sobremanera, pudiendo abrir las piernas en un ángulo de 180º sin problemas. Y siento que aún podría seguir, pero la idea de una ducha templada y un desayuno apetecible llaman más la atención de mi cuerpo que hacer el imbécil en el cuarto de un niño pequeño. Voy al baño, donde veo mi aspecto por primera vez. Se me encoge el corazón al hacerlo. Es cierto lo que decía Blake: algunos rasgos humanos han desaparecido. Me acerco al espejo mientras dejo que el agua se caliente. Siento una sensación extraña, de remota familiaridad. Sonrío levemente.

-Yo:Quizás esto no esté tan mal...

Dejo que el agua de la ducha purifique mi cuerpo y mi mente. Blake ha dejado un jabón específicamente para mi en una de las baldas de la ducha. Enjabonar mi cuerpo supone más tiempo del que esperaba. Tras aclararme, me seco y peino, lo que toma aún más tiempo. Por fin, una vez listo, me visto con la ropa que Blake ha dejado dispuesta. Parece de la Tierra, aunque el material parece ser algo diferente. Su tacto me resulta más suave, más apto para el pelaje que ahora cubre todo mi cuerpo. Hasta hay un agujero lo suficientemente amplio en la ropa interior y los pantalones para que salgan las colas.

-Yo:<<Me libro de pasarle la tijera a los pantalones...>>

Una vez listo, me pongo las zapatillas que Blake ha dispuesto para que ande por la casa. Voy a la cocina, donde Blake me espera con un desayuno en la mesa. Kiel también está despierto, y ambos desayunan junto a Zhôu. Noto otra vez la vibración en el aire que me indica que Blake ha vuelto a usar el caos para hacer que todos nos entendamos.

-Yo:Perdonad la espera. Esto me ha llevado más de lo esperado.

-Kiel: No te preocupes, cariño. Blake acaba de terminar de prepararnos el desayuno.

-Blake: Para ser la primera vez, te las has apañado bastante bien.

Les sonrío, mientras que Zhôu frunce el ceño.

-Zhôu: ¡Esta comida es muy rara, papi!

-Blake: No seas maleducado, Zhôu. Es de Bimbpep, de donde es Maximirusu.

Me siento en una silla junto al pequeño. Frente a mi me encuentro con una serie de frutas de diversas formas. Algunas me recuerdan a manzanas en miniatura. Otras, a peras. Incluso hay tajadas de frutos dulces que huelen como sandías. Junto a estos, hay varios tipos de carne, cereales e incluso huevos, los cuales solo parecen diferir con los de gallina en el tamaño.

-Kiel: Come tanto como quieras, Maximirusu. Todavía tenemos tiempo.

Cojo un poco de todo y empiezo a comer. Los sabores y olores despiertan recuerdos fugaces en mi. Una pequeña salita. Sonidos de niños en la calle. Dos personas llorando.

-Zhôu: ¿Qué te pasa?

Me enjugo las pequeñas lágrimas que ahora se habían formado en mis ojos y le acaricio la cabeza al niño.

-Yo:Nada, Zhôu. No te preocupes.

Miro a Blake fugazmente, tras lo cual comemos en silencio durante unos minutos.

-Yo:Esto...Gracias por la ropa, por cierto. Es muy cómoda. Ya estaba temiéndome que iba a ir desnudo al viaje.

-Blake: No habría sido un buen primer recuerdo de tu verdadera forma para tus amigos, ¿verdad?

-Yo: Je. [Va por ti, Irene]

-Kiel: Blake y yo fuimos ayer a comprarte algo a Deia. La ropa que trajiste de tu casa te queda ahora algo grande, y más que te quedará de aquí a unos meses.

Terminamos de cenar y, tras recoger la mesa, cepillarme los dientes y coger mi billete, vamos a la entrada. Hay allí una maleta, una bandolera y unos botines para mi, teniendo los últimos dentro un par de calcetines.

-Kiel: Como estarás fuera un par de días, será mejor que lleves un par de mudas.

Les doy las gracias a ambos. Me pongo el calzado y, tras un abrazo, me despido de Kiel y Zhôu. Blake besa a ambos y salimos de la casa, cargando yo ahora con la maleta. Blake genera un portal que nos lleva a una callejuela. Una vez cerrado el portal a Gyux, el planeta de Blake, comenzamos a andar en dirección a la estación desde la que saldremos.

-Blake: ¿Nervioso?

-Yo: Bastante. Todavía estoy procesando todo esto, y ahora estoy a punto de ver a mi amigos. Amigos que, con suerte, podrán recordarme en breve. Y entonces llegará el momento vergonzoso de que me vean así.-Miro al caomante-¿Qué les digo, Blake?Quizás esto no sea una buena idea. Deberíamos esperar un poco más.

Blake me pone una mano en el hombro.

-Blake: Relájate, Maximirusu. Todo va a ir bien. Entiendo tus nervios, pero no tiene sentido tenerlos. Te aseguro que te recordarán antes de que te des cuenta.

Asiento, nervioso. Veo como la gente me mira y hace comentarios por lo bajini. Algunos bastante especistas, diría yo. Me pongo la capucha de la sudadera sobre la cabeza que ahora llevo y miro al suelo. Si no estuviera cubierta de pelo, mi cara se vería roja como un tomate.

-Blake: No tienes por que ocultar lo que eres, Maximirusu.

-Yo:Me miran como a un bicho raro, Blake. Como si fuera una atracción de feria.

Noto como alguien me tira de una manga. Me giro y veo a un grupo de chavales de entre 15 y 25 años. Algunos tienen el pelo teñido. Uno lleva lo que parece ser un collar de perro. Menos ese, los demás van vestidos de calle.

-Chico 1:Perdona, ¿hablas nuestro idioma?-Asiento, algo desconfiado.-¡Genial!¿Podríamos hacernos una foto contigo?

La pregunta me pilla de sorpresa. Miro a Blake.

-Blake: Todavía tienes tiempo.

Miro durante un momento mis manos. Suelto una risita nerviosa.

-Yo:¡Claro!¿Dónde nos ponemos?

Nos alejamos un poquito. Uno de ellos saca un palo selfie y pone su móvil en él, con el cual nos hacemos una foto.

-Chico 5:Oye, muchas gracias.¿Sabes?A nosotros nos gusta mucho esto de los aliens. Sobre todo si son de tu estilo.

-Chico 4:Pondremos la foto aquí.-Me da un papel. Claro, tenía que ser esa página.-¡Echa un ojo cuando quieras!

Tras despedirme, me vuelvo con Blake y retomamos la marcha.

-Blake: ¿Mejor ahora?-Asiento-Ya verás como dentro de poco todos los humanos te ven como a uno más. Es solo la novedad del momento. Mira, ya estamos llegando.

Un edificio bastante grande se alza cerca de nosotros. De la parte posterior salen naves de diverso aspecto, las cuales desaparecen en el cielo. Cerca de la entrada distingo a varios humanos y algunos aliens. Entre ellos veo a Franky, Migue y Ale.

-Blake: Toma.-Me pasa un set de jeringuillas y varios viales de nomeolvides, ahora de color amarillo tostado gracias a un pelo mío disuelto en ellos. Los guardo en la bandolera.-Las jeringuillas deberían producir una punzada indolora, y el acero turmalio de sus puntas es lo suficientemente duro como para atravesar las escamas de un dragón e indetectable para el scanner de la estación. En la maleta llevas más de ambas.

Las orejas se me ponen en punta al escuchar el nombre del metal.

-Yo:Espera...¿De dónde es el metal ese exactamente?

-Blake: Un mundo llamado Leudor. Mucho más grande que Deia o la Tierra, y plagado de especies inteligentes.

-Yo:¡¿LEUDOR EXISTE?!

Blake me mira sorprendido.

-Blake: Eh, sí...¿Cómo...?

-Yo:Si puedes, busca "Re:Más Allá Welcome to las Noches" en Google.

Llegamos a la entrada del puerto espacial.

-Blake: Pásatelo bien, Maximirusu. Y recuerda: no uses el caos a menos que sea totalmente necesario.

-Yo:Blake, sólo puedo cambiar de color la ropa sin caer rendido.-Me mira ceñudo-Tranquilo, que saldré por patas si algo ocurre.

-Blake: ¿Seguro?

Asiento, tras lo cual me despido con un abrazo. Veo como Blake se aleja hasta que desaparece de mi vista. Suspiro y, tras ponerme la capucha, me doy la vuelta. Saco discretamente una de las jeringuillas y la lleno de Nomeolvides mientras busco al grupo. No tardo en encontrarlo, apegotonado en medio de una gran multitud.

-Migue:...ganas de este viaje!

Saco una de las jeringuillas y le inyecto el líquido a Migue, el que está ahora más cerca. La guardo en la bolsa y espero un poco hasta sacar otra, ya cargada.

-Migue:¿Xalcer ha hablado con vosotros?

-Ale:No. Desde hace un par de semanas está incomunicado.

-Franky:Hm.

Cuando empezamos a ir hacia el interior de la estación procedo a inyectarle la solución a Ale.

-Yo:Oah...
El interior de la estación recuerda más a una de trenes que a un aeropuerto, pero no es eso lo que me sorprende. Es la primera vez que veo en persona a tantos alienígenas congregados en un solo lugar. Bien es verdad que los humanos lo son también para mi en realidad, pero es impresionante. Tiendas regidas por ellos, azafatos, personal de Órbita...Incluso hay un stand en el cual un humano reparte publicidad. Lo más llamativo del mismo es la inmensa armadura que hay a su espalda, cerca de una de las banderolas del puesto.

-Yo:Impresionante...

Veo uno de los teleprónter con la estación y hora de salida hacia Gehena. Aunque puedo ver perfectamente donde tenemos que ir, me acerco para aprovechar e inyectar a Franky también con la sustancia, sacando tajada de la distracción que les supone la estación. Paso tras esto mi maleta por un scanner.

-Megafonía:Pasajeros con destino a Gehena, pasen a Plataforma 4

Saco el billete y me dirijo a dicho lugar. Enseño mi billete sin detenerme demasiado. Mientras paso la maleta por un segundo scanner, escucho una voz familiar a mi espalda.

-????:Hombre. ¿Qué hacéis vosotros aquí?

-Migue:¡El negro!

Me giro brevemente.

-Franky:¿Estás trabajando ahora aquí, Fano?

Sigo hacia la nave. Por las ventanas del puente puedo ver como es fusiforme y de color negro. Otra vez me toca enseñar el billete, el cual me permite entrar ya en la nave tras dejar la maleta y la bandolera en un compartimento aparte. Por dentro recuerda a un avión, aunque más espacioso y sin ventanas. Ya hay algunos pasajeros allí. Me siento en mi correspondiente asiento, estando al lado de una familia de cuatro miembros. El hijo mayor, adolescente y desgarbado, me mira de reojo.

-Chaval(señalando mis colas, ahora tocando sus piernas):Mira donde pones esas cosas, zorro.

Cabizbajo, las muevo para que caigan a ambos lados del asiento.

-Yo:Perdón.

-Padre:Putos aliens...

-Niña:Mamá, ¿puedo tocar al zorrito?

El cabeza de familia me mira.

-Padre:¡No te acerques a mi niña, maricón!

Cojo mis colas y me alejo todo lo que puedo, asustado. Una de las azafatas se acerca.

-Azafata:¿Ocurre algo, señores?

-Padre:¡Lo que pasa es que la estúpida de mi mujer ha querido que fuéramos de viaje!¡No podíamos ir a Benidorm como todos los años, no!¡Teníamos que ir con los putos aliens!¡Y encima el zorro ese ha intentado acercarse a mi hija y ha tocado a mi hijo!

Miro a la azafata, asustado.

-Yo:Y-y-y-yo le aseguro que no...No he hecho nada...Por favor, señorita...

Nos echa un vistazo.

-Azafata:Enséñeme su billete, por favor.

Hago lo dicho.

-Azafata:Su asiento no es ese, señor. El suyo es el 48-D, no el 98-D. Si me acompaña, le indicaré donde sentarse.

Mientras me levanto el chaval me pisa, estrenando así mis nuevos zapatos. Nos alejamos mientras el amable caballero sigue soltando pestes hacia los recién llegados, los negros y todo lo que pase por su mente.

-Yo:Muchas gracias. Tengo la sensación de que estaba a punto de soltarme algo más que un par de insultos.

-Azafata(mientras ajusta algunas cosas en un pequeño dispositivo):Los ganadores del sorteo tienen derecho a una relocalización si es pertinente.

-Yo:...¿Ocurre esto mucho?¿Hay mucha xenofobia contra nosotros?

No dice nada. Ya. No tardamos en llegar a mi nuevo asiento.

-Azafata(sonriendo):Espero que disfrute de un vuelo apacible.

-Yo:Gracias. Y gracias por lo de antes.-Se gira para seguir con su trabajo, pero la detengo un instante.-Si ve alguno más de mi especie...Somos daime'é.

-Azafata:Gracias por la información, señor.

Se aleja para seguir con su trabajo. La nave no tarda en llenarse, avisando poco después la cabina de mando del inmediato despegue.

-Megafonía: Tardaremos seis horas en llegar a Gehena. En dos horas alcanzaremos el acelerador espacial, el cual nos impulsará hacia el planeta. Si sienten cualquier clase de malestar, no duden en contactar con el personal. Por su propia seguridad, todas las ventanas han sido selladas. Sigan las instrucciones del personal de la nave en todo momento. Cierra el capitán Ger'onim Oneutrino, deseándoles un buen viaje

__________________________________________________________

Siete horas después

Por fin hemos bajado del avión y salido de la estación. Una gran avenida se extiende frente a nosotros. Personas vestidas de manera extravagante salta entre los edificios. Y casi igual de extravagantemente vestido nos espera el que parece ser nuestro guía, un humano con un cuerno sobresaliéndole de un lado de la frente. La comitiva que me acompaña en este viaje y yo nos acercamos a él.

-Guía:¡Bienvenidos, bienvenidos!¡Soy el señor Tan, y seré su guía hoy!¡Si están todos, les ruego me acompañen al hotel a dejar su equipaje!

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MensajeTema: Re: Dimensions   Mar Ago 14 2018, 21:06

Dí un mordisco al bocata mientras Airo, nombre que había optado por ponerle a la IA de mi guante, me mostraba los mensajes de las últimas semanas. De alguna forma, Airo había sido capaz de extraer toda la información de mi móvil. Las luces del comedor se encontraban todas apagadas salvo una, la cual Irala había dejado encendida para mí. Según ella, el acceso a la cocina estaba vetado por la noche, pero hizo una pequeña excepción conmigo. Un extraño silencio imperaba en la estación, habiéndose ido ya todos a dormir. Resultaba un poco deprimente, pero era la única manera que tenía de que pudiera comer tranquilo. Volví a dar otro mordisco al bocata de jamón y queso que había conseguido agenciarme. No había conseguido comer nada después del entrenamiento de esa mañana, con todo el mundo entrando y saliendo sin parar, así que arrastraba un hambre voraz. Me detuve antes de darle otro bocado. Podía oír como alguien trasteaba en la puerta, al otro extremo del comedor. Ya había descubierto por las malas que tenía un oído muy agudo. Aún sin haber cruzado la puerta, supe de quién se trataba por su espectro térmico.

- Ciare: ¿Xalcer? ¿Qué estás haciendo aquí a oscuras?

La extraña criatura que conocí el primer día se acercó con paso lento. Llevaba una fina rebeca sobre los hombros.

- Yo: No podía dormir.

- Ciare: Y veo que te las has apañado para entrar en la cocina. Tranquilo, no se lo diré a nadie. - dijo guiñando la mitad de sus ojos y riéndose por lo bajo.

No pude evitar sacar una pequeña sonrisa. No sabía que tenía aquella extraña criatura para hacer que me sintiera mejor. Puede que fuera que era la única que mostraba amabilidad cerca de mi

- Ciare: ¿Qué se te pasa por la cabeza, hijo? - preguntó al verme desconectar por un momento.

- Yo: No es nada. Y... ¿qué estás haciendo aquí tan tarde? Irala me dijo que todo esto estaba cerrado.

- Ciare: Oh, a estos viejos huesos les cuesta conciliar el sueño. A lo mejor un vaso de agua caliente me ayuda a dormir.

- Yo: Espere aquí un momento. - dije dirigiéndome a la cocina. Unos minutos después volví, con un vaso en la mano. - Tome. Tenga cuidado de no quemarse.

- Ciare: ¿Qué esto? - preguntó cogiendo el vaso de agua amarillenta.

- Yo: Una tila. Antes he visto una caja por ahí. Pruébelo, a mi madre siempre le ayudaba a dormir.

Volví a sentarme con mi bocata mientras ella le daba un sorbo a la infusión.

- Ciare: Hmm... Delicioso. - dijo sujetando el vaso con ambas manos superiores para calentarse. - Lo humanos tenéis un gusto culinario impecable, permíteme decirte. No me extraña que vuestra comida se haya vuelto tan famosa en tan poco tiempo. Incluso podrías enseñarle un par de cosas a mi Ferenal.

- Yo: ¿Ferenal? - Aquel nombre me era familiar.

- Ciare: Si. A mi pequeño Feren le apasiona la cocina. Desde que era una cría le encanta experimentar con la comida. Siempre que llega un cargamento con alimentos de un planeta nuevo se le iluminan los ojos. Más de una vez le hemos pillado intentando colarse en la cocina a deshoras para echarles el guante.

Claro que me resultaba familiar. Era la hiena que me llevó a mi habitación después de que despertara. No había vuelto a verlo por la estación desde entonces, y la verdad, no es que fuera algo que deseara, después de nuestro mal comienzo. Ciare me miró unos segundos con sus vidriosos ojos, percatándose de mi silencio.

- Ciare: Vi a Griffith esta tarde. Dijo que estos días has estado muy callado, como si estuvieras distante. Dice que desapareces después de los entrenamientos, nadie viéndote el pelo por la estación hasta la mañana siguiente. - Me tocó el brazo. - ¿Qué ocurre?

- Yo: Estoy bien, tranquila. - mentí como un bellaco.

Se sentó frente a mí y dejó el vaso sobre la mesa. La miré remover la infusión suavemente con la cucharilla. Las alas me temblaban ligeramente. Por supuesto que quería hablar, poder desahogarme, pero si algo había aprendido con los años es que a nadie le interesan tus problemas a no ser que puedan sacar tajada de ellos. Abrirte a los demás solo era darles más oportunidades para que se mofaran de ti y te humillaran. Por eso detestaba cuando mis Marcas de Sangre aparecían.

- Ciare: Cierto, casi lo olvido. Encontré una cosita en uno de tus antiguos pantalones. Supuse que lo querrías guardar. - Metió la mano en uno de los bolsillos de la rebeca y sacó un pequeño papel rectangular, poniéndolo frente a mí. Mi billete a Gehena.

- Yo: Ya... no me sirven. - respondí deprimido apartándolo de mi sin casi mirarlo. - Puedes tirarlo si quieres.

Dejé lo que me quedaba del bocata en el plato. Se me había quitado todo el hambre.

- Ciare: Te hacía ilusión, ¿verdad?

- Yo: ...Sí. - respondí dejándome caer contra la silla, soltando esta un chirrido al chocar contra mis púas. - Unos amigos tuvieron suerte y les tocó el viaje. Yo fui el único pringado del grupo que tuvo que pagar por el billete. Me hacía mucha ilusión volver a ver a todos. Y ahora en vez de estar disfrutando de un viaje con ellos estoy aquí, en una estación en medio de la nada rodeado de peña que no quiere verme ni en pintura.

Me eché hacia atrás en la silla, mirando el techo. Me llevé las manos a la cara y suspiré con fuerza.

- Yo: Estoy harto. Harto de que todo el mundo se aparte de mí, mirándome como si acabara de matar a alguien. Harto de que la gente me evite sin siquiera darme tiempo a decir hola. Harto de que Griffith finja que le caigo bien y de escuchar a la gente cuchichear sobre mi al pasar por los pasillos. - Poco a poco fui alzando la voz fruto de mi frustración. - Entiendo que no tenemos por qué llevarnos bien, pero al menos me gustaría saber qué puñetas he hecho para molestar a todo el mundo. ¿Existir? ¡No llevo aquí ni una semana, maldita sea! ¡Aún no he tenido tiempo de darles una verdadera razón para odiarme!

Ciare no dijo nada, dejándome que me desahogara. Estaba pensativa, como si algo pasara por su mente. Me levanté bruscamente de la mesa, dando vueltas por el comedor.

- Yo: ¿No quieren que esté aquí? ¡Genial, ya tenemos algo en común! ¡Yo tenía una vida! ¡No era perfecta, pero era mi vida! Tenía a mis amigos, a mi familia. Y me hicisteis dejarlo todo atrás. ¿Y para qué? ¿Por una vida y un cuerpo que nunca quise? ¡Pues muchas gracias, ahora no puedo salir ni de mi propio cuarto sin que me hagáis sentirme como un maldito monstruo allá donde voy!

Las fosas nasales de mi hocico se contraían y expandían al son de mi agitada respiración. Tenía las alas extendidas y oía cómo daba fuertes coletazos contra el suelo sin darme cuenta. Las Marcas de Sangre no habían tardado en aparecer, cubriendo mis brazos y cara. Las miré. Un gruñido emergía de lo más profundo de mi garganta. Nunca me sentí orgulloso de lo que acabé haciendo.

- Ciare: ¡Xalcer! - exclamó levantándose rápidamente de la mesa. Unas extremidades similares a las patas de una araña emergieron de su espalda, sujetándome los brazos con ellas. - ¡Irala, avisa a un médico!

La sangre goteaba de mi brazo derecho. En un arrebato desesperado había clavado las garras sobre la marcas, en un vano intento de deshacerme de ellas, de aquello que había comenzado todo y que siempre aparecía en los peores momentos para recordarme la situación en la que me encontraba. Caí de rodillas al suelo, agarrándome el brazo con una mano ensangrentada. Oía a Ciare junto a mí, hablándome, pero no llegaba a comprender nada lo que me decía. El dolor era insoportable, llorando como no lo había hecho nunca. Puede que, al final, simplemente necesitara un motivo para hacerlo.

_____________________________________________________

- Fyera: Eso ha sido una estupidez.

Me agarré el brazo derecho, ahora vendado después de una noche en la clínica de la estación.

- Yo: Lo sé...

. Fyera: La próxima vez que quieras montar un número, trata de no involucrar al médico de guardia, ¿de acuerdo? Ya tiene suficiente trabajo como para que tener a todo el mundo preguntando qué pasó.

- Yo: Lo siento...

Bajé la vista la suelo de la oficina, incapaz de mirarle a la cara. Me sentía completamente avergonzado, y en cierto modo, decepcionado conmigo mismo. Me había dejado llevar y lo único que había conseguido era causarles más problemas a todos. La capitana suspiró.

- Fyera: ¿Cómo está tu brazo?

- Yo: Bien... - Al ver que aquella respuesta no parecía complacerla, detallé un poco más. - El médico dice que no es muy grave. Con una o dos semanas de reposo debería poder levantar peso otra vez.

- Fyera: Y, ¿cómo estás tú? - Agarré con más fuerza mi brazo, sin decir nada. - Ciare vino ha hablar conmigo esta mañana. Estaba muy preocupada por ti después de lo ocurrido.

Eso solo consiguió que se me encogiera el pecho aún más. Ciare había permanecido a mi lado en todo momento, tratando de animarme mientras me sanaban las heridas. Siempre me había tratado con dulzura, y yo se lo agradecí haciéndole pasar una de las peores noches de su vida.

- Fyera: La Órbita nos está esperando en el Capitel, pero ya que decidiste colarte en las cocinas y saquear nuestras despensas cuando nadie miraba, habrá que repostar de nuevo. Erium.

- Erium: ¿Sí, capitana? - preguntó el pequeño holograma con forma de flecha.

- Fyera: Añade una nueva parada en la ruta.

- Erium: ¿Destino?

- Fyera: Gehena.

Levanté rápidamente la vista. La capitana me miraba fijamente, con mi billete en la mano. Parpadeé un par de veces, confuso.

- Fyera: Haz las maletas. - Dejó el billete en la mesa frente a mí. - Llegaremos en tres horas.

- Yo: Pe-pero... ¿Por qué?

- Fyera: Ciare me contó lo que te ocurrió. Ha sido una semana dura, más para unos que para otros, y aún tienes mucho que procesar. Te vendrá bien desconectar un poco.

- Yo: No... No sé que decir... - dije cogiendo el billete con mucho cuidado, como si fuera la seda más delicada del mundo.

- Fyera: En un principio, puedes empezar por darle las gracias a Ciare.

- Yo: ¡S-sí! ¡Muchísimas gracias! - dije inclinando la cabeza.

Salí de la oficina corriendo, con un brillo de ilusión en los ojos. Tenía un par de horas para hacer la maleta, pero antes debía ir a ver a Ciare.
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MensajeTema: Re: Dimensions   Jue Ago 16 2018, 15:27

Antes de tomar un vehículo similar a un autobús para llegar a la estación desde el que partiría a Gehena.

Finalmente el día ha llegado. Muchos me lo habían dicho, pero, si soy sincero, sigo sin creerme que vaya a viajar más allá de las estrellas. Es algo que le sigo dando vueltas mientras coloco mi equipaje junto al de los demás pasajeros.

-Ma’Riagg: Me agrada ver que he llegado a tiempo– doy un pequeño bote del susto que me da al mirar a la utrom. Siendo más concreto, al cuerpo que porta. Es el mismo que habitúa a utilizar, sólo que el rostro humano había sido removido, dejando a la vista una cara siniestramente robótica–. Te pido disculpas si te he asustado, no he podido remplazar la  cubierta del rostro desde… el “altercado” que tuvimos.

-Yo: Ya. Supongo que no es barato.

-Ma’Riagg: Supones bien. Estamos hablando de un cuerpo que es capaz de replicar casi todas las funciones biológicas de una mujer joven y sana. Es tan alta su fiabilidad en ese apartado que estoy segura que no habrías notado diferencia alguna de una humana real, en el caso de que hubiéramos llevado a cabo el acto sexual.

-Yo: No vuelvas a mencionarlo, por favor.

-Ma’Riagg: Como quieras. A parte de despedirme de ti hasta que nos volvamos a ver en Gehena…

-Yo: Espera, ¿vienes al final?

-Ma’Riagg: Por supuesto, yo… había pensado que me perdonaste cuando… Entiendo, he sido demasiado ingenua. Supongo que… Vaya, tengo que replantearme muchas cosas si tengo que cambiar de plan. ¿Por dónde empezar?

-Yo: No, espera– suspiro tras tomarme una pequeña pausa–. Haz lo que quieras, pero esta vez nada de espiarme sin que yo lo sepa, ¿vale?

-Ma’Riagg: Oh, yo… Gracias, significa mucho para mí– se descuelga de la espalda una mochila que llevaba–. Te he traído un par de objetos que te pueden resultar útiles en tu viaje– abre la mochila y saca de ésta lo que parece ser una simple toalla–. Tómala, está en el Top 10 de los objetos con mayor utilidad que puede llevar un viajero.

-Yo: Je… ¿Es en serio?

-Ma’Riagg: ¿Acaso ves alguna sonrisa en mi cara?

-Yo: Ahora SÍ estás bromeando. De todas formas, ya llevo toallas.

-Ma’Riagg: Pero están pensadas únicamente para el aseo, las tendrás en la mochila grande casi todo el tiempo, ¿me equivoco? Quiero que lleves ésta encima para cualquier eventualidad.

-Yo: Ah… Bueno, una más no me hará daño– la recibo en mi mano, aunque no termino de estar convencido–.

-Ma’Riagg: Por último, quiero darte…– asoma en la mochila el arma que llevaba el “teletubbie” cuando amenazó mi vida. La guardo rápidamente donde estaba y la tapo con la mano–.

-Yo: ¿Qué haces sacando eso aquí?– digo alterado–. ¿Estás loca?

-Ma’Riagg: Pensé que necesitarías protección. No sabes lo que vas a encontrarte allí fuera y no es seguro si tu mascota, el Guarda, estará siempre ahí para protegerte.

-Yo: Se supone que voy a ir a algo así como un aeropuerto. Me revisarán a mí y a mi equipaje.

-Ma’Riagg: Pasaría desapercibido. He hecho unas pruebas y, dado los resultados, creo que podría pasar los escáneres sin ser detectado como lo que es realmente. Para el “ojo externo” no sería más que un juguete. ¿Cómo crees que tu agresor pudo llevarlo encima sin problemas? Llévatelo.

-Yo: Creo que te preocupas demasiado. Tendré seguridad a mi alrededor.

-Ma’Riagg: ¿Estás diciendo que soy yo la única que está un tanto… paranoica tras el asalto de la otra noche?

No. A decir verdad, me carcome el miedo de que otro alienígena me tome por sorpresa y haga lo que se le antoje conmigo. Tiene razón, quizá nadie llegue a tiempo para rescatarme la siguiente vez. “Por favor, que no haya una siguiente vez”, rezo en silencio. Meto la mano en la mochila, palpo la pistola de aspecto infantil. La saco, sólo lo suficiente como para leer en uno de sus costados un “My first BLASTER”, cosa que me parece muy curiosa. Me quedo mirando el arma. La vuelvo a meter en el fondo de la mochila.

-Yo: Estaré bien, ¿vale?

-Ma’Riagg: De acuerdo– se coloca de nuevo la mochila en la espalda–. Te creí más… precavido.

No le respondo a eso, dejaré que piense lo que quiera. No voy a decirle, no todavía al menos, que… no aguanto el peso que un arma real conlleva.

_________________________________________________________________________________________________________________________________

Ya estoy en el puerto espacial. Todavía me hago a la idea de que voy a salir del planeta. Migue y Ale parecen estar tan entusiasmados como yo. Pero noto algo extraño. La multitud mira maravillada o sorprendida al lugar y los aliens que andan por allí. Nadie se fijaría en nosotros tres ahora mismo, o al menos eso cabría esperar. De entre la gente, veo a una especie de zorro antropomorfo de pelaje amarillo. Nos lanza miradas como si quisiera algo de nosotros. Me pone nervioso. A pesar de su llamativo aspecto, consigue eludirse de mi vista cuando nos movemos junto a los demás visitantes. Unos minutos después entre el barullo, doy un pequeño sobresalto cuando vuelvo a ver a esa siniestra criatura, esta vez casi pegada a nosotros, pero apenas tarda en alejarse. Tras encontrarnos con Fano, pido a mis acompañantes que nos apartemos un momento para comprobar si todo lo que llevaba encima permanecía conmigo. Todo marcha con normalidad a partir de ahí. Bueno, dentro de lo que cabe teniendo en cuenta que vamos a viajar a otro mundo en breve.

_________________________________________________________________________________________________________________________________

Ale, Migue y yo llegamos finalmente a la habitación que nos tocó del hotel donde nos alojaremos. Dejamos las maletas grandes donde nos parece. En lo que hacemos eso, recuerdo de repente lo que había pasado en la estación y les suelto una pregunta a mis amigos.

-Yo: ¿Os fijasteis en ese zorro amarillo de la estación? No paraba de mirarnos.

-Migue: Sí, creo que lo vi antes.

-Ale: No jodas, llegamos a otro mundo y ya vamos a estar rodeados de furritos.

-Yo: Me puso los pelos de punta. Je, “pelos”, “furrito”…

-Ale: No empieces con tus mierdas de furros– me dice con su característico rostro de desaprobación–.

-Yo: Acusaciones sin fundamentos– intento decir aguantando la risa–.

-Migue: Bueno, no creo que volvamos a verlo. O eso me gustaría decir, pero así empieza en las pelis.

-Yo: Uff, no, por favor. No quiero volverme a topar con él y que me haga “snuggles, snuggles”.

Sin mucho más que decir, salimos del cuarto, lo cerramos con la llave que nos habían dado en el recibidor y nos dirigimos a la entrada para reunirnos con los demás viajeros. No tardaríamos en empezar el tour turístico.
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Alexstrasza
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MensajeTema: Re: Dimensions   Ayer a las 05:41

Por fin había llegado el momento. Allí me encontraba, junto a Miguel y Franky, sentados en la nave que nos llevaría mas allá de la Tierra. Y aunque no quería admitirlo, estaba emocionado. Ibamos a viajar a un planeta lejano, algo que hace unos meses se me habria hecho impensable. Es por eso que sentí mariposas en el estomago cuando la megafonía avisó el despegue.
-"Allá vamos"- pensé para mi mismo.
Enseguida escuchamos como los motores se activaban y empezaban a propulsar la nave. Notamos la creciente aceleración necesaria para alcanzar la velocidad de escape, aunque de alguna manera estaba amortiguada gracias a la tecnología alienigena. Y entonces, la cabina se estabilizó. Las azafatas nos confirmaron que habíamos atravesado la atmosfera y que era seguro levantarse del asiento.
- Pues no se diferencia mucho de un avión.
- La verdad es que no - coincidió Miguel.

Ahora solo nos quedaba esperar. Considerando la distancia, seis horas era un tiempo ridiculamente corto, pero la impaciencia iba a hacer que nos pareciera una eternidad. Conversamos bastante rato, haciendo especulaciones sobre como sería el lugar que ibamos a visitar. Al final, concluimos que lo unico que sabíamos al cien por cien era que habría gente con superpoderes.
- Ya verás tu que va a ser como ese anime en el que hay una escuela de superheroes - bromeé.
- ¿El de boku no hero? - preguntó Franky.
- Ni idea de como se llama, es mi hermana la que lo ve. Ya sabes que el anime no me gusta demasiado.
- Que normie eres - dijo con una risilla.
Me dispuse a responderle, pero algo llamó mi atención. Por el pasillo se acercaba una azafata llevando un carrito con comida y bebidas varias, lo que hizo que me diera cuenta de la sed que tenía. Así que dejé de prestar atención a la conversación e hice señas para que se acercara a nuestro sitio.
- ¿Desea algo? - me preguntó.
- Si, me gustaría saber si teneis Coca Cola.
- Si, pero solo sin cafeina - respondió.
Aquello me extrañó muchisimo.
- Espera, ¿no teneis normal? ¿Por que?
- Verá, resulta que para algunas de las criaturas que van a bordo de esta nave la cafeina tiene efectos nocivos. Así que la empresa ha decidido simplificar y servir solo bebidas sin cafeina - me explicó.
Vaya, aquello si que era una decepción. No me hacían demasiado gracia las bebidas sin cafeina, y me fastidiaba no poder tomar mi refresco favorito. Enseguida se me pasó por la cabeza echarle la culpa a los aliens y a su estupida fisiología que les impedia tomar esa sustancia. Pero no tarde en dame cuenta de lo absurdo de mi razonamiento. De hecho, probablemente habría muchos de sus alimentos que eran toxicos para mi. Así que, con resignación, compré el refresco descafeinado.
- "Supongo que este es el precio de la convivencia entre especies de diferentes mundos" - pensé.

El cansancio se comenzó a notar en mis compañeros tras tres horas de viaje. Los comodos asientos tampoco ayudaban a mantener la vigilia, por lo que al rato se quedaron dormidos. A mi me tentaba tambien echarme una siesta hasta que llegaramos a nuestro destino, asi que me recosté y cerré los ojos. Pero no dejaban de bombardearme una serie de pensamientos que dificultaban que conciliara el sueño. Para empezar, estaba el hecho de que en esos momentos estaba viajando por el espacio en una nave. Eso era simplemente alucinante. Pero eran otros temas los que realmente me preocupaban.
Por un lado, me inquietaba que no tubieramos noticias de Xalcer desde hacía varios dias. Al final asumimos que algún imprevisto le había impedido venir y que estaba tan disgustado que no quería hablar con nadie. Pero era una explicación que a mi no me acababa de convencer.
Y también estaba el tema de Franky. Migue no parecía haberlo notado, pero era evidente que nuestro amigo estaba inquieto. Durante el rato que habiamos estado hablando lo disimulaba, pero de vez en cuando echaba una mirada ensombrecida a la mochila que había dejado a los pies de su asiento. Daba la impresión de que ocultara algo o que tenia alguna preocupación en la cabeza. Aun así decidí que fuera lo que fuera, probablemente no era de mi incumbencia.
Y había algo mas... incluso con la desaparición de Xalcer, había sentido el chat grupal muy silencioso estos dias. Algo me decía que debería haber mas mensajes. Lo revisé una y otra vez, pero tanto Migue como Franky habían hablado lo habitual, nadie salvo Xalcer había dejado de escribir. ¿Por qué tenía entonces una sensación tan extraña de ausencia?

Y dando vueltas a estos pensamientos acabé durmiendome, sin despertarme durante las tres horas que nos quedaban para llegar a Gehena.
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Maximirusu Pauaa
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Gallo
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MensajeTema: Re: Dimensions   Ayer a las 15:21

Me dirijo a la habitación que nos tocó en el sorteo y...¡Sorpresa!Está cerrada con llave. Bajo a recepción, donde me comunican que la llave se la han llevado ya mis compañeros de habitación.

-Recepcionista:Si quiere puede dejar sus cosas aquí hasta que encuentre a sus compañeros, señor Fuá.[Por poner la pronunciación]

Agito una oreja levemente al escuchar como pronuncia mi apellido. Hago un esfuerzo por sonreírle.

-Yo:No se preocupe. Seguro que no tardo mucho en encontrarlos.

Me doy la vuelta y acerco al señor Tan, ahora rodeado del grupo. Gracias a los dioses, los dispositivos de traducción que nos dieron en el avión funcionan a las mil maravillas. Bendita tecnología de Órbita.

-Tan:¡Ah, bien!¡Veamos si estamos ya todos!- Nos va nombrando uno por uno. Efectivamente, todos estamos. -¿No prefiere dejar su maleta en la habitación, señor Fuá?

-Yo:Pauaa. Y no se preocupe. Luego hablaré con mis compañeros de habitación para solucionar este pequeño incidente.

Miro al trío calavera. Me miran durante un instante, nerviosos.

-Tan:¡Excelente entonces! Si hacen el favor de seguirme, les conduciré por el monumento a Ghamllit, el héroe que nos libró de Alfoon, la organización que estuvo a punto de destruir nuestra ciudad.

Al pasear por las calles, me llevo un cierto chasco al ver que no es tan diferente a la Tierra como podría pensar en primera instancia. La mayor diferencia es que ahora no solo me miran con curiosidad a mi, sino a los humanos que me acompañan también.

-Tan:Gehena es un planeta algo mayor que el suyo y, como habrán podido observar, más cálido. Estamos en Vritra, capital de Valerium. El principal motor económico de esta nuestra querida ciudad es el turismo, tal y como ustedes habrán podido deducir. Los campos de Vritra son famosos por sus grandes plantaciones de hierba de tifess, con las cuales elaboramos un pan parecido a su famosa "pita". Las granjas de uulaqs son también notorias, claro.

-Persona 1:Disculpe, ¿pero qué son los uulaqs?

-Tan:¡Me alegra que lo pregunte! Junto con el pan de tifess, los uulaqs constituyen nuestra dieta básica, pues de ellos obtenemos leche y carne. Son animales pequeños, con muchas patas.

A todos nos recorre un escalofrío, pero no tardo en soltar una pequeña risilla. Escucho como Franky hace lo mismo. Unos minutos después llegamos a una plaza. Decenas de personas están allí, tanto residentes como grupos de turistas. Preciosos árboles de distintas formas y colores bordea el lugar. En el centro, la figura de un hombre de desarrollada musculatura, con un flequillo ridículamente largo en punta, se alza frente a todos, dando una sensación de seguridad a todos los que le ven.

-Tan:Él.. era Ghamllit. El mayor metakerano que nuestra ciudad ha dado. Con su sacrificio, miles de personas fueron salvadas. Cada vida que veis aquí...Cada persona, planta y animal...Todos debemos nuestra vida a él. Su sombra es su legado, y desde su...Ejem...Decenas de personas siguen sus pasos.

Nos quedamos en silencio. Finalmente, alguien del grupo decide interrumpirlo.

-Persona 2:Ha dicho "metakerano". ¿Qué significa eso?

Mira a la mujer, sorprendido.

-Yo:<<¿Han venido sin saber lo que había aquí?>>

-Tan:¿No les dijeron nada?

-Persona 3:Nos dijeron que iba a ser las delicias de los fans de los cómics venir a Gehena.

-Tan:Quizás hayan visto entre los edificios alguna sombra moviéndose. En Gehena, el 10% de los keranos...Las personas, para que me entiendan...desarrolla habilidades especiales. Vuelo. Superfuerza. Invisibilidad. Entre nosotros habitan superkeranos, capaces de lograr grandes bienes, tal y como hizo Ghamllit...O grandes males.

El grupo se queda en silencio de nuevo, pero porque busca ahora encapuchados y gente con capa.

-Tan:Ejem...

Todos le miramos. Tras brindarnos una sonrisa, nos guía hasta un lugar donde tomar un refrigerio. El viaje no cubre la comida fuera del hotel, así que toca pagar con lo que pude llevarme de la Tierra. Por suerte, Órbita tiene máquinas de cambio de divisa para ello, una cercana al lugar donde vamos a comer, un restaurante de comida rápida. No me decido a acercarme a mis amigos. No hasta que llegue la hora de volver a la habitación...O hasta que me recuerden. Esto último me hace suspirar, alicaído. Los miro de refilón mientras espero en la cola para pedir algo de comer. Parecen inquietos. Franky en especial. Y no puedo dejar de preguntarme algo: ¿dónde está Xalcer? No ha dicho nada por el grupo. No mientras seguía teniendo móvil, claro, pero esperaba que se hubiera personado al menos.

-Dependiente: Buenastardesquevaquerer.

Da igual el mundo. Los dependientes de los restaurantes de comida rápida parece que se olvidan de usar espacios para recibir a los clientes. Miro los menús que hay a la espalda. Uno me recuerda a un bendito lahmacun, así que me decanto por él. La curiosidad que desprende la mirada del indiscreto dependiente me incomoda, por lo que me pongo la capucha de la sudadera nuevamente y pago mi comida, yendo a una mesa apartada pero que, gracias a la vista que tengo ahora, me permite ver a mis amigos como si estuvieran al lado. La comida no está mal y, a diferencia de ciertos alimentos de la Tierra, no me provoca un terrible dolor de estómago.

-Yo:Cómo voy a echar de menos tomarme un vaso de leche o un helado...

Sigo comiendo hasta que, de repente, se escucha un estruendo fuera. Las luces de emergencia del local se encienden. Me quito la capucha para que nada tape mis orejas.

-Megafonía:¡Alerta de villano!¡Alerta de villano!¡Desalojen el local ordenadamente!¡El personal les dará las indicaciones a seguir!

Siento como los nervios comienzan a invadirme. No solo por la situación de peligro, sino por poder presenciar una pelea de superhéroes más allá de una película o un cómic. Todos los de mi grupo seguimos a Tan hacia un área segura.

-Tan:¡Mantengan la calma y síganme!¡No se separen!

Sin nadie con nada que objetar, Tan nos guía hacia una zona segura, bastante alejada del local. Me quedo cerca de mis amigos. Por lo que pueda pasar.

-???????:Al maestro le alegrará saber que has optado por evitar el peligro.

Me giro al reconocer la voz de Kyuremu. Este me guiña un ojo antes de desaparecer entre la multitud.

-Yo:Si ya sabía yo que Blake no se iba a quedar tranquilo dejándome solo...

Vemos como cuatro figuras pelean dos contra dos. Dos de ellos visten con largas capas negras y un uniforme rojo ajustado. Uno parece controlar el movimiento de dagas que flotan a su alrededor. El otro, el cual cubre su cabeza con una cúpula de cristal, está arrancando trozos de edificios y lanzándoselos a la otra pareja. De las otras dos figuras, una es una chica de aproximadamente 1'50, con el pelo negro como la tinta y recogido en una coleta. Viste con un traje negro ajustado, el cual es recorrido por unas bandas verdes. Lleva un cinturón con diversos frascos. Tapándole la boca lleva una mascarilla con dientes afilados dibujados, así como unas gafas de piloto cubriéndole los ojos. El corazón me late a mil por hora.

-Yo:¡¿B-Biohazard?!

Los cascotes son parados por el que lleva una armadura que, a bote pronto, podría recordar a un MK de Ironman. Siento como la adrenalina me sube. Preso de la emoción de la situación, le doy un toque a Franky.

-Yo:¡¿Te imaginas que es el simbionte con armadura, Franky?!

Es entonces cuando me doy cuenta de lo que acabo de hacer. Franky me mira sospechosamente pero, antes de que pueda decir nada, el de la armadura cae al suelo cerca de nosotros.

_________________

Regala tu ausencia a quien no valora tu presencia.
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MensajeTema: Re: Dimensions   

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Dimensions
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